La revolución bonita
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Estos artículos son extractos aactualizados de varias páginas del libro de Enrique Neira Fernández "Venezuela IVª y Vª Repúblicas", edición del Vicerrectorado Académico de la Universidad de Los Andes, Mérida 2006.-

Son muchos los gastados conceptos que como falsos billetes se hacen pasar con el logo de ‘revolución’. Una verdadera y auténtica revolución no puede ser un regreso en la historia. No es una catástrofe que pueda decretarse para mañana. No puede ser un acto simple de iluminados con mucho fanatismo pero sin una conciencia y un ordenamiento para la lucha. No es una revuelta pasajera, aunque se emplee la fuerza, si no tiene objetivos ulteriores de transformación. No es un salto al vacío, a la anarquía, al desorden; debe tener un por qué y un para qué. No es un mero reformismo, porque hay reformas conservadoras y reformas revolucionarias. Ni es el relevo de una clase social por otra emergente en el manejo del poder político y de los recursos a su disposición.

Los términos “revolución bolivariana” han animado desde el comienzo todo el proceso de cambio liderizado por el Comandante Chávez Frías. Es el eterno ritornello de sus discursos, la consigna para todos su seguidores a cualquier nivel; el justificativo moral para las acciones de toma de poder y de gobierno. Se ha convertido en la gran bandera que flotando desde la patria de Bolívar quisiera movilizar y arropar a las causas nobles de nuestro subcontinente. Por ello, por ser eje central de la problemática actual que vive Venezuela y, a la vez, tema que ha sido tan recurrente a lo largo de nuestra historia política, amerita que lo manejemos con cuidado, haciendo de él una especie de colofón de todo nuestro estudio.

 

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revolución-involución

A la luz de los que han hecho realmente revoluciones en la historia y de sus grandes ideólogos y sistematizadores, una revolución es cosa seria y de gran aliento. No es un juego de improvisación ni una aventura de aficionados. Requiere como mínimo tres ingredientes para ser, hacerse y mantenerse: 1) Es un nuevo orden que implica una ruptura radical con el anterior. 2) Requiere un tipo de organización popular. 3) Implica un largo camino de formación ideológica y política.

1) Aunque se lo llame ‘revolución’, el proceso de cambio liderado por Hugo Chávez no ha representado ni parece vaya a representar un cambio radical. No ha acometido el objetivo de alterar la estructura económica que se mantiene en Venezuela desde 1917, inicio de la era petrolera, con miras a revertir el proceso de creación y distribución de la riqueza social, contra la cual ha hablado tanto. Los rasgos de la peculiar patología de la economía venezolana se han acentuado, a lo que ha contribuido el nivel de precios del petróleo que ha venido creciendo paulatinamente desde 1999.

No se ve cómo una incierta reforma del Estado, de la que habla Chávez, vaya a modificar radicalmente el ‘Estado rentista petrolero’ de Venezuela, en el que estamos sumergidos (y hasta contentos), y del que salen abundantemente todos los recursos para la ‘revolución’, sus agentes y su maquinaria.

Las revoluciones son el resultado de una gestión social y de una organización popular muy compleja, de la que carece la ‘revolución’ chavista. El MVR (Movimiento Vª República) que era el indicado para motorizar la ‘revolución’ hasta lograr el control de los resortes del poder y luégo, el mejor posicionado para recubrir los cargos importantes del aparato estatal, ha sido el gran fracaso reconocido por sus propios dirigentes, y dejado a un lado por el Jefe. Se intenta ahora el PSUV (Patido Socialista Unido de Venezuela). Pero no existe una organización social que sea sólida y garantía de triunfo de esta ‘revolución’ que comienza a entrar en una nueva etapa. Etapa que tiene que ser ya la de realizaciones y cumplir repetidas promesas hechas a un electorado menesteroso que comienza a cansarse (Pastor Heydra : Las promesas de Chávez, Caracas, 2003).
2) . “Cuando el dinero se acaba finaliza la revolución…Con el apoyo de los mercenarios no se hace una revolución. El mercenario no se juega la vida por nada ni por nadie” (Rigoberto Henríquez Vera).

Guillermo García Ponce, uno de los principales asesores ideológicos del Comandante Hugo Chávez -y personaje libre de cualquier sospecha para el régimen-, había venido insistiendo en la necesidad de organización para defender la revolución. En declaraciones, como Jefe que era del directorio del Comando Político de la revolución, tenía bien claro por qué la revolución necesitaba un alicate grande (El Nacional, 20 enero 2002):
Una de las fallas fundamentales de este proceso es que se ha mantenido el fraccionamiento y la dispersión en el seno de las fuerzas de avanzada, lo que ha permitido una brecha por la cual se han colado trepadores, oportunistas, no identificados políticamente con el proceso.
El chavismo constituye una identidad heterogénea, fragmentada y desigual, con diversos niveles de adhesión, afinidad, respaldo, politización y militancia, muy influenciados por los grados de identificación y simpatía con respecto a Chávez. Igualmente, el chavismo organizado no ha logrado convertirse todavía en la dirección ideológica y política de los chavistas y simpatizantes que le permita ‘gerenciar’ el amplio movimiento social que está emergiendo por el impulso del discurso presidencial y respaldo del Gobierno.

3) Y esta ‘revolución’ no ha recorrido el camino ideológico, que suele ser largo, antes de la toma del poder e imprescindible para la misma organización de los militantes y seguidores. Toda revolución socio-política implica una ‘revolución cultural’. La revolución bolchevique -y de ahí para adelante las comunistas- se hicieron siguiendo el manual de formación y organización “¡Qué hacer?”, escrito por el gran estratega Lenin en 1902. La “Larga Marcha” por el inmenso territorio chino fue el instrumento ideado por Mao-Sedung para ir convocando, formando ideológicamente y organizando en milicias armadas las huestes de campesinos con que impondría en China la República Popular. Cuando intentó corregir supuestas desviaciones en su revolución, desató la “Revolución Cultural” (1966-1969), mostrando el valor condicionante que la conciencia y la cultura tienen sobre las reformas económicas. Sólo así puede evitarse que una revolución resulte colonizada por los oportunistas que la emplean como medio para trepar en estatus y alcanzar una riqueza repentina fácil. Otros estrategas han ideado formas alternativas de formación de conciencia revolucionaria y organización de lucha, como el Che Guevara y Castro, con la aplicación que hicieron de los “focos guerrilleros”.
Bien ha dicho un filósofo político venezolano que “las transformaciones sociales profundas y radicales sólo acontecen porque en el escenario aparece una nueva ‘formación social’. ¡Así que no hay transformación sin formación!” (Máximo Desiato).

 

El pueblo: cuestión de fondo

Personalmente he llegado al convencimiento de que el problema de fondo que subyace a la legitimidad de la ‘revolución’ convocada por Chávez, radica en el concepto y realidad de “pueblo”, tal como se lo viene manejando (Asumo reflexiones de Carlos Blanco en su libro Revolución y desilusión)..

“Pueblo”- en su sentido jurídico que es el que se aplica desde la Revolución Francesa (1789) en todas las Constituciones del mundo- son todos los ciudadanos de un Estado, cualquiera que sea el lugar donde se encuentren. Constituyen pueblo los que están sujetos a la potestad del Estado, ligados por el vínculo de la ciudadanía, vivan o no en su territorio. “La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el poder público” (Constitución de Venezuela 1998, art. 5).

No forman, pues, parte del pueblo ni los extranjeros, ni los menores de edad, ni los declarados inhábiles para ejercer sus derechos ciudadanos. Una buena definición técnica de pueblo la da Maritain cuando dice que es “la multidud de personas que, unidas bajo leyes justas, por la mutua amistad y por el bien común de sus humanas existencias, constituyen una sociedad política o un cuerpo político” (El Hombre y el Estado).

La visión de Chávez no fue constituir a los ciudadanos venezolanos como sujeto social de una ‘revolución’, sino como masa de apoyo al régimen. El pueblo se convirtió en un vacío rellenable según la coyuntura y necesidades políticas del proceso, a juicio del líder. El régimen construyó un “pueblo” a la medida de sus requerimientos de apoyo, que inicialmente eran los de destruir el viejo sistema ‘corrupto’ y dejar desuetas sus instituciones ‘oligarcas’. Ese mismo ‘pueblo’ sirvió (inspirado en Robespierre y la Asamblea unicameral del Pueblo en la Revolución Francesa) para elaborar la nueva Constitución “revolucionaria y bolivariana”. Las victorias de Chávez han sido sólo unos resultados electorales montados sobre unas masas empobrecidas que siguen a un líder que todavía cuenta con dinero para repartir. Estas masas no se han constituido en nada parecido a un ejército revolucionario, ni a un proletariado combatiente, ni a un campesinado adoctrinado y armado. Han sido pacíficos electores, radicalmente descontentos con el orden político previo, y que todavía sueñan con las promesas de un nuevo orden más justo, honesto y capaz de distribuir bien la riqueza. Estos electores son fuente de fuerza y legitimidad política en el marco de la democracia todavía existente, pero no fuera de ella como una fuerza revolucionaria, comprometida con los designios de una ruptura radical y organizada para llevarlos a efecto.
La ‘revolución’ tal vez existe en la mente y en el discurso del caudillo, pero es inviable así. El pueblo revolucionario no existe. Existen los ciudadanos que sólo siguen quedando como multitud desorganizada y dispersa. El poder del pueblo (en quien se supone reside intrasferiblemente la soberanía) ha sido utilizado para los ritos aclamatorios electorales y ha venido siendo succionado en realidad por un único y extremadamente denso centro de dominio: el del comandante Chávez, quien se ha convertido en el “agujero negro” de la política venezolana. Esto no es una verdadera revolución popular (es decir del pueblo) en ninguna época de la historia y en ningún país del mundo.

"Chavez intentó el salto desde el subdesarrollo petrolero al socialismo y terminó chapoteando sin proyecto real en el medio de la destrucción, sin poder construir nada alternativo. Ni era socialismo, ni bolivarianismo, ni democracia avanzada, ni tercera vía, sino un intento de derribar a los viejos agentes del sistema político, obteniendo, al final, que muchos de ellos revivieran" (C. Blanco)..

De la proclamada ‘revolución’ no va quedando sino una amarga ‘desilusión’ o quizás menos, una ‘involución’, es decir una marcha atrás de muchos años, una caída impulsada por la ley de la ‘entropía’ que afecta todos los fenómenos de nuestro universo y va llevando a Venezuela hacia la disgregación, a niveles de menor desarrollo y complejidad.

"El líder, que ha dicho que no es nada, sino apenas un pálpito del pueblo, una brizna llevada y traída por fuerzas que no maneja, termina concibiéndose como el todo, el eje, el líder insustituible, porque al fin y al cabo, es el pueblo transubstanciado…Al final, lo que quedó de la revolución del juego de espejos es Chávez. Él es el pueblo" (C. Blanco).


Dimes y diretes

Quien aplique indicadores serios y objetivos a la realidad del país en los diez años que lleva el intento de ‘revolución bolivariana' no puede menos que concluir que “por ahora” no ha habido una evolución radical hacia 'mejor', sino una involución gradual hacia 'peor'.

De corazón quisiéramos que de las premisas saliera una conclusión diferente, pero no es posible “por ahora”, respetando una lógica y una metodología rigurosa. Y en esto hay un acuerdo muy generalizado de autorizados estudiosos y analistas del país.

* Para Gustavo Tarre Briceño (El Nacional, 5 enero 2003):

"Los grandes procesos revolucionarios han traído consigo muchos vicios. Lo que ha hecho Chávez es tomar sólo esos elementos negativos de las otras revoluciones, pero no los cambios. En primer lugar, está la intolerancia: la sociedad se divide entre buenos y malos, la oposición se la califica como contrarrevolución, todo lo que favorece a la revolución es bueno y todo lo que se le opone es malo. Por otro lado está el surgimiento de una nueva clase privilegiada, que sustituye a la élite política anterior y vive de los privilegios del poder. En las revoluciones también se suele presentar un cuadro de ineficiencia, por la improvisación o por la politización de la función pública; y la culpa de esos fracasos siempre la tienen otros. Por último, las revoluciones también tienen implícito el culto a la personalidad, al líder máximo del proceso. Todo esto está presente en la ‘revolución bonita’ de Chávez".

* Para Simón Alberto Consalvi lo que se está presenciando es el alboroto como revolución (El Nacional, 18 febrero 2001):
"Un alboroto de desfiles militares, de pasos de ganso, de tambores y timbales, de largas marchas. El alboroto de un solo discurso que se repite de manera incesante. El alboroto de ministros que entran y salen sin dejar palabra de lo que han hecho, o que renuncian y se quedan en sus despachos, que son y no son. El alboroto de la Asamblea Nacional que ni aprueba las leyes que debe aprobar, ni recibe las memorias y cuentas de los ministros, pero que tiene, eso sí, cien manos dispuestas a alzarse, con la señal de costumbre, o con el guiño del ojo que se asoma desde la gran ventana del pueblo. La gran asamblea unicameral del honorable diputado Robot. Nunca pensó el gran Simón Rodríguez que pudiera darse un alboroto de tan grandes proporciones. Aquellos alborotos tenían otras dimensiones, alborotos en pequeñas ciudades coloniales, o en las aldeas andinas que recorrió a pie, como un buen predicador. Este alboroto venezolano del siglo XXI nunca fue imaginado".

* Para Allan Brewer Carías, en apretada síntesis (La crisis de la democracia venezolana, 2002):
"Venezuela vive actualmente una tragedia política. Lo que pudo haber sido un gobierno de cambio para profundizar la democracia, que permitiera iniciar, con el propio siglo XXI, un nuevo ciclo histórico político de democracia descentralizada y participativa, no ha resultado otra cosa que una deformación y caricatura de todos los vicios del ciclo iniciado en 1945, el cual por tanto, no ha concluido. En el cuadro de la historia, ese será el mayor castigo que tendrá el presidente Chávez y sus tropas de asalto, haberse constituido en lo peor del ciclo del partidismo centralista, con todos los problemas económicos y sociales agravados".

* Para Teodoro Petkoff (Hugo Chávez tal cual, 2002):
"Vivimos, desde la llegada de este personaje a Miraflores, en un mundo esquizofrénico. Triunfó donde habíamos fracasado quienes enfrentábamos a AD y Copei, pero ha reproducido los peores rasgos de aquella prolongada hegemonía. Exalta constantemente la democracia participativa pero la acompaña del más elemental, desenfrenado y fastidioso personalismo autoritario. Diarias diatribas contra el neo-liberalismo y el capitalismo salvaje y ausencia total de acciones reales, tanto en lo económico como en lo social, que conformen un plan alternativo a lo que se declara impugnar. Constantes jaculatorias sobre la pobreza, que nutren un estéril torneo populista, no cambian para nada la suerte de los pobres. Invocación permanente a la ineludible exigencia de austeridad en la vida pública y privada de todo ciudadano y monumental derroche y despilfarro en su acción como gobernante. Estridente reclamo nacionalista, a la par de una política exterior equívoca, que más bien pone en peligro la soberanía. Vivimos una terrible escisión entre el verbo y los hechos. Millardos de palabras que envuelven un vacío de realizaciones, tal ha sido y tal amenaza con ser la administración de Hugo Chávez".

 

Conclusión

El término ´revolución´ no es nuevo en la historia política de Venezuela. Si hay país donde se haya abusado de ese concepto, ese es Venezuela. Aquí ha habido la Revolución Azul, la Federal, la Liberal Restauradora, la de Octubre. Pero nunca como ahora, con la retórica gubernamental, el término ha estado más presente que en coyunturas pretéritas.

El término en su verdadero significado implica algo serio, empeñativo, radical. No es un juego de rebeldes con causa o sin causa; no es una aventura más sin saber a dónde se va; no es un simple relevo de quienes mandan en el país; no es la amenaza de reformas contra los que tienen a favor de los que no tienen. Una revolución es un cambio sustancial de las estructuras de una sociedad. Es un remezón de lo que existe para construir el diseño exigente de lo que viene. Se la suele definir con criterios económicos, políticos y sociales. En este caso, la chavista es la única revolución que se define con un criterio estético: la ‘revolución bonita’. Y a diez años de su propuesta, todavía no sabemos hacia dónde quiere conducir y cuál la sociedad modelo o utópica hacia la que fuerza a ir al colectivo.

Lo que todavía anima a esta revolución, la sostiene al interior del país y la publicita al exterior, es su inagotable soporte de petrodólares. Es el éxito de este caso único en la historia. Es una “revolución prepaga”.
Del análisis serio y objetivo de sus componentes visibles, resulta claro (“por ahora”) que si es atrevido e injusto designarla como “una revolución de saliva”(Caballero), la susodicha no es propiamente ‘revolución’ ni ‘bolivariana’, aunque se haya querido ‘rescatar’ a Bolívar aduciéndolo frecuentemente, pero mutilándolo con frecuencia, al citarlo fuera de contexto, sin que el héroe pueda quejarse.

Lamentablemente, por sus resultados (hasta ahora), la ´revolución´ -que justificaría el bautizo de una nueva “Quinta República”- no hace sino corroborar el severo juicio de Level de Goda sobre la historia política de Venezuela ( Historia Contemporánea de Venezuela, 1893 . Citado por Antonio Sánchez García: Dictadura o democracia. Venezuela en la encrucijada, Caracas, Altazor 2003):

"Las revoluciones no han producido en Venezuela sino el caudillaje más vulgar, gobiernos personales y de caciques, grandes desórdenes y desafueros, corrupción y una larga y horrenda tiranía, la ruina moral del país y la degradación de un gran número de venezolanos".