¿Qué es y qué no es Chávez?
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Estos artículos son extractos aactualizados de varias páginas del libro de Enrique Neira Fernández "Venezuela IVª y Vª Repúblicas", edición del Vicerrectorado Académico de la Universidad de Los Andes, Mérida 2006.-

• ¿Es Chávez fascista?
Por lo general se tiende a calificar de “fascista” a cualquier régimen bonapartista, a un simple autoritarismo, a cualquier actitud represiva aunque no sea sistemática. Hablando con propiedad- como lo he consignado en mi reciente libro El saber del poder. Introducción a la Política “el fascismo denota, tanto el movimiento que llevó a Mussolini al poder en Italia (1922-1945), como la ideología política que inspiró a dicho movimiento y a partidos semejantes de otros países”. El italiano Umberto Eco ha acuñado el término “Ur-fascismo”, que equivaldría en inglés a “fascismo elemental”, aplicable a muchos otros fenómenos que no son del ámbito nacional italiano o alemán. Este “fascismo fussy” lo describe Eco con doce características, algunas aplicables a nuestro caso.

1) El rechazo a la modernidad.
2) El irracionalismo como culto de la acción por la acción. Pensar es una castración. Se admira al hombre que “tira la patada”
3) El llamamiento a las clases populares frustradas, que pueden ser llevadas a la búsqueda de soluciones mágicas, milagrosas.
4) El pueblo es concibido como una unidad monolítica, que expresa la voluntad común y cuyo intérprete es el líder.
5) El batiburrillo ideológico, la colcha de retazos.

 

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Pero podría reconocerse que hay una “dinámica fascista” en el movimiento de Chávez, en términos de nuestro colega Ramos Jiménez:

" Más que una ideología política, el fascismo constituye una actitud ante la vida que -alimentándose en el conflicto que a la larga provoca el caos- vive bajo fuertes tensiones que le sirven de combustible. Por ello, los fascistas aparecen siempre como los “administradores del caos”, que exigen la movilización permanente de la masa bajo una disciplina más bélica que militar".

• ¿Es Chávez izquierdista?
A más de las tres raíces evocadas como su fundamento ideológico por los alzados de 1992, existían ya otras raíces más concretas y contemporáneas cultivadas dentro de la Academia Militar venezolana y los cuarteles. Una de ellas la Izquierda militarista, que irá de la mano con un Nacionalismo militar.
. Como analistas de lo que ocurre en el mundo hay que aceptar que la Izquierda, casi toda ella de inspiración marxista, ha hecho crisis tanto en Europa como en Latinoamérica. Machaconamente yo he venido sosteniendo que la Izquierda debe ser diferente a lo que ha sido hasta ahora para que sea viable políticamente, y para ello no puede seguir siendo tan dogmática ni tan ideologizada. Un intelectual de la actual acertada política uruguaya, Enrique Rubio, autor de La izquierda del futuro (2000), recomienda a la izquierda marxista para que sea viable en las actuales coyunturas nacionales: 1) reelaborar su memoria (saldar algunas cuentas pendientes del marxismo clásico); 2) gobernar con la globalización (es decir insertarse en ella, pero de acuerdo con sus propios objetivos); 3) dar cauce al empuje transnacional y a la integración regional; 4) reformar el Estado con miras a una democratización de la economía; 5) estimular el dinamismo de la sociedad; 6) buscar las confluencias de las fuerzas progresistas a escala internacional; y 7) muy importante, promover más democracia y no menos. Su consigna: “Queremos vino nuevo en odres nuevos”.

En nuestro caso concreto venezolano, Teodoro Petkoff (con su largo recorrido revolucionario y bagaje izquierdista) ha sido muy enfático en denunciar esa izquierda anclada en los años sesenta y que ni se ha enterado de la caída del muro de Berlín. La denomina “la izquierda borbónica”.
La tilda de minusválida intelectualmente y de incapaz para aprender de los viejos errores y para decidirse de una vez a volver la página (Las dos izquierdas, 2005).

A Chávez hay que ubicarlo en la izquierda, a pesar de elementos conservadores de su entorno y de la “dinámica fascista” de extrema derecha de su movimiento. Su gestación en el seno de un militarismo de izquierda, muchas de sus lecturas preferidas, sus amistades privilegiadas nacional e internacionalmente, su visceral antiamericanismo y en especial, el nexo estrecho que ha establecido desde hace 20 años con quien es su modelo y guía revolucionario, Fidel Castro, no dejan lugar a dudas. No nos pronunciamos todavía sobre si el presidente Chávez sigue anclado en la “izquierda borbónica” venezolana o pudiera llegar a representar a una nueva izquierda muy diferente y, por lo mismo, viable en los actuales escenarios políticos y globales de nuestro nuevo siglo. Como ha afirmado Tarre Briceño, “entre Montesquieu y Ceresole, Hugo Chávez tiene que decidirse. No puede seguir citando al primero y obedeciendo al segundo”.
Con cierto realismo, ha expresado Vargas Llosa que
"la prédica contra el ‘neoliberalismo’ no ha traído un resurgimiento del ‘marxismo’, sino del ‘fascismo’, dos ideologías que por lo demás, como mostró Hayek en Caminos de servidumbre, están bastante más cerca de lo que parecen. Pues ambas tienen en común el desprecio de la cultura de la libertad, y de las instituciones democráticas, así como la religión del Estado todopoderoso y vertical, convertido en panacea para todos los males de la sociedad."

• ¿Es Chávez populista?
El discurso, el estilo, los gestos demagógicos suelen confundirse con populismo. En nuestra región hay ejemplos recientes de retorno de líderes neopopulistas como Collor de Melo en Brasil, Carlos Menen en Argentina, Alan García y Alberto Fujimori en Perú, Abdalá Bucaram en Ecuador. Quien quiera llegar al gobierno y mantenerse en él, tiene que apelar al ‘pueblo’ y tratar de movilizarlo. Es decir, en alguna forma convertirse en ‘demagogo’ (conductor de pueblo).
"El populismo es un plato político que se cocina con todas las salsas: populistas fueron Hitler y Mussolini, Franklin Delano Roosevelt y Ronald Reagan, Charles de Gaulle y Menagen Beguin; y en América Latina lo han sido (de una manera u otra) Perón y Rómulo Betancourt, Lázaro Cárdenas, Getulio Vargas, Alfonso López y Fidel Castro" (Manuel Caballero).

Pero no basta una simple apariencia ni las simples promesas. Es preciso que el buen gobernante o líder, realmente conduzca a su pueblo de donde está a donde debe estar. El populismo, como movimiento de movilización de masas urbanas –a veces ideológico a veces no mucho- requiere de un discurso ligado al pueblo.

"Otra cosa es decir que Chávez es el más formidable demagogo que haya conocido la historia de Venezuela y con Perón, América Latina. Se ha llegado a decir que sintetiza en una sola persona a Perón y a Evita. En todo caso, como el argentino, Chávez es lo que su auditorio quiere que sea: militarista o civilista, derechista o izquierdista. socialista o fascista. Su apelación a la fidelidad de hombre a hombre. pasando por encima de las instituciones, y su voluntad de establecer un régimen personalista y. hasta donde sea posible, vitalicio, le asimila mucho más a los viejos caudillos del siglo XIX latinoamericano que a cualquier otro espécimen político" (Manuel Caballero).

El populismo se caracteriza sobre todo por una distribución complaciente de la riqueza desde un Gobierno paternal, que no asegura la correspondiente producción de dicha riqueza. Suele acompañarse de un gigantismo del Estado y un creciente intervencionismo de la esfera pública en toda la sociedad. Hay burocratización excesiva. Se va poniendo en evidencia la ineficacia del Estado para dar respuesta a las necesidades. Se va produciendo un descontento general por las expectativas creadas y no satisfechas, una desilusión del pueblo por las promesas que se le hicieron no cumplidas, hasta un colapso del régimen por ineficacia e ingobernabilidad.
Tras dos períodos de gobierno, ¿habrá que esperar uno más, para ver los resultados del nuevo modelo populista y carismático impuesto por Chávez y juzgar de los efectos reales de sus programas y decisiones de gobierno, así como el éxito de sus ‘misiones’ populares? Pero, él tiene la gran ventaja de apoyar y alimentar su modelo en una larga tradición venezolana de paternalismo con base en un super Estado rentista con enormes ingresos por los altos precios internacionales del petróleo.

"El venezolano es el receptor secular de una tradición de paternalismo. Ha sido acostumbrado por sus gobiernos (y en esto no hay prácticamente diferencias entre democráticos y autoritarios) a recibirlo y a esperarlo todo del Estado; y, por lo tanto, no puede menos que acoger con entusiasmo a quien se presente como un padre benefactor y, sobre todo, distribuidor de una “riqueza natural” no producida, esto es, recibida sin esfuerzo" (M. Caballero).

• ¿Es Chávez revolucionario?

Un serio historiador venezolano (J.L. Salcedo Bastardo, 1996) advierte que el término revolución es
"la voz más gastada e inexpresiva del léxico político venezolano. De ella se usa y se abusa para rotular cada revuelta, cada alzamiento, cada insurrección, golpe, sublevación, invasión, cuartelazo, rebelión, complot, usurpación, intentona, sedición, pronunciamiento, asalto o motín, pues son muchos los sinónimos para la misma realidad desgraciada, y ninguno es revolución."

Un simple cambio cultural, social o político no puede llamarse ‘revolución’. Se lo debe llamar ‘reforma’ dentro del sistema adoptado por el país. Ni una revuelta - aunque sea armada, ni un golpe de Estado -aunque sea exitoso, constituyen por sí solos una revolución. El relevo de unas élites que detentaban el poder por otras nuevas que entran a ocupar los cargos y a enriquecerse, no es revolución. Tampoco puede llamarse tal un paraíso prometido por iluminados, ni un salto al vacío y mucho menos una marcha atrás en la historia. Una revolución es una empresa seria y de gran aliento, con una toma del poder conducente a la sustitución de un sistema de vida y de organización socio-política por otro mejor que lo existente. Requiere: 1) un plan de la sociedad a construirse, 2) mucha organización y 3) la dedicación de líderes con mucha visión, compromiso y sacrificio por la causa.

Fuera del léxico “revolución”, del que se usa y abusa en todos los discursos y peroratas del régimen, consagrado a cada paso en la Constitución del 99, membreteado en toda la papelería oficial a nivel nacional, estadal y municipal, tras diez años de la experiencia “revolucionaria” de Chávez en Venezuela (con intenciones cada día más explícitas de difundirla por Latinoamérica y más allá), no se ha visto claro ni el proyecto de sociedad a la que quiere conducir, ni hay una organización operadora del proyecto, ni los supuestos agentes tienen la talla de verdaderos “revolucionarios”. ¿Habrá que esperar todavía más para que los resultados en las áreas económica, social, política, cultural, ética e internacional corroboren que la Vª República en verdad inició una Revolución en Venezuela y la avala como modelo para otros países de desarrollo limitado?

Mientras tanto, hay fuertes críticos para quienes Chávez más que un revolucionario es todo lo contrario, un reaccionario:
"Chávez representa exactamente lo contrario de lo que representó Fidel en 1959: si Fidel era un revolucionario, Chávez es un reaccionario. Si Fidel tenía un proyecto de país bueno o malo pero al cual uno podía referirse para aprobarlo o atacarlo, Chávez no tiene, al parecer ni siquiera en lo más recóndito de su cerebro, un proyecto que no sea personal, que no sea lograr la forma de prolongar su mandato personal […] En toda la historia de Venezuela hay un hilo conductor: todos los gobiernos han pretendido y algunos lo han logrado, hacer avanzar al país, llevarlo hasta el siglo siguiente construyendo un Estado moderno, despersonalizado. El de Chávez busca todo lo contrario, volver a persona1izar el poder; hacer que el país sienta que quien manda no es el Presidente de la República, sino el comandante Hugo Chávez Frías. En tales condiciones no es exageración decir que el de Chávez es el gobierno más reaccionario que haya tenido Venezuela en toda su historia". (M. Caballero)