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Ha pasado de ser un país pobre, de
limitada riqueza agrícola, a ser
un país de gigantesca riqueza petrolera.
2. En sólo 50 años, se ha
movido, con una rapidez inusitada, entre
un país agrario y muy tradicional
(en un 80% de su población) a otro
urbano y moderno en grandes sectores (en
un 80% ahora), con ciencia avanzada y tecnología
de punta.
3. Ha debido lograr la convergencia entre
un proceso democratizador y una transformación
en el modelo de desarrollo económico
(proceso común a más de 30
países en el mundo, según
Huntington).
4. En economía ha quedado enredada
en un modelo rentista de Estado y en política
en un modelo que fue partidocrático
y se viene convirtiendo en hegemónico,
que recortan sus alas para un vuelo modernizador
en el nuevo milenio ya iniciado.
No
vamos a insistir en una retrospectiva de
lo que pudiera llamarse “antecedentes
de la crisis”, que ha producido
ya autorizados ensayos de notables estudiosos
en ciencias sociales, y un material erudito,
con lujo de detalles históricos y
estadísticos.
Venezuela, tras la dictadura longeva de
Juan Vicente Gómez, comienza a reconstruir
sus instituciones republicanas en 1936,
con los gobiernos de transición de
los generales López Contreras y Medina.
Se organizan partidos políticos nuevos:
ACCION DEMOCRATICA 1941, PCV 1945, URD 1945,
COPEI 1946, y más tarde surge como
escisión lúcida del Partido
Comunista el actual MAS, 1971. Tras el derrocamiento
de la dictadura militar de Pérez
Jiménez (23 enero 1958), inicia su
marcha una democracia joven, segura de sí
misma, bien cimentada por un creciente ingreso
de petrodólares, y que con justos
motivos se podía exhibir como un
modelo en la vitrina continental de una
América Latina con muchos ejemplos
de gobiernos autoritarios o con gobiernos
democráticos pero empobrecidos y
enguerrillados.
En
los últimos 5 gobiernos (1974–1999),
se calcula que Venezuela ha tenido un ingreso
que supera los US $ 250.000 millones de
dólares, el triple de los US $ 80.000
(al valor actual), que requirió la
reconstrucción de Europa, tras la
guerra mundial, con la aplicación
del Plan Marshall. Como consecuencia, dos
generaciones de venezolanos, al menos, se
acostumbraron al dinero fácil, logrado
sin mucho esfuerzo ni trabajo. Y la población
se adaptó fácilmente a un
Estado opulento y superprotector, casi omnipotente
y providente, que ha sido el encargado de
proveer -él sólo- a todas
las necesidades y problemas que se presentaran.
"De aquellos polvos, estos lodos",
podría decirse al repasar hoy los
indicadores económicos y cómo
se manejó tanta riqueza. Si se sembró
el petróleo – como habían
recomendado con clarividencia ya en la década
de los años 30, Pérez Alfonzo
y Uslar Pietri– no fue en la forma
debida, que le asegurara al país
un desarrollo autosostenido, y que le hubiera
permitido iniciar el nuevo milenio como
la Suiza de Latinoamérica..
El
distinguido historiador Salcedo Bastardo,
al describir la quinta y última etapa
de dicho proceso político, que se
inicia en 1936, la define por los siguientes
elementos: influencia del petróleo,
surgimiento de los conceptos de la dignidad
nacional y afirmación de la libertad;
régimen de democracia representativa
respetuosa de las libertades públicas
(a excepción del período 1948–1958);
Caracas sede ejecutiva del poder; régimen
administrativo de tipo republicano integral;
Cuerpos Deliberantes representativos elegidos
directamente en un clima partidista; fuerzas
armadas institucionales organizadas y profesionalizadas;
sistema de administración de justicia
autónomo y organizado; manifestaciones
de violencia en amagos de subversión
y hampa.
Las reglas de juego fundamentales de dicho
ordenamiento sociopolítico, que habían
sido ya propuestas a mediados de los años
40, fueron retomadas a partir del 58 y canalizaron
el descurrir democrático de Venezuela
hasta 1998. Bien lo sintetiza Miriam Kornblith:
El orden resultante privilegió el
consenso, la conciliación interélites,
la evitación del conflicto y la aproximación
pragmática a las decisiones políticas…
Se le atribuyó al Estado un papel
central en la estructuración de las
principales coordenadas de la nación;
al sector privado se le asignó un
papel secundario en la activación
de la vida económica…; se garantizó
la plena vigencia del juego político
electoral y se atribuyó un papel
crucial a los partidos políticos
como canales de agregación y articulación
de intereses societales, y como agentes
privilegiados de mediación entre
el Estado y la sociedad. La economía
tuvo como factor dinamizador a la renta
petrolera, se impuso progresivamente el
intervencionismo estatal, a través
de mecanismos como la regulación,
protección y los subsidios generalizados.
El atildado analista Juan CarlosRey, en
su momento, definió esta particular
manera como se concretó el ordenamiento
democrático del país, como
sistema populista de conciliación
de élites, basado en el reconocimiento
de la existencia de una pluralidad de intereses
sociales, económicos y políticos.
Tres elementos fundamentales lo conformaron:
1) la abundancia relativa de recursos económicos,
con los que el Estado pudo satisfacer demandas
de grupos y sectores heterogéneos;
2) un nivel relativamente bajo y no muy
sofisticado de tales demandas, que permitía
satisfacerlas con tales recursos; y 3) la
capacidad de las organizaciones políticas
y de su liderazgo para agregar, canalizar
y representar esas demandas, asegurando
la confianza de los representados.
Los
dos principales marcos de acción
de dicho modelo fueron el Pacto de Punto
Fijo en 1958 (de ahí la denominación
de puntofijista a dicho período)
y la Constitución de 1961.
>
El Pacto que ha sido denominado
“verdadero tratado de regularización
de la vida política nacional”,
estuvo dirigido “a mantener el orden
democrático y a frustrar todo intento
golpista”. Determinó los principales
actores del sistema político venezolano
hasta 1999, y señaló las pautas
que debían encuadrar sus relaciones.
En forma directa o indirecta, involucró
como principales partidos a AD y a COPEI,
como principal sindicato a la CTV, como
principal organización empresarial
a FEDECAMARAS, y el todo quedaba custodiado
por las Fuerzas Armadas y bendecido por
la Iglesia Católica. Bien observa
Urbaneja que, así, “quedó
definida una relación de ocupación
–o captura– entre el Estado
y los partidos, y entre los partidos y el
resto de la sociedad y sus organizaciones,
esto último sobre el modelo de las
relaciones entre AD y la CTV. Así,
los partidos ‘capturan’ o controlan
al Estado y movilizan, organizan –¿crean?–
y regulan el funcionamiento de la ‘sociedad
civil’, es decir el resto de la sociedad
y sus organizaciones. Se puede decir, sin
simplificar arbitrariamente, que la historia
del sistema político venezolano [en
estos 40 años} es la historia de
las variaciones que se dan dentro de estas
relaciones y en las tensiones que dichas
variaciones producen”.
En el mismo sentido, Kornblith acepta que
“los partidos se convirtieron en los
principales canales de vinculación
entre el Estado y la sociedad…Los
partidos adquirieron una centralidad y una
importancia realmente únicas en comparación
con otros sistemas políticos”.
Se propició lo que se ha dado en
llamar una partidocracia. Mediante el Pacto,
los participantes se comprometieron a evitar
los conflictos interpartidistas, a respetar
el resultado electoral cualquiera que fuere,
a formar un gobierno de unidad nacional
en el cual estuviesen representadas todas
las fuerzas políticas con independencia
de los resultados electorales, y a suscribir
una Declaración de Principios y un
Programa Mínimo de Gobierno (firmado
el 6 de diciembre de 1958), que debían
todos poner en marcha y apoyar cualquiera
que fuese el partido ganador de las elecciones.
>
La Constitución
de 1961, vigente hasta el 15 de diciembre
de 1999, a su turno, configuró la
estructura formal del Estado venezolano.
Estableció una pauta de relaciones
entre los poderes públicos, que bien
puede calificarse de presidencialista y
centralista. Y fijó un conjunto de
límites y recursos dentro de los
cuales debían moverse los partidos,
los grupos de presión y todos aquellos
entes que pretendieran ocupar los puestos
del Estado e influir en sus decisiones,
bajo el paraguas que quedó abierto
de una democracia representativa y pluralista.
El
escenario previamente anterior
El
escenario venezolano se volvió muy
complejo, con múltiples factores
que enrarecieron el ambiente. Se configuró
toda una coyuntura de crisis con muchos
ingredientes . En un Simposio nacional en
Sartenejas (1998), en el que participé
activamente, escuché de voces autorizadas
(como la de Miguel Vanderdijs) la denuncia
descarnada de varios indicadores presentes
que señalaban la situación
grave en la que estaba el país, situación
crítica que recogía productos
y desechos de años anteriores:
"Los
resultados son bien conocidos: ochenta por
ciento de pobreza, desempleo, deterioro
de la seguridad social, de la salud, de
la educación, de la seguridad personal,
del sistema de justicia, nuestro sistema
penitenciario es una vergüenza nacional.
Es el fracaso del proyecto de la Constitución
de 1961 de construir un Estado Social de
Derecho .
Todo
ello con el sano propósito de demostrar
que “así como la Constitución
de 1961 estableció la voluntad política
de las élites que querían
estructurar un modelo diferente al de la
dictadura, la Constitución del 99
sentará las bases para estructurar
un país más moderno, donde
la participación debe ser ampliada
para incorporar a los sectores desplazados
y reestablecer la legitimidad y en consecuencia,
la gobernabilidad perdida”.
Al intentar ahora señalar algunos
indicadores principales de la crisis del
modelo democrático que rigió
en Venezuela desde 1958 hasta 1998, de ninguna
manera queremos desconocer los muchos y
positivos resultados obtenidos de él.
Apreciación que el pueblo soberano
también tiene, expresada a través
de encuestas durante el proceso eleccionario
de 1998 y 1999. El colectivo expresó
que se querían cambios rápidos
y drásticos para mejorar el sistema
democrático de intereses y hacerlo
más eficiente y moderno, pero nunca
expresó que se lo quisiera abandonar.
Se quería más y mejor democracia.
Se quería democracia más participativa,
pero no por ello, abandonar la democracia
representativa, que estaba en los cimientos
de toda la historia republicana de Venezuela.
Bien
resume Kornblith los principales logros
de dicho modelo democrático y pluralista
en tres puntos claves: 1) la estabilidad
política, 2) el consenso interélites
y 3) la confianza de la población.
El
sistema logró garantizar a los sectores
minoritarios pero poderosos –como
las Fuerzas Armadas, Iglesia, grupos empresariales,
grupos laborales organizados, asociaciones
gremiales– que sus intereses no serían
amenazados por la aplicación de la
regla de la mayoría en la toma de
decisiones gubernamentales. La toma de decisiones
que afectaba los intereses de esos sectores
se basó en la aplicación de
la regla de la unanimidad y en la creación
de un sistema de participación y
representación semi corporativo,
en la cual estos intereses especiales podían
ser atendidos sin tener que transitar por
los controles burocráticos regulares.
Por otro lado, se aseguró la confianza
de la población en los mecanismos
de la democracia representativa mediante
el respeto a la regla de la mayoría
en la selección de las autoridades
gubernamentales, garantizando la regularidad
y el respeto a las elecciones.
Pero
las deficiencias del modelo fueron significativas
y explican la fuerte voluntad de cambio
que se impuso. Fueron ellas: el excesivo
centralismo, la desigualdad socioeconómica,
la partidización de instituciones
y decisiones, la corrupción administrativa.
Las
<miserias> del populismo, del rentismo,
del estatismo, del partidismo, del clientelismo,
se destacaron sistemáticamente, y
las reglas de juego que las sostenían
fueron duramente criticadas.
? Las variables básicas del modelo
fueron:
–
la renta petrolera (en lo económico),
– las grandes expectativas societales
(en lo social),
– la representatividad democrática
por los partidos
y las organizaciones (en lo político),
– los valores nacionales de igualdad
y libertad (en lo ético).
? Se previó que cuando se llegaran
a dar modificaciones negativas simultáneas
en los cuatro factores, el sistema sociopolítico
llegaría a una situación límite,
entraría en crisis. Y fue lo que
ocurrió en el último decenio
del siglo; con indicadores suficientes como
para poder afirmar que es una realidad verificable.
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