"Frente
a un proyecto de dominación autocrática,
que avanza de manera sostenida, contra
viento y marea, y que va ocupando todas
las instancias del Estado, tenemos una
sociedad civil endeble y unos partidos
que parecen incapaces de superar sus crisis.
Tenemos factores de poder que han confundido
sus papeles. Frente a un Gobierno todopoderoso,
que maneja los recursos del Estado sin
escrúpulos de ninguna naturaleza,
que actúa sin los controles y los
balances de los regímenes democráticos,
que cultiva el secreto y avanza en la
consolidación de su proyecto, la
dispersión de los otros factores
nacionales es notable. El Gobierno ‘revolucionario’
utiliza todos los recursos del Estado
para secuestrar al propio Estado y para
mantener a raya a la sociedad civil".
Realidad
venezolana que no puede menos que proyectar
hacia delante fantasmas y tormentas. ‘Por
ahora’ no se ve una solución
próxima a la profunda crisis que
está planteada en el país.
De todos modos, será enorme el costo
de la salida, cualquiera que ella sea. Pero
sigue siendo acertada y aplicable a la actual
Venezuela la descarnada observación
del estadista israelí Abba Eban (25
julio 1955): “Los hombres y las naciones
se conducen sabiamente, una vez que ellos
y ellas han agotado todas las otras alternativas”.
Planteamos,
en las páginas siguientes, cuatro
posibles escenarios sobre lo que puede ser
el futuro borrascoso de un país en
el que se van gestando diferentes opciones
de solución, todas condicionadas
a un fluctuante devenir de actores internos
y externos, de factores nacionales e internacionales,
de coyunturas impredecibles. Asomaremos
las fortalezas y debilidades de cada escenario,
apuntando a su mayor o menor viabilidad
en la práctica, desde nuestro actual
momento de observación (2010).
1.
¿Endurecimiento del proceso?
La
victoria del NO contra el SI en el referéndum
revocatorio presidencial del 15 de agosto
2004; el resultado de las elecciones regionales
para gobernadores y alcaldes del pasado
31 de octubre 2004, y más todavía
para los diputados a la Asamblea Nacional
(4 diciembre 2005, con una gigantesca abstención
del 76%), dejó pintado de rojo todo
el mapa de Venezuela - a excepción
de dos islas, la petrolera del Zulia y la
parcial de Margarita (Nueva Esparta). Y
el referendum a favor de la enmienda constitucional
para la reelección indefinida de
Chávez, ganado por el régimen
el pasado 15 de Febrero 2009, son resultados
que propiciarían un endurecimiento
del proceso ‘bolivariano’ y
‘revolucionario’ en marcha.
Sectores radicales del ‘chavismo’
abogan por una mayor represión, por
una mayor hegemonía de la ya existente
y una agudización de la acción
de los Poderes Legislativo, Judicial, Ciudadano
y Electoral a favor del Ejecutivo para que
acabe de eliminar los reductos supérstites
enemigos y los sobrevivientes de la pasada
‘oligarquía’ que tanto
mal hizo a Venezuela. “Avizoro más
hegemonía, más sectarismo;
y luego, bastante descomposición
y desmoralización en la clientela
chavista”(Ibsen Matínez, El
Nacional, 10 octubre 2004)..
Bien
consignaba un editorial de El País
(Madrid, 1º mayo 2005) que “Hugo
Chávez ha acumulado, a través
de sucesivas elecciones o consultas populares,
más poder del que hubiera podido
soñar. Este dominio sin contrapesos
es lo que impulsa la alarmante deriva autoritaria
del caudillo populista”.
Y
como confirmación de esta línea
de radical endurecimiento, viene señalándose
con aprehensión justificada, por
varios países de la región,
la apresurada y costosa carrera armamentista
en que se ha embarcado el régimen
de Chávez con compras a Rusia (100.000
fusiles modelo AK 103, 10 helicópteros
y varios submarinos, 70 tanques, misiles
de vario tipo), a España (10 aviones
de transporte militar, 8 embarcaciones patrulleras
de altura), a Brasil (aviones Super Tucano),
a China (3 radares tridimensionales de largo
alcance), a Irán (diversos misiles).
Pero
como bien advierte un prestigioso académico
( Heinz Sonntag, en la mejor línea
de pensamiento de ese gran estratega marxista
que fue Antonio Gramsci) las hegemonías
son estables sólo cuando hay contrapoderes
con los cuales luchar, porque así
se mantienen con retos y vivas. Pero cuando
la hegemonía toma todas las instituciones
y controla todo el poder, éste se
petrifica, se atrofia y finalmente colapsa.
“Al chavismo puede pasarle como a
la URSS, que su hegemonía se petrificó
y se rompió al conquistar todas las
instituciones”.
El derrumbe del mundo comunista
es un acontecimiento histórico muy
aleccionador. Por su larga permanencia (70
años); su organización económica,
social y militar; su férreo sistema
político de Partido Único
altamente concientizado y a cuyo control
no escapaba ningún factor de la vida
nacional, podría pensarse que estaba
destinado a perdurar. Y sin embargo colapsó
desde dentro, como otros regímenes
autoritarios (sobre todo los de corte populista),
en los que las bases económicas se
desmoronan cuando menos se piensa. Primero
suele ser el colapso económico y
después el colapso político.
“No hay mal que dure 100 años
ni cuerpo que lo resista”.
Afortunadamente
en la década de los 80, no cuajó
la trágica admonición que
el novelista inglés George Orwell
había hecho en su obra titulada 1984,
en la que predecía que para dicho
año el "Big Brother" habría
implantado un dominio totalitario y deshumanizante
en todo el globo. Ocurrió todo lo
contrario. El totalitarismo comunista y
ateo, que parecía inexpugnable desde
dentro (dado su control total de la sociedad)
e imbatible desde fuera (dado su poderío
militar y nuclear), comenzó a tambalear
desde 1985 y se derrumbó estrepitosamente
en el 89. La gigantesca estatua de Stalin,
que presidió por años la plaza
central de Tirania, capital de Albania,
y uno de los países más estridentemente
comunistas, se parecía mucho a la
famosa estatua avasalladora de Nabucodonosor,
que nos describe el libro del Apocalipsis
de Daniel. La gigantesca estatua, a pesar
de su cabeza de oro, pecho de plata y muslos
de acero, comenzó a caer al desmoronarse
su pie de cerámica. Ese pie sobre
el que debe apoyarse todo sistema político,
que llamamos pueblo o voluntad popular de
los obligados a obedecer.
Huracanes
de libertad comenzaron a recorrer desde
1989 los países comunistas que giraban
alrededor del sistema político soviético.
Y se inició una 'revolución
de la mente', como la llamó Gorbachov
hablando con Juan Pablo II el 1º diciembre
de 1990, que produjo acontecimientos en
velocidad progresivamente creciente. En
10 años, en Polonia, el sindicato
Solidaridad acabó remplazando el
régimen comunista. En 10 meses, en
Hungría, el Partido Comunista cambió
su nombre y sus símbolos y adoptó
los de un partido socialista democrático.
En 10 semanas, en Alemania, se tumbó
el muro de Berlin, se abrió la puerta
de Brandeburgo y pudieron circular libremente
los ciudadanos de ambas Alemanias, cambiando
el régimen. En sólo 10 días,
en la antigua Checoeslovaquia, volvió
a florecer la "Primavera de Praga",
que había sido aplastada en 1968
por los tanques soviéticos. Y en
10 horas, en Rumania, fue fusilado expeditamente
el déspota Ceaucescu, bien asentado
por años sobre la fuerza de la represiva
Securitate.
2. ¿Apelación al cielo?
El
clásico Segundo Ensayo de
John Locke sobre “La verdadera extensión
original y final del Gobierno civil”(Britannica
Great Books, London, vol. 35, pages 25-81),
sigue constituyendo un breviario confiable
para juzgar de la dependencia mutua que
existe entre poder político y sociedad
civil, así como de las relaciones
que debe haber entre los poderes públicos.
Es aplicable a una democracia actual. El
capítulo 19 y último lo dedica
a la Disolución del Gobierno, y allí
reflexiona sobre tres posibles alternativas.
Hablando de la última, un caso extremo
“en el que el mandatario o quien esté
a cargo de la administración, decline
la vía de someter las graves diferencias
al árbitro apropiado que es el cuerpo
del pueblo, entonces no queda otro recurso
que apelar al Cielo”(the appeal then
lies nowhere but to Heaven). Forma eufemística
o metafórica que utiliza Locke para
dejar la puerta abierta a lo que el sentido
común y una larga jurisprudencia
reconocen como el “derecho de resistencia
civil” a la opresión de los
gobernantes, el derecho a la insurrección
popular como último recurso ante
el despotismo de un gobierno que quebrante
grave y continuadamente el contrato constitucional
pactado con su pueblo. Expresamente lo reconoce
así el artículo 350 de la
actual Constitución política
de la República Bolivariana de Venezuela:
"El
pueblo de Venezuela, fiel a su tradición
republicana, a su lucha por la independencia,
la paz y la libertad, desconocerá
cualquier régimen, legislación
o autoridad que contraríe los valores,
principios y garantías democráticas
o menoscabe los derechos humanos".
Este intento de convocar a una desobediencia
civil masiva contra el régimen de
Chávez, confiscándole así
su ‘revolución’, puede
parecer bizarro, valiente y patriótico.
Pero tiene poco de realismo político
y de viabilidad. La enorme debilidad y fragmentación
de la sociedad civil actual no permite augurar
éxito a un desafío de este
tipo en Venezuela. No basta evocar el gesto
de independencia de la India frente al colosal
imperio británico, bajo la guía
de un pequeño hombre casi desnudo
(Gandhi) y su victoriosa política
de “no-violencia armada”, Ni
la gesta de Mandela conquistando para los
negros todos sus derechos en Sudáfrica,
frente al “apartheid” impuesto
por sectores blancos dominantes.
El fracaso de las acciones intentadas hasta
ahora, no garantiza un éxito venidero.
Y da, en cambio, pié para que el
régimen apriete las tuercas de una
represión institucional y armada.
El paro nacional de 65 días (2001-2002),
los ‘cacerolazos’ con mucho
ruido y pocas nueces, las gigantescas manifestaciones
de calle, el episodio que llevó a
aparente renuncia del Presidente (11 abril
2002), la llevada a cabo del referendo revocatorio
del mandato presidencial (15 agosto 2004)
y muchas otras acciones fallidas constituyen
un precedente aleccionador para las fuerzas
de oposición.
La
Fuerza Armada Nacional (FAN) está
cada vez más controlada por el Jefe
y ganada con ascensos, cargos y beneficios
materiales para el proceso, de modo que
por ahí no hay resquicio con el que
pudiera contar algún movimiento insurreccional
opositor.
Los
antiguos partidos políticos no acaban
de renovarse y reorganizarse, no tienen
agarre popular y parecen unos zombies trasnochados.
Sus dirigentes siguen con los mismos vicios
de personalismos y búsqueda de intereses
individuales, que impidió en casi
todos los Estados que fueran con candidatos
unificados y listas únicas para enfrentar
a los del oficialismo en las pasadas elecciones
regionales y municipales (31 octubre 2004).
Y muchos analistas consideran fue un error
garrafal de la oposición no haber
ido con listas unificadas a las elecciones
para diputados a la Asamblea Nacional (4
diciembre 2005), dejando toda la mesa servida
al oficialismo, tras el llamado a última
hora al abstencionismo.
El
apelar a acciones de violencia criminal
es iniciar una escalada de violencia armada,
que se sabe dónde comienza pero no
dónde pueda llegar en una infernal
espiral de violencia. Hasta una guerra civil
podría prospectarse a la larga en
el horizonte político de este país
altamente polarizado. Y una guerra civil
implica pagar el precio de millones de muertos,
lo que nadie desea.
3.
¿ Revolución en la revolución?
Voces
aisladas y grupos jóvenes con alta
mística y honestidad proponen una
“revolución en la revolución”,
que permitiera decantar el oro de la escoria,
separar los líderes y militantes
genuinamente comprometidos de los miles
de advenedizos y oportunistas que se han
montado en el carro triunfante de la ‘revolución’,
poniendo su mira en otros intereses.
Una
“revolución en la revolución”
–tanto en su expresión como
en la realidad- se intentó dar en
Irán, en 1997, con la conducción
inteligente, persistente en sus objetivos
y flexible en sus métodos, de Mohamed
Jatami, a quien el presidente Chávez
visitó el 27 de noviembre 2004. Pero
el esfuerzo de 8 años en tal dirección
se vino abajo con la elección (junio
2005) del laico radical y fundamentalista,
Ahmadinejad, bien visto y respaldado por
los poderosos Ayatolas islámicos
de Irán. Este intento de apertura
de una revolución fundamentalista
en Irán, duró apenas 8 años.
Las manecillas del reloj volvieron atrás.
¿Qué
tan viable es para Venezuela este tipo de
salida? Podría ser la mejor, y en
todo caso, sería la más pacífica,
democrática y republicana. Pero faltan
piezas para armar el rompecabezas, sobre
todo la necesidad del caudillo que –con
visión y pulso fuerte- asuma el viraje
en consonancia con la voluntad de la mayoría
del pueblo. Y pesa la inercia de fuerzas
radicales y fundamentalistas que regresan
al escenario para quedarse (caso Irán).
*
Podría pensarse que nadie mejor que
el mismo Chávez, con todas las riendas
del poder y los gigantescos recursos de
petrodólares en sus manos, su amplia
popularidad y la claridad que debe tener
en este momento de que el país reclama
un ‘timonazo’ que corrija graves
errores y fracasos de la ‘revolución’
tal como se ha venido hasta ahora implementando.
Un viraje económico, social, político
e internacional encontraría gran
respaldo en el interior y exterior del país.
Y lo consagraría como el gran Caudillo
del siglo XXI para Venezuela: 1) quien fue
capaz de desmontar 40 años de un
sistema corrupto, ineficiente e injusto;
y 2) capaz de construir y poner a funcionar
en democracia otro sistema transparente,
eficiente y de gran justicia social, un
tipo de socialismo democrático y
libertario. Lo mismo, pero en grado superlativo,
le hubiera acontecido a Castro en Cuba cuando
el colapso en 1989 del “socialismo
real” en las democracias populares
de la Unión Soviética y Europa
del Este. Si él hubiera entonces
encabezado el retorno a la democracia y
a una mezcla de Socialismo con Mercado,
hubiera pasado a la historia doblemente:
1º) por su revolución en la
isla y altiva lucha de pigmeo frente al
colosal imperio norteamericano, y 2º)
por la construcción de una nueva
democracia social, reteniendo los logros
de lo anterior y acorde con los nuevos tiempos,
para beneficio de todos los cubanos (los
de adentro y la otra mitad que está
afuera). El excesivo apego a la ideología
marxista-leninista, la mentalidad predominantemente
militarista y el estilo personal hegemónico
no permitieron a Fidel Castro en su momento,
y parece no permiten ahora a Hugo Chávez
(su gran discípulo y seguidor) intentar
una “revolución en la revolución”.
*
El petróleo, con un precio internacional
de $70 barril promedio -y próximamente
el gas natural, con sus grandes yacimientos-,
aseguran ingentes ingresos fiscales al Gobierno.
No se siente, pues, la necesidad de un ‘timonazo’,
puesto que pueden seguir financiándose
por años los errores, ineficiencia
y venas rotas del país.
*
Último argumento, pero no el de menor
importancia, si no es el mismo Chávez
Frías el timonel que imprima la corrección
de rumbo, no se ve en el horizonte a mediano
plazo, la alternativa de alguien que pueda
hacerlo.
4. ¿Más de lo mismo
pero mejor?
A
nuestro juicio es quizás el escenario
en el que vamos a tener que funcionar por
varios años, que no satisface ni
a los radicales de la ‘revolución
bolivariana’ ni a los radicales de
la oposición.
Sobrevivir sin gobernar
“El
éxito de un gobernante puede basarse
más en convencer a la sociedad de
que los objetivos perseguidos son en el
interés de la misma, que en el hecho
mismo de que lo sean”. Esta observación
sabia de un politólogo internacional
que está de moda (Juan J. Linz),
permite afirmar que lo que existe en Venezuela
no es más que la permanencia de un
líder en el gobierno, así
como lo fue Fujimori por diez años
en el Perú, sin que haya una administración
moderna y eficiente del Estado para bien
de la colectividad. Ambas experiencias latinoamericanas
(la de Fujimori y la de Chávez) que
se habían propuesto llevar a la práctica
una “democracia participativa”
como “fase superior” de una
democracia representativa inconclusa, son
consideradas hoy en día portadoras
de promesas incumplidas y desengaños
manifiestos, que alientan en la población
actitudes antidemocráticas proclives
al autoritarismo. Son regímenes que
se mueven entre el desgobierno y el autoritarismo.
Para
un excelente analista, esta situación
de “más de lo mismo”
que pudiera prolongarse con la actual ‘revolución
bolivariana’ -en la que todos los
poderes del Estado son controlados por el
Presidente de la República- es la
de un país bajo secuestro, y la de
unos ciudadanos que son simples rehenes
(M.H. Otero) Venezuela actualmente es un
país bajo sospecha y secuestrado.
Rescatarlo es el dilema que la sociedad
democrática de Venezuela y del continente
tendrá que afrontar tarde o temprano
(S.A. Consalvi, El Nacional, 10 noviembre
2002).
“Más
de lo mismo pero mejor”. Es seguir
acompañando, con sacrificios y generosidad
popular, sin todavía desesperar del
todo, al ‘hombre de a caballo blanco”
(Bolívar), en pos de un sueño,
de una “irracionalidad romántica”,
que promete mucho sin plasmarse en realidades.
El chavismo no tiene una voluntad arquitectónica
sino heroica, y la derrota de Chávez
no será la de un mero político,
sino la de un aprendiz de héroe
que intentó hacer de su lucha un
acto escénico, un teatro (Aníbal
Romero).
La
navegación que viene haciendo la
nave de la sociedad venezolana, con poca
brújula y un soñador aferrado
al timón, ha mostrado ser en 10 años
muy azarosa. La nave se está exponiendo,
con grave riesgo, de volverse añicos
al golpearse contra uno de los dos acantilados
por entre los que va cruzando: los clásicos
Escila y Caribdis. Por un lado el extremismo
radical (supuestamente de izquierda revolucionaria)
del castro-comunismo y por otro lado el
extremismo (supuestamente de derecha fascista)
de la oposición. Poco antes de estallar
la fatal Guerra Civil Española, un
estadista moderado trató de calmar
las pasiones sectarias que ya presagiaban
el estallido que iba a costar más
de un millón de vidas a hijos de
la misma patria. Manuel Azaña previno
:
"Ninguna política se puede
fundar en la decisión de exterminar
al adversario; no sólo –y
ya es mucho- porque moralmente es una
abominación, sino porque, además,
es materialmente irrealizable; y la sangre
injustamente vertida por el odio, con
propósito de exterminio, renace
y retoña y fructifica en frutos
de maldición; maldición,
no sobre los que la derramaron, desgraciadamente,
sino sobre el propio país que la
ha absorbido para colmo de la desventura"
(Citado por Ricardo Combellas, El Nacional,
21 mayo 2002).
¿Seguiremos
viendo pasar la “stultifera navis”?
Ante
la polarización del país y
el juego trancado –cuando todos conformamos
la baraja y la mesa y los jugadores y nadie
nos puede echar- parece a muchos que no
queda ya sino el recurso ominoso de ver
pasar las olas de los acontecimientos, con
sus desmanes y disparates, y aguantar mientras
ellos no nos toquen de cerca, corrigiendo
los errores y descalabros presentes, en
una espera fatalista o providencialista
de mejores tiempos.
En el siglo XV, el alemán Sebastián
Brant, escribió con mucha ironía
una imaginativa alegoría que tituló
“Stultifera navis” (la nave
de los locos). Invitó a subir a bordo
a unos cien personajes representativos de
su época, famosos por sus excesos,
equivocaciones y desvaríos que golpearon
a muchos. Y fueron invitados a viajar al
“paraíso de los locos”.
Para un buen historiador (S.A. Consalvi,
El Nacional, 10 diciembre 2000), esta alegoría
ilustra bien la condena de Venezuela a ir
y venir, tejer y destejer, hacer y deshacer
de su historia, cuando los locos se turnan
al timón de la nave:
"De ese modo, la historia se convierte
en letanía, y de letanía
en penitencia. Viajamos, así, en
la nave de Sebastián Brant. Si
ellos dicen que son federalistas, nosotros
diremos que somos centralistas. Si yo
privatizo, tú nacionalizas. Si
ellos son de la IVª República,
nosotros diremos que somos de la Vª.
Si ellos son amigos de Cartago, nosotros
diremos que somos amigos de Roma. Si ellos
beben cerveza, nosotros beberemos ron.
Si ellos son amigos de la Iglesia, nosotros
seremos amigos del diablo. Si ellos postulan
la democracia representativa, nosotros
auparemos la democracia protagónica.
La condena de ir y venir, de dar vueltas
sobre un mismo punto creyendo que estamos
conquistando la luna, no es otra cosa
que la historia que se repite, pero no
lo sabemos. Siempre creemos que estamos
innovando, o descubriendo tierras desconocidas,
a la conquista del paraíso".
Algo
y mucho se puede mejorar
•
Gran Misión nacional contra la
corrupción y la pobreza
Si hay voluntad política, mejores
controles oficiales, administración
pública eficiente y honesta de los
ingentes recursos petroleros que está
recibiendo el país, se puede avanzar
mucho en la extirpación de la pobreza.
Si no en seis años, al menos en veinte
años, Venezuela podría llegar
a ser no la “isla de la felicidad”
caribeña, pero posiblemente una Suiza
modelo continental.
•
Un CNE confiable
Con la Asamblea Nacional que sigue siendo
totalmente obsecuente, una voluntad política
sincera del régimen y sus dirigentes,
podría sentar las bases legales para
un nuevo Consejo Nacional Electoral, tal
como lo contempla la Constitución
vigente (artículos 294-296). De modo
que el CNE garantice a todos los ciudadanos
-sin exclusión- transparencia, imparcialidad,
legitimidad y confianza para futuras elecciones
de amplia representatividad y participación
ciudadana. Y debería haber sinceramente
una inclusión en
el proceso de cambio de los siguientes importantes
agentes nacionales e irremplazables actores
populares, entre otros.
•
Inclusión de la Iglesia
La Iglesia Católica, con sus mil
millones de fieles por todo el mundo y 20
siglos cumplidos de una acción pastoral
y temporal innegable (que no ha sucumbido
ante poderosos enemigos en diferentes épocas
y países), representa hoy en Venezuela
una de las instituciones más estables,
benéficas y apreciadas por la sociedad.
Además de su misión religiosa
específica, viene cumpliendo una
tarea como “maestra de humanidad”,
en áreas sociales complementarias
a las del Estado, como son las de educación,
salud, promoción de la mujer, cuidado
de la niñez, formación de
líderes y voz de los que no tienen
voz.
Superadas las graves crisis del siglo XIX,
especialmente la persecución y despojo
de que fue víctima en la era guzmancista
(ver Hermann González Oropeza 1990:
La Iglesia en la crisis del siglo XIX )
y liberada del Patronato que todavía
arrastraba desde la Colonia (Hermann GONZÁLEZ
1988: La liberación de la Iglesia
Venezolana del Patronato), la Iglesia venezolana
inició hacia 1930 una época
dinámica, impulsora de modernidad,
sin intereses económicos ni políticos,
de colaboración respetuosa del Estado
venezolano. Al final de los años
60, entró de lleno en la renovación
y cambio propugnado por el Concilio Vaticano
IIº (con su pluralismo y mayor sintonía
con el mundo contemporáneo), tal
como fue aplicado a América Latina
por la IIª Conferencia Episcopal del
Episcopado Latinoamericano (Medellín
1968), con el énfasis que éste
le dio a la promoción de la Justicia
y al compromiso con los pobres. Algo que
debería haber coadyuvado a fuertes
cambios sociales en el continente. Difícilmente
un régimen que afirma estar aplicando
valores democráticos y socialistas
podría encontrar una mejor, más
seria, más desinteresada, más
organizada y más experimentada colaboración
para sus programas sociales y educativos
que la Iglesia Católica (y lo que
decimos de ella se aplica a otras confesiones
religiosas). Pues tiene una envidiable red
de diócesis, parroquias, sacerdotes,
religiosas, laicos y jóvenes comprometidos
en obras de índole popular. Recomendamos
la lectura de la Exhortación hecha,
en 22 puntos, a todos los venezolanos por
la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal
Venezolana, el día 7 de julio del
2007.
•
Inclusión de sindicatos y gremios
La base sindicalista que se dio desde su
origen Acción Democrática
(AD), como instrumento de apoyo popular
y movilización política, con
el nombre de CTV (Confederación de
Trabajadores de Venezuela) fue uno de los
pilares (junto con la centrales trabajadoras
de otros partidos) para el funcionamiento
por 40 años del “sistema populista
de conciliación de élites”,
que caracterizó a la democracia rentista.
El país está requiriendo de
un manejo tolerante, plural y respetuoso
de la voluntad mayoritaria de gremios, empresarios
y trabajadores, de todas las asociaciones
intermedias de la sociedad venezolana, como
canales regulares de participación
social y política para el manejo
estatal del Bien común.
•
Inclusión de los medios de comunicación
El Estado venezolano tiene medios propios
de información y comunicación,
y los está utilizando al máximo
de su cubrimiento y eficacia, gracias al
poder mediático del Presidente Chávez.
Pero el Ejecutivo debe respetar y aun apoyar
los medios privados y mixtos de comunicación,
sin intentar a toda costa instrumentalizarlos
para su proceso. No puede haber real democracia
sin ciudadanos bien informados. Los medios
tienen que poder informar con veracidad
y deben poder hacerlo con independencia.
Va en contravía el cierre por vía
administativa hecho por el Gobierno de un
canal privado, popular y de larga data como
RCTV y la espada de Damocles con la que
amenaza a Globovisión, que explica
la gran reacción al interior y al
exterior de Venezuela.
•
Clara opción democrática
para el socialismo siglo XXI
El proceso revolucionario, que intenta el
Presidente Chávez consolidar en Venezuela
y contagiar por los cuatro puntos cardinales
del continente americano, se lo presenta
actualmente como “Socialismo siglo
XXI” en marcha. Algo que no está
todavía bien definido ni en sus objetivos,
ni en sus características, ni en
sus pasos y procedimientos para su implantación.
Cuando se promete un socialismo como ideal
o utopía, se proyecta una posible
sociedad en la que existan perfecta igualdad
y justicia para todos los ciudadanos, sin
que haya privilegiados por su nacimiento,
su dinero o su clase social. Son los valores
del socialismo, que todos anhelamos sinceramente,
y que se aproximan mucho a los valores sociales
del Cristianismo (Pio XI). Pero cuando se
trata de establecer como sistema un socialismo
concreto hay que definir muy bien qué
tipo de socialismo se quiere y cómo
se lo pretende construir, atendiendo a los
varios tipos de socialismo existentes. Hay
que optar por la combinación acertada
-con su correspondiente dosificación-
de dos factores fundamentales: el económico
y el político. ¿Van los medios
de producción a estar totalmente
en manos del Estado? ¿y dentro de
un sistema totalitario de partido único?
O habrá una economía mixta
entre el Estado y la Sociedad civil? ¿y
todo dentro de una democracia pluralista?
(Link a nuestro tema "Socialismo y
socialismos").
Viaje
al amanecer
”Entre
la idiotez [de una dictadura] y la esperanza
[de una democracia eficiente y legítima]
espero que todos asistamos al compromiso
de que en Venezuela sea posible seguir escogiendo
la esperanza”(Joaquín Marta
Sosa).
Escoger la esperanza de construir un mejor
país es una gran tarea, más
que la de "cambiar de piel", que
implica la superación de tantas condiciones
negativas acumuladas. Algo que "no
puede alcanzarse con el trabajo de un sólo
hombre, de un solo partido o movimiento,
ni de un sólo sector de la sociedad".
Atrás queda un tiempo (con sus indudables
logros e inexcusables fallas) y se abren
nuevos horizontes para Venezuela. Hay razones
válidas para pensar que podemos dejar
atrás un recorrido zigzagueante,
con sus luces y sombras, de 50 largos años.
Y que estamos ante la perspectiva de un
Viaje al amanecer en este nuevo milenio.
Viaje que no es al país de la remembranza
y de la égloga (país del atraso
en muchos aspectos), tal como lo descubriera
en su tiempo Mariano Picón Salas
a su regreso solariego. Sino viaje al país
“que mana leche y miel”: tierra
de libertad, de igualdad y de abundancia;
tierra vaticinada a los herederos de la
promesa bíblica, pero que no cae
del cielo como el maná sino que éstos
tienen que conquistar esforzadamente.
“No
siéndonos posible lograr entre las
repúblicas y monarquías lo
más perfecto y acabado, evitemos
caer en anarquías demagógicas
o en tiranías monocráticas”
(SIMON BOLIVAR, Carta de Jamaica
1815).
“Un
gobierno fuerte por su estructura y liberal
por sus principios”
(SIMON BOLIVAR, Carta a O’Higgins,
29 agosto 1822).
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