| Estos
artículos son extractos aactualizados de
varias páginas del libro de Enrique Neira
Fernández "Venezuela IVª y Vª Repúblicas",
edición del Vicerrectorado Académico de
la Universidad de Los Andes, Mérida 2006.-
Hace
diez años, la política exterior
a contracorriente que comenzaba a mostrar
Venezuela hacía temer su aislamiento
en el escenario mundial y un futuro dificultoso.
“La soledad de Venezuela en el contexto
internacional es creciente. Hay una cantidad
de indicadores que señalan que
Venezuela ya entró en el rango
de patito feo” (Ángel Álvarez).
Esta
frase de un conocido politólogo reflejaba
la preocupación que existía
sobre el desempeño de la diplomacia
internacional del gobierno de Chávez,
como la expresaban voces en el interior
del país y en el exterior. “Ya
para América Latina, el gobierno
de Hugo Chávez se ha convertido en
un verdadero dolor de cabeza" (M.H.
Otero). Y la inquietud aumentaba cuando
el nuevo gobernante en Venezuela comenzó
exportar su modelo ‘revolucionario’
al resto del continente y daba señales
de una diplomacia que no distinguía
entre la efectiva solidaridad con las democracias
y la complicidad con regímenes de
dudosa orientación y grupos terroristas
(Elsa Cardozo). Así como se daban
conflictos en el interior del país,
comenzaron también a asomar conflictos
en las relaciones exteriores. Por entonces
se advirtió que el disparate no podía
constituirse en método para una gestión
administrativa de un país serio en
relaciones exteriores. “Las decisiones
del Estado no son ni pueden ser objeto de
improvisación"(S.A. Consalvi).
Y un avezado internacionalista llegó
a apuntar a la soledad de Chávez
debido a su delirio geopolítico,
con “la idea de crear un ‘polo
de poder’ latinoamericano, que suena
atractiva, pero carece de sentido práctico”
(Aníbal Romero). |
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| Hoy,
diez años después, hay que
reconocer que el presidente Chávez,
en su mejor estilo personal - con astucia
y audacia- se ha movido con soltura y acierto
en ese campo minado que es la escena internacional.
Ha buscado “aliados e interlocutores
en función de los intereses superiores
de la nación”. Y encontró
en los nuevos ingentes ingresos petroleros
un inefable aliado para exportar, con éxito,
su ‘revolución’. Algo
que no pudo tener Fidel Castro ni lo puede
tener gobernante alguno en Latinoamérica
y el Caribe.
El régimen ha desarrollado, para
su gestión internacional, varios
instrumentos (Ministerio de Planificación
1998). Un primer propósito, a nivel
mundial: la promoción de foros como
el Grupo de los Quince, el Grupo de los
Setenta y Siete, el Movimiento de los No-Alineados,
el Grupo de Río, el Foro Social Mundial,
así como la Comunidad Andina de Naciones,
MercoSur, la Asociación de Estados
del Caribe y recientemente la Sociedad Suramericana
de Naciones (Cusco). Un segundo propósito
procura el fortalecimiento de la OPEP, la
defensa de los precios del petróleo.
Un tercer objetivo buscaría moverse
fluidamente y sin complejos en el tejido
de la globalidad. Pero allí se presenta
el problema de las relaciones con el país
que más influencia tiene hoy en la
arena internacional: Estados Unidos. No
es un país cualquiera del que se
pueda prescindir. Y menos aún un
país como Venezuela, petrolero pero
de desarrollo limitado. Hacia él
va el grueso de nuestras principales exportaciones
y desde allí viene la principal corriente
de inversión extranjera. Un cuarto
instrumento pone su atención en relaciones
muy estrechas con países del mundo
árabe, pero no sólo desde
el punto de vista económico, sino
en razón de las afinidades culturales,
aunque no forman parte de nuestra tradición
occidental. Un quinto instrumento, ahora
privilegiado, se refiere a una intensa política
energética, especialmente con los
países del Mercosur y el Caribe.
Relación
superespecial con Cuba
La
identificación del régimen
de Chávez con Castro se ha venido
reforzando en términos que jamás
se imaginaron. Después de una visita
a Cuba, Chávez se refirió
a la isla como un “mar de felicidad”:
“Su revolución es bolivariana,
pero va hacia la misma dirección,
hacia el mismo mar hacia donde va el pueblo
cubano, mar de felicidad, de verdadera justicia
social, de paz. Cada una con su propio signo
y con su propia esencia”. Se firmó
un Convenio Integral de Cooperación
entre las dos Repúblicas, en el que
Venezuela aseguraba un suministro de crudos
y derivados del petróleo de 53.000
barriles diarios, con financiamiento preferencial
blando. Recibiría, en cambio, un
aporte generoso de personal médico
y paramédico cubano, de entrenadores
deportivos, de alfabetizadotes y asesores
comunitarios (léase expertos en adoctrinamiento
y organización) y una gama de bienes
y servicios concretos en los que Cuba no
tiene ventajas competitivas. Desde entonces
se evidenció la afinidad política
e ideológica entre los dos mandatarios
y sus gobiernos.
"Así, pues, quedamos debidamente
enterados: Fidel y Hugo van por el mismo
camino. Los venezolanos deberían
tomar nota. Cuba será para ellos
espejo y paradigma. Allí, según
el Presidente venezolano, los cubanos nadan
ya en un mar de felicidad que no conocíamos,
pues no es el mismo donde se ahogan cada
año centenares de balseros"
(Plinio Apuleyo Mendoza 1999).
La admiración y casi enamoramiento
de Chávez por Castro, están
bien expresados en una página de
antología cuando la condecoración
que le impuso el 13 de agosto de 2001 (Venezuela
Analítica, www.analitica.com/biblioteca/hchavez/fidel-chavez.asp)
.
La admiración es recíproca.
En una visita que realizó en octubre
de 2000 a Venezuela, Fidel Castro visitó
el pequeño poblado en el cual nació
Chávez y allí la prensa reseñó:
"Luego del acto de bienvenida al pueblo
natal del presidente venezolano Hugo Chávez,
el mandatario cubano ofreció un breve
y emotivo discurso, donde reiteró
su admiración el presidente Chávez
y aseguró que así como van
a Caracas a ver la casa donde nació
Simón Bolívar, algún
día vendrán a visitar Sabaneta,
donde nació Chávez".
Quien
fuera presidente de la Cámara de
Diputados en una etapa de la anterior República,
expresó que el gran asesor del jefe
de Estado venezolano, “y un asesor
de lujo” es el primer mandatario cubano
(Carmelo Lauría, 28 julio 2002).
Para Naim, “el dinero del gobierno
venezolano, en combinación con la
inteligencia y la diplomacia cubana constituyen
un poderoso cóctel. Por todo esto
Fidel Castro tiene más influencia
sobre lo que pasa en Venezuela que George
W. Bush o que el presidente de Colombia”
(12 enero 2003). Algo que se ha venido confirmando
y robusteciendo hasta el presente.
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