| Estos
artículos son extractos aactualizados de
varias páginas del libro de Enrique Neira
Fernández "Venezuela IVª y Vª Repúblicas",
edición del Vicerrectorado Académico de
la Universidad de Los Andes, Mérida 2006.-
El
culto a Bolívar
Bien
se ha dicho que “el bolivarianismo
constituye la forma de llenar un vacío
ideológico y la coartada para ‘nacionalizar’
un proyecto revolucionario con pretensiones
transnacionales. Bolívar se convierte
en una figura especialmente útil
porque está implantada como uno de
los valores más esenciales de los
venezolanos”(Carlos Blanco). Ya lo
preveía el mismo Bolívar,
cuando desde Popayán, cercano a Cali,
en carta de 1829 a un joven político
venezolano (Antonio Leocadio Guzmán)
intuía que habría muy diferentes
e interesadas interpretaciones de su pensamiento:
"Si algunas personas interpretan siniestramente
mi modo de pensar y en él apoyan
sus errores, me es bien sensible, pero inevitable;
con mi nombre se quiere hacer el bien y
el mal, y muchos lo invocan como el texto
de sus disparates".
Germán
Carrera Damas señalaba en 1986 que:
"Instaurado para dar legitimidad al
Estado nacional en circunstancias históricas
específicas, el culto a Bolívar
ha llegado a constituir la columna vertebral,
y en no pocas ocasiones el universo, del
pensamiento venezolano. Se ha extendido
hasta tal punto el alcance del culto, y
se ha intensificado tanto su mensaje, que
en la mente de muchos venezolanos, y ello
sea dicho sin establecer diferencias de
nivel social o cultural, ha llegado a producirse
una identificación entre los signos
más elementales del culto y la nación."
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| No
de ahora sino de antes, en Venezuela -cuna
del gran Libertador- se han levantado voces
muy autorizadas previniendo contra este
exagerado culto a Bolívar (convertido
a veces en santería) y la utilización
perversa que se hace de él para casi
todo. Es autorizada la opinión del
ya citado historiador (Carrera Damas, El
culto a Bolívar). Para él,
tres son las líneas fundamentales
que sustentan en Venezuela dicho culto:
-1) convertirlo en factor de unidad nacional,
con su principio del orden; -2) convertirlo
en fuente de inspiración política;
-3) convertirlo en factor de superación
nacional, como religión de la perfección
moral y cívica del pueblo.
Luis Castro Leiva (en Para pensar a Bolívar)
mostró que el culto a Bolívar,
tanto intelectual como político,
se terminó convirtiendo en una religión
que encierra muchos peligros, entre ellos
el de que si algún venezolano cuestiona
lo dicho por Bolívar, se convierte
casi en traidor a la patria. Y es que Bolívar
da para todo, en palabras de Andrés
Eloy Blanco, citadas textualmente por Consalvi
(El Nacional 5 junio 2005):
"Como quiera que un senador había
tratado de reforzar su tesis citando a Bolívar,
poniéndolo a favor de su causa, Andrés
Eloy Blanco le respondió: “Bolivar
no se puede citar sino con cuidado, porque
sirve para todo. Bolívar es oceánico.
Bolívar ‘tiene’ para
justificar un acto de democracia avanzadísima.
Bolívnar ‘tiene’ para
justificar un acto de represión.
El Bolívar de 1828, llevando al arzobispo
de Bogotá como miembro del Consejo
de Estado, es un dictador en pleno ejercicio
de la dictadura; el Bolívar de 1830
ya no es sino el desprendimiento del creador
amargado por la creación. Pero Bolívar
es oceánico. Es e! árbol:
el que quiera una fruta para darle que comer
a alguien, allí está Bolívar
frutal; el que quiera una estaca para darle
de golpes a un yangüés, allí
está Bolívar con ramazones;
el que quiera una cruz para clavar a alguien,
allí tiene a Bolívar con sus
ramas cruzadas; el que quiera una flor para
adornar la frente de la Patria: allí
está Bolívar florecido; y
el que quiera una sombra para esconderse
y ocultar una trampa o disparar un perdigón
sobre algún incauto pájaro
electoral allí está Bolívar
frondoso".
Ello
explica por qué gobernantes como
Guzmán Blanco, Juan Vicente Gómez,
López Contreras y ahora Chávez
Frías hayan reforzado su culto.
Uso
y abuso de Bolívar
A
pesar de que el culto a Bolívar ha
sido una constante en la historia venezolana,
en el régimen de Chávez la
ideología bolivariana adquirió
un triple énfasis:
- programático: lo que Bolívar
habría hecho en circunstancias similares;
- ético: la defensa de los valores
esenciales de la patria;
- y simbólico: ser fieles a Bolívar
en el tiempo actual es ser fieles a la revolución
y a su personificación directa, el
presidente Chávez.
Esta función inesperada del Libertador
ha permitido llenar un vacío ideológico,
programático e intelectual, que existía
en el movimiento, así como prescindir
de definiciones y precisiones que requiere
toda revolución en marcha.
Simón Alberto Consalvi viene denunciando
el hecho de que “en la República
Bolivariana de Venezuela, Bolívar
marcha con boina roja y su retrato se apareja
con la efigie del Che Guevara”. Con
un estilo irreverente que rechazamos, el
columnista colombiano Antonio Caballero
se ha referido al tema (Semana, Bogotá
9 agosto 1999):
"Chávez no parece saber mucho
de la acción y la reflexión
de Bolívar. Se limita a utilizarlo...de
Bolívar toma lo peor: la tentación
de la dictadura... Copia sólo la
mitad de Bolívar: no la reflexión
útil, sino la acción inútil
(‘El que sirve a una revolución
ara en el mar’)… Lo verdaderamente
‘bolivariano’ de Hugo Chávez
no son sus ideas, sino su carácter."
El
Libertador se ha convertido en la inmensa
coartada del régimen. Pero, con el
correr del tiempo, ya hay quien se pregunta
¿por qué aparentemente el
Bolivarianismo está dando paso al
Socialismo, en el discurso y preferencias
del Presidente Chávez? (Aníbal
Romero 2005).
1) Es que hay valores implícitos
en el bolivarianismo que han sido hábilmente
resaltados por el chavismo.
2) Mientras otros valores bolivarianos de
corte claramente republicano (que hoy reconocemos
como propios de un Estado de derecho, liberal
y de progresismo social) son dejados de
lado, a ciencia y conciencia.
•
Entre los primeros que suelen destacarse
más (por su utilidad) están:
1) el que la patria de Bolívar tiene
un derecho y un deber de influir decisivamente
en el ámbito internacional; 2) el
que la Fuerza Armada Nacional debe constituirse
en el primer factor de conducción
nacional y popular; 3) El que Bolívar
debe seguir siendo, con su gran autoridad,
el gran corrector y censor. Atacar a Chávez
y a su gobierno, disentir de sus ejecutorias,
se convierte en una directa agresión
a la voluntad bolivariana.
• Entre los segundos a los que se
les da menor importancia (supuestamente
de mayor envergadura pero de menor utilidad)
figuran los grandes principios republicanos
del pensamiento político de Bolívar,
que resumimos en el siguiente párrafo.
Lo que Bolívar quería para
nosotros era algo nuevo, algo adaptado a
las condiciones particulares de América
meridional. Algo que no podía ser
ni el retorno al monarquismo depuesto ni
a un liberalismo ilimitado siguiendo el
modelo del Presidencialismo norteamericano
o el del Parlamentarismo británico.
Tenía que ser un término medio,
algo que se moviera entre las anarquías
demagógicas (a las que son proclives
nuestros pueblos) y las tiranías
monócratas (a las que tienden los
mecanismos de poder en una pendiente maquiavélica
de cesarismo). No se trataba de lo mejor
idealmente, sino de lo que fuera más
asequible y adaptado a nuestra condición.
La propuesta era, pues, la de una democracia
temperada, con un gobierno estable, fuerte
y permanente, que asegurara el logro de
un progresismo social. La profunda perspicacia
política de Bolívar, conciliando
teoría y praxis libertaria, y escrutando
la realidad histórica hispano americana,
lo indujo a colocar al Ejecutivo como el
eje capaz de cohesionar las dispersas fuerzas
sociales de nuestros Estados nacionales
en formación. Para él, un
gobierno republicano para nuestros pueblos
debe caracterizarse por “unidad-solidez-energía”
(Manifiesto de Cartagena 1815) y claramente
lo entiende como un gobierno constitucional,
legítimo, justo y liberal (Carta
de Jamaica 1815).
Un
gran estudioso del pensamiento político
de Bolívar, (José Félix
Restrepo Vélez, Bolívar y
la Democacia liberal republicana, 1991)
termina su libro reafirmando algo que hacemos
nuestro:
"No compartimos el sentir de quienes
asimilan su autoridad y papel de caudillo
con un cesarismo democrático, o un
bonapartismo ambicioso, o una tendencia
monarquista y autocrática, o un anticipo
de las dictaduras totalitarias modernas,
o un preludio del fascismo; estas exageradas
interpretaciones parten de una consideración
unilateral e insuficiente sobre la naturaleza
del Ejecutivo Bolivariano, con un exceso
de simplismo reduccionista que atiende más
a la forma externa que al contenido de los
principios de las instituciones bolivarianas."
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