| Estos
artículos son extractos aactualizados de
varias páginas del libro de Enrique Neira
Fernández "Venezuela IVª y Vª Repúblicas",
edición del Vicerrectorado Académico de
la Universidad de Los Andes, Mérida 2006.-
Francisco
Herrera Luque -con su originalidad chispeantehace
una lectura pertinente y sugestiva de nuestra
historia política, en su obra Los
cuatro reyes de la baraja.
Se fija en cuatro grandes hitos, amojonados
por cuatro personajes. Son ellos la encarnación
de Venezuela en cuatro momentos de su devenir.
Los reyes de la baraja son Venezuela. Son
las cuatro caras de nuestro país
hasta su actual ingreso al nuevo milenio.
Los reyes de la baraja son la encarnadura
de cuatro grandes etapas de Venezuela, personificadas
en cuatro figuras ecuestres de reyes, con
sus respectivos escuderos o lugartenientes.
José Antonio Páez, el rey
de las espadas; Monagas, el caballo de espadas.
Antonio Guzmán Blanco, el rey de
las copas; Joaquín Crespo el caballo
de copas. Juan Vicente Gómez responde
bien al paradigma del rey de bastos; Cipriano
Castro entra en escena como el caballo de
bastos. Y Rómulo Betancourt es el
rey de oro; Pérez Jiménez
el caballo de oro.
Lectura
que ha complementado el historiador Luis
Brito García, aplicando su propia
hermeneútica, que le permite afirmar
que “ninguno de los reyes de la baraja
culmina una revolución. Todos efectúan
los cambios indispensables para que sigan
iguales la abismal desigualdad entre masas
y oligarquías, la orientación
económica hacia los mercados externos
y no hacia el consumo interno. Todas sus
repúblicas caen abandonadas por las
masas a las cuales movilizaron políticamente
para asegurar la inmovilidad económica
social”. |
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Estos
cuatro reyes simbolizarían cuatro Repúblicas
o mejor, cuatro estilos de una misma República.
Lo cual permite comenzar a hablar de una
Quinta República, de un Estado refundado
o reestructurado, de una nueva bizarra democracia
para el nuevo milenio. Por ahora, parece
que el titular de la nueva era o período
republicano tendría en común con los anteriores
“reyes”: su origen criollo con alto mestizaje;
el sentido de encarnar la grandeza nacional
en época de severa crisis; el contar con
el apoyo del factor militar y la capacidad
de fuego; la búsqueda hábil de legitimidad;
el bolivarianismo encendido; la conciencia
personal de que puede cambiar el país, respondiendo
al mandato de la voluntad popular; alguien
poseído por la idea de que está investido
desde lo Alto (por Dios) y desde lo Bajo
(por el Pueblo) de una soberanía destinada
a perpetuarse y a ser aupada por los ideólogos
del régimen, aunque se sepa de antemano
que no culminará una revolución.
Se
plantean grandes preguntas de difícil respuesta,
frente a los acontecimientos vertiginosos
que vienen ocurriendo en Venezuela en el
nuevo milenio. El final del ciclo recorrido
hasta ahora, ¿preludia la tediosa repetición
o el agotamiento? ¿Cabe esperar, siguiendo
un calendario azteca, el advenimiento de
un Quinto Sol, de cataclismo o renacimiento?
¿Estamos en presencia de un proceso revolucionario
de cambio, del cual saldrá una Va. República
remozada, un Estado reestructurado, un sistema
político más eficiente y democrático? ¿O
sólo cabrá barajar el mismo mazo de cartas,
dentro de cierto tiempo? |