| Estos
artículos son extractos aactualizados de
varias páginas del libro de Enrique Neira
Fernández "Venezuela IVª y Vª Repúblicas",
edición del Vicerrectorado Académico de
la Universidad de Los Andes, Mérida 2006.-
El
proceso revolucionario bolivariano del Comandante
Hugo Chávez y sus seguidores -que
está ya en plena fase ejecutiva-
pudiera caracterizarse por ciertos factores
que venían de atrás cuando
era un simple proyecto, elementos que han
venido retocándose sobre la marcha
y a veces endureciéndose frente a
las impugnaciones de dentro y oposiciones
de fuera.
•
Popularismo
Hay que reconocer que Chávez Frías
es un político extremadamente popular,
como en su mejor momento lo fueron Rómulo
Betancourt y Carlos Andrés Pérez.
De entrada, Chávez rechazaría
visceralmente la calificación de
“político”, pues se considera
la némesis de los políticos.
Es apolítico por definición,
es el representante de un sentimiento y
una actitud muy generalizada en Venezuela
y en otros países: la antipolítica.
La sintonía con ese pueblo que vive
en uno de los países más ricos
del mundo, pero cuyos reales se los llevó
una minoría de políticos corruptos,
hizo muy popular a quien prometió
vengarse de los políticos y repartir
la riqueza del subsuelo a todos los venezolanos.
Su popularidad se basa más en un
rechazo de la política corrupta que
en el pueblo, al estilo de otros salvadores.
Y su procedencia, su vocabulario, su estilo,
su desenvoltura lo fueron acercando cada
vez más a la gente del pueblo y a
ir configurando una propuesta populista
“sui generis”, muy adaptada
a Venezuela. |
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Caudillismo
Todo el proceso está signado por
las cualidades y defectos del guerrero y
autócrata que lo concibió
y lo dirige, en el mejor estilo de quienes
lo antecedieron en aventuras políticas
anteriores y de quienes poco se acuerda
la débil memoria histórica
del pueblo venezolano (Mario Biceño
Iragorry). No pierde actualidad la descarnada
observación de Mariano Picón
Salas (1953):
“Sociológicamente, Venezuela,
después de las guerras civiles de
la segunda mitad del siglo XIX, es como
una gran montonera -sin ejército,
sin administración pública
digna de ese nombre- donde el caudillo más
guapo, inteligente o astuto se impone sobre
los otros caudillos provinciales”.
La
personalidad, las expresiones, la acción
política de Chávez
son las de un caudillo mesiánico
que establece una especie de relación
semirreligiosa con la masa popular, relación
típica de los iluminados.
•
Nuevo militarismo
Es característico en el actual proceso
bolivariano el papel preponderante que han
vuelto a ocupar los militares no sólo
como garantía de la seguridad nacional,
sino presidiendo, a la vez, altos cargos
y ejerciendo funciones antes reservadas
a los civiles. En Venezuela ha habido una
larga tradición de utilizar instituciones
públicas competentes en su campo
y ponerlas a trabajar en otras tareas gubernamentales,
aunque no sepan nada de ellas. Por años
ocurrió esto con la empresa petrolera
PDVSA y su competente personal y dotación
tecnológica. Se la puso a cargo de
programas agrícolas, sociales, educativos,
urbanos, culturales, ambientales, de computación
electoral, de infraestructura, de planificación,
de promoción de la pequeña
y mediana industria. Aunque los gerentes
no supieran de dichos temas. Hoy la Fuerza
Armada Nacional debe hacer lo que no sabe
hacer, distrayéndola de su misión
fundamental: manejar las finanzas de PDVSA
y otras actividades neurálgicas del
país.
•
Avasallamiento por parte del poder ejecutivo
Uno de los rasgos más acusados del
proceso bolivariano actual, que ha venido
reafirmándose sin pausa y que provoca
las mayores dudas y reservas (tanto a nivel
interior del país como a nivel internacional)
acerca de su carácter genuinamente
democrático, es la invasión
premeditada y su consiguiente control -con
soporte en la Constitución nueva
de la República Bolivariana- por
parte del poder Ejecutivo de todos los demás
Poderes (el poder Legislativo o Asamblea
Nacional unicameral; el poder Moral que
incluye la Fiscalía General, la Procuraduría,
la Defensoría del Pueblo; el poder
Electoral; y el poder Judicial).
Las instituciones públicas han quedado
de hecho subordinadas al Presidente de la
República y Comandante en Jefe de
la FAN y fácilmente influenciables
por su entorno. Todo ello consagrado ya
por las nuevas reformas constitucionales
que, en virtud del amplísimo voto
de confianza que le otorgó con la
Ley Habilitante (2006) la Asamblea Nacional,
el Presidente Chávez está
realizando, incluida su reelección
indefinida o continuada. Desde el Ejecutivo,
el nuevo Estado Bolivariano trata de avasallar
otras instituciones claves del país
(medios de comunicación, sindicatos,
empresas, bancos, organizaciones no gubernamentales,
y aun la Iglesia y confesiones religiosas)
en una pendiente que algunos tildan de totalizante
y totalitaria.
•
Retorno al centralismo
En contravía de lo que Venezuela
ya venía adoptando 25 años
atrás, el actual proceso bolivariano
ha desandado el camino con un centralismo
asfixiante. Se había adelantado,
con dificultades, un tímido pero
franco movimiento de descentralización
como proceso de redistribución de
poderes del Estado, a favor de mayor autonomía,
eficiencia y protagonismo de los estados
regionales y municipios, y de una participación
más directa del ciudadano en la gestión
de los asuntos públicos locales,
De nuevo, ahora todas las áreas las
decisiones se toman verticalmente desde
Caracas y más en concreto desde el
Palacio de Miraflores.
El Contralor general de la República,
Eduardo Roche Lander, alarmado ya en 1999
por el excesivo aumento de un 25% en los
gastos secretos, incluyendo los militares,
sin mecanismos de consulta ni control, parecía
avizorar lo que magnificado ha venido después
(El Nacional 1º septiembre):
"Vemos
con preocupación que pueda producirse
una intervención masiva de gobernaciones
y alcaldías, con lo cual se estaría
dando un duro golpe al proceso de descentralización.
Estamos convencidos de que en una democracia
moderna, los cambios se construyen con más
descentralización y no con más
centralismo".
La misma adjudicación del situado
nacional, resultante de la inmensa renta
petrolera se hace efectivo desde el Gobierno
central. Las varias “misiones”
creadas por la Presidencia para atender
necesidades claves de la población
(salud, vivienda, educación, comida,
recreación, microempresas) tienen
organización y financiación
multimillonaria “paralela” a
la de los respectivos Ministerios y absolutamente
centralizadas. La selección de los
miembros directivos de los Poderes Moral
y Electoral (claves para la democracia del
país) todavía no se ha hecho
de acuerdo a lo prescripto por la misma
Constitución, a través de
una consulta y selección de abajo
hacia arriba. En el mismo MVR (Movimiento
Quinta República) que debía
haber sido el prototipo del partido único,
movilizador y organizador del electorado
encuadrado en la ‘revolución
chavista’, no existió consulta
efectiva de las bases para la selección
de los representantes del pueblo y los candidatos
de la ´revolución´ para
la Asamblea Nacional, las gobernaciones,
alcaldías, asambleas legislativas,
consejos municipales y cargos oficiales
de representación. Los designaba
el comando central con anuencia y palabra
final del Jefe único. Y la misma
suerte parece corre el nuevo PSUV (Partido
Socialista Unido de Venezuela), con criterios
todavía más ideológicos
y elitistas.
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