| La
segunda reñida vuelta en las elecciones
presidenciales de ayer, entre el candidato
rojiblanco Jorge Battle y el candidato del
Frente Amplio de izquierda Tabaré
Vásquez, ha puesto en escena mundial
a éste pequeño gran país
que es Uruguay. En nuestro siglo Uruguay
ha sido cuna de grandes valores literarios
como el ensayista José Enrique Rodó,
el escritor de pequeñas historias
Horacio Quiroga, la poetisa Juana de Ibarbourou,
el novelista Mario Benedetti, quien el pasado
miércoles 24 recibió en Madrid
el VIII Premio Reina Sofía de Poesía
Iberoamericana por el conjunto de su obra
de más de 70 títulos.
Algo
de geografía e historia
El
territorio de la República Oriental de Uruguay
es el más pequeño de Suramérica, pero mayor
que Nicaragua, El Salvador y Costa Rica
juntos. Tiene sólo 3.2 millones de habitantes,
pero con posibilidad de albergar cómodamente
(por la feracidad de sus tierras) hasta
20 millones de personas.
En
sus 171 años de historia independiente ha
estado estrujada entre dos grandes vecinos,
Brasil y Argentina. Fue la última colonia
establecida por España en las Américas,
entre los indios charrúas, en donde se fundó
a Montevideo (1726) para frenar las ambiciones
portuguesas sobre el estuario del Río de
la Plata. En 1811, fuerzas revolucionarias
de la Banda Oriental, lideradas por José
Gervasio Artigas, expulsaron a los españoles.
Pero Artigas no pudo mantener la independencia
uruguaya frente a Brasil, que anexó la Banda
Oriental en 1821. En 1825, el grupo llamado
los Treinta y tres Inmortales, conducido
por Juan Antonio Lavalleja, declaró la independencia,
que tras una guerra fue reconocida en 1828
por Argentina y Brasil, y se dió la primera
Constitución en 1830. Frecuentes conflictos
entre los Colorados y los Blancos (apoyados
por Juan Manuel de Rosas de Argentina) se
prolongaron hasta el final de la llamada
Guerra de la Triple Alianza (1865-1870),
en la que intervino Paraguay. |
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| En
el siglo XX, la paz y la prosperidad se
instalaron en Uruguay. Hoy se considera
que la visión política y reformas
sociales de Jorge Batlle y Ordoñez,
talentoso estadista quien fue dos veces
presidente (1903-1907 y 1911-1915) trazaron
un derrotero de estabilidad democrática
y rápida modernización para
este país de dimensión modesta
pero grande y respetable por sus instituciones
y defensa de la soberanía. Por muchos
títulos, y no sólo por sus
gigantes depósitos bancarios, ha
merecido el apelativo de “Suiza de
Latinoamérica”.
Un
país en contradicción
Nadie
mejor que el brillante intelectual uruguayo
Eduardo Galeano (el de “Las venas rotas”)
para expresar (con su estilo caústico y
sincero) lo que muchos coterráneos piensan,
en esta coyuntura actual, acerca del país
que ES en comparación con el país que FUE.
En entrevista a “Folha de Sao Paulo” del
31 de octubre, ha dicho que “ellos son
tres millones de anarquistas conservadores:
no nos gusta que nadie nos mande y nos cuesta
cambiar. Cuando nos decidimos a cambiar,
la cosa va en serio. Ahora soplan en el
país buenos vientos de cambio. Ya va siendo
hora de que dejemos de ser testigos de nuestras
propias desgracias. Uruguay lleva mucho
tiempo estacionado en su propia decadencia,
desde las épocas en que supimos estar a
la vanguardia de todo. Los protagonistas
se habían vuelto espectadores. Tres millones
de ideólogos políticos, y la política práctica
en manos de los politiqueros, que han convertido
los derechos ciudadanos en favores del poder.
Tres millones de directores técnicos de
fútbol, y el fútbol uruguayo viviendo de
la nostalgia. Tres millones de críticos
de cine, y el cine nacional no ha pasado
de ser una esperanza. El país que ES vive
en perpetua contradicción con el país que
FUE”.
La misma paradoja es subrayada por Mario
Benedetti, cuando habla del “país real”
en contraste con “el país el otro”.
Elecciones
del 27 noviembre 1994
Estas
anteriores elecciones presidenciales ya
habían constituido un remezón inesperado
en un país que por mucho tiempo se caracterizó
por una estabilidad política cercana al
tedio. El bipartidismo había sido hegemónico
desde 1922 (a excepción de ese paréntesis
brutal de la dictadura militar entre 1973
y 1985). El mastodonte político, que era
el Partido Colorado, había ganado todas
las elecciones, menos las de 1958, 1962
y 1989. Y el Partido Blanco era el que alternaba
la balanza sin otro contrincante. Pues bien,
en las elecciones de hace 5 años, el ganador
Sanguinetti (colorado) apenas sacó 1% de
ventaja al 2º (blanco) y sólo 2% al tercero
(Tabaré Vásquez de Encuentro Progresista,
la nueva fuerza emergente).
Elecciones
31 octubre 1999
Lo
que era apenas un remezón hace 5 años, se
convirtió en esta primera vuelta presidencial
en un terremoto político. De 2.4 millones
de electores habilitados, Tabaré Vásquez
(coalición de izquierda) saca 38.51% de
los votos; seguido con un 31.32% por Jorge
Batlle Ibáñez (colorado, sobrino nieto de
José Batlle y Ordez, fundador del Estado
uruguayo moderno, e hijo de un carismático
y político populista, Dr. Luis Batlle Berres).
Luis Alberto Lacalle (blanco) obtiene el
21% de la votación y Rafael Michelini (Nuevo
Espacio), hijo de Zelmer M. cofundador de
Frente Amplio, el 4.4%. Sumando fuerzas
los partidos tradicionales (colorado+blanco)
teóricamente tendrían todavía una leve mayoría
con su 52.3%, frente a un 42.9% sumatoria
de una amplia coalición de izquierda.
Frente
Amplio de izquierdas
El
EpFa (Encuentro progresista-Frente amplio),
fundado en 1971 por Líber Seregni, es una
coalición heterogénea (un ‘chiripero´’ lo
llamaríamos en Venezuela) que en un amplio
espectro político agrupa a socialistas,
comunistas, radicales de izquierda, cristiano-demócratas
y antiguos miembros del Movimiento por la
Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), guerrilla
de los años 70. Su bandera rojo-azul-blanco
sugiere que quisiera ubicarse como una fuerza
nacional entre el rojo y el blanco, azul
como el mar y el cielo que son la riqueza
de los pobres, con vocación de centro-izquierda.
Corresponde en Uruguay al giro que se advierte
se está dando también hacia la izquierda
moderada en otros países del Cono Sur, como
Argentina y Chile. Es que -en frase de Galeano-
“las izquierdas están saliendo del acuario”,
“comienzan en América Latina a votar por
los suyos (pobres que votan por los pobres)”.
Es una izquierda que se repone de sus antiguos
errores y prácticas antidemocráticas, es
una izquierda que piensa puede corregir
las injusticias sociales del sistema económico
neoliberal y que constituye una fuerza política
remozada que pelea, de igual a igual, a
los partidos del sistema el favor electoral.
¿Tabaré
al poder?
Tabaré
Ramón Vásquez Rosas es el conductor de esta
coalición de izquierda. 59 años, prestigioso
y carismático médico oncólogo, se desempeñó
desde 1989 como Alcalde de Montevideo y
fue candidato presidencial ya en 1994.
Su
mismo nombre (“Tabaré”) tiene las resonancias
del hijo mestizo (su padre el cacique charrúa
Caracé y su madre la española Magdalena),
que encarna la bella tragedia política,
obra del romántico peninsular José Zorrilla
de San Martín. Por amor a Blanca, hermana
de don Gonzalo de Orgaz, jefe de la plaza
fuerte ubicada sobre un afluente del río
Uruguay, Tabaré acaba liberando de manos
del cacique Yamandú a la doncella, pero
paga con su vida. Tabaré simboliza una raza
altiva, doliente en su asedio por las fuerzas
extranjeras, pero raza altruista, generosa
y liberadora.
Dado
el apretado empate técnico de la elección
de ayer, y que esta columna entra a imprenta
antes de conocer los datos definitivos,
no es posible señalar el ganador. Pero de
todos modos, la campaña electoral y los
comicios han confirmado que la democracia
está ya bien aclimatada en Uruguay, y que
a pesar de evidenciar una profunda falla
geológica en la configuración política,
el país se apresta para iniciar cambios
políticos irreversibles, ya sea bajo un
gobierno tradicional rojoblanquista o bajo
un gobierno innovativo de una remozada izquierda
democrática y promisoria.
29
noviembre 1999 |