| Los
resultados oficiales del pasado domingo
28 han dado la victoria a Jorge Batlle (candidato
de los dos partidos tradicionales, Colorado
y Blanco) con un 51.59% del electorado a
su favor, frente a Tabaré Vásquez (candidato
del Frente Amplio, Encuentro Progresista
o coalición de izquierda) que obtuvo el
44.07%. La diferencia fue de un 7.5%, 165.000
votos.
Circunstancias
nuevas
En
estos comicios de Uruguay hubo factores
que eran nuevos en el escenario político.
Por primera vez, una izquierda que agrupaba
varios frentes y movimientos, se presentaba
unida, con real opción de triunfo y muchas
ganas de obtenerlo. El sistema electoral
uruguayo estrenaba la “segunda vuelta” o
“balotaje” para escoger entre los dos candidatos
más opcionados de la primera vuelta. Y por
primera vez, desde 1922, el Partido Nacional
(o blanco), acérrimo enemigo del Colorado,
llamaba a votar a sus seguidores por un
candidato que no era de su propio partido
sino del contrario.
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| El
ganador
El
apellido Batlle (de origen catalán) es un
referente válido en la política uruguaya.
José Batlle y Ordoñez (tio abuelo del electo
presidente), elegido por dos períodos, fue
a comienzos de siglo el talentoso estadista
que trazó un derrotero de estabilidad democrática,
rápida modernización y reformas sociales
para Uruguay. El Dr. Luis Batlle Berres,
presidente en 1954, padre del actual, fue
un carismático político populista. El actual
ganador tenía fama de ser un magnífico perdedor.
Este era su quinto intento, tras haber sido
derrotado en 1966, 1971, 1989 y 1994. El
senador socialista Korzeniak había ironizado
con la sugerencia de que en la tumba de
Batlle debía ir como epitafio: “Aquí yace
el futuro presidente de Uruguay”. Doctor
en Derecho y especializado en temas económicos,
domina el alemán, el inglés, el francés
y el portugués. Ha sido gran defensor de
las políticas económicas liberales, partidario
de la privatización de empresas públicas,
de vender las reservas de oro para pagar
la deuda externa y de imitar el sistema
de Seguridad Social chileno. Y según sus
críticos, capaz también de hacer propuestas
arriesgadas y extravagantes, a pesar de
sus 72 años.
DOS
URUGUAYS
No
cabe duda que al actual Uruguay, con sus
3.2 millones de habitantes, desde el punto
de vista electoral hay que dividirlo en
dos partes casi iguales, separadas sólo
por 160.000 votos.. La capital Montevideo,
con el 50% de la población total, es el
mayor distrito electoral, el de mejor nivel
de vida y cultura, el más progresista de
todo el país. El resultado electoral lógicamente
favoreció aquí la propuesta de cambio de
la izquierda: Tabaré Vásquez 54.43% frente
a Jorge Batlle 42.42% Pero el interior,
más tradicional, más amigo de la continuidad,
más temeroso frente a una aventura izquierdista
que se hizo creer “pondría en juego el estilo
de vida de los uruguayos”, fue el fortín
de Batlle y sobre todo de Lacalle, quien
inclinó la balanza con su 21% de electorado.
Sumando los votos del interior, Batlle obtuvo
el 58.66% y Vásquez sólo el 36.09 El “balotaje”
o segunda vuelta fue una movida maestra
de ajedrecista de Sanguinetti (que logró
se aprobara en el Congreso y en el plebiscito
del 8 diciembre 1996) y mostró su efectividad
ahora como mecanismo electoral para contener
una tercera fuerza unida. Como dato interesante,
en casi todos los países se suelen dar cincunscripciones
electorales que son bastiones clave, que
los contrincantes toman, pierden y retoman.
En Uruguay dicen que quien gana en Canelones,
se queda con la presidencia. En la primera
vuelta del 31 octubre, Batlle había perdido
el departamento; pero en esta segunda vuelta
lo retomó con un 52.34% contra el 43.8%
de Vásquez.
¿Por
qué no ganó el Frente Amplio ?
Las
proyecciones que aseguraban para el 28 de
noviembre un triunfo de la izquierda unida
se basaban en varios cálculos: 1) El crecimiento
sostenido que venía mostrando (hace 15 años
tenía el 21% de los votos y el pasado 31
de octubre logró casi el 39%) indicaba que
en un envión final podría llegar de primero
a la meta en la segunda y definitiva vuelta.
De hecho el sprint fue exitoso porque obtuvo
el 44% del total, pero la camiseta contrincante
(rojoblanca) se mantuvo férreamente en su
52% que ya había sumado en la primera vuelta.
2) Se especulaba que había indicios de una
crisis del llamado voto cautivo. Los resultados
muestran que sigue habiendo electorado cautivo
para los partidos tradicionales, en las
áreas tradicionales (por lo general rurales).
El Partido Nacional o blanco votó disciplinadamente
por el candidato colorado. 3) Se viene advirtiendo
en todos los países una creciente volatilidad
de la opinión pública, que podría favorecer
en Uruguay una propuesta fresca de cambio.
La volatilidad existe, pero la capitalizan
hábilmente los dueños de los medios. Quien
tiene la batuta sigue marcando el compás.
Se le metió miedo al país. De muchísimos
comentarios en todas las lenguas y periódicos
importantes del mundo sobre las elecciones
en Uruguay, no he encontrado ninguno más
certero y descarnado que el del brillante
escritor uruguayo Eduardo Galeano: “El
miedo al socialismo sirve para socializar
el miedo. El frente de izquierdas fue derrotado
por el miedo. El espectacular crecimiento
de la izquierda implicaba un cambio radical
en un país que parecía condenado a nostalgia
perpetua, por siempre petrificado en la
repetición y la resignación…En votos, el
frente perdió: la derecha embarró la cancha,
jugó sucio, desató una campaña del miedo
destinada a demonizar a la izquierda y a
desconfiar de lo nuevo, que más vale “malo
conocido que bueno por conocer”. La
propaganda funcionó con el cuento de que
el impuesto a la renta iba a despojar a
los trabajadores y jubilados de lo poco
o nada que tienen. Que hordas de tupamaros
y comunistas iban a recorrer casa por casa,
destripando colchones en busca del dinero
escondido. Que iba a haber fuga de capitales;
que Uruguay no iba a pagar su deuda externa,
y por lo mismo, los norteamericanos se iban
a enojar y a ordenar en represalia un bloqueo
como el de Cuba. Que otro frente amplio
popular como el de Allende en Chile iba
a provocar en Uruguay otro golpe militar,
de infeliz y no muy lejana recordación para
los uruguayos.
El
síndrome de perder la vaca lechera. En forma
muy original y gráfica, el mismo Galeano
recurre a un símil de sabor campesino, que
ayuda a entender la realidad de lo ocurrido.
Quienes han estado ordeñando por años la
vaca del erario público, los dos partidos
del sistema (o el nuevo ‘Partido Coloranco’),
pusieron el grito en el cielo e hicieron
cundir el pánico nacional. No podía soltarse
a la vaca, para poder seguir ordeñando a
cuatro manos al extenuado animal. “Si
la izquierda ganaba, el Uruguay iba a quedar
en manos de unos forajidos que roban a los
pobres, violan a las ancianas huérfanas
y revuelve el brasero con el piececito del
bebé. Hubo gente que lo oyó, lo creyó y
lo decidió. La vaca tendrá que pasarse,
todavía, otros cinco años atada”.
Pero
puede uno preguntarse ¿por qué la amenaza
de un acceso a la presidencia por la izquierda
marxista sigue teniendo efectos paralizantes
en algunos sectores? ¿Es que no ha logrado
legitimarse suficientemente como fuerza
realmente democrática y capaz de representar
una opción de justicia social dentro de
un mundo capitalista ? Para ello, la Izquierda
debe ser, a la vez, diferente y viable.
¿No ha pensado que en un país prematuramente
viejo (por una longeva planeación de natalidad),
si no quiere seguir quedando en minoría
ante una creciente tercera edad, tiene que
propiciar un país más joven ?
6
diciembre 1999 |