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Uruguay,
modesto en sus dimensiones (de territorio
y población) es grande y respetable
por muchos títulos. Ha sido cuna
de grandes valores literarios como el ensayista
José Enrique Rodó, el escritor
de pequeñas historias Horacio Quiroga,
la poetisa Juana de Ibarbourou, el novelista
Mario Benedetti Premio Reina Sofía
por el conjunto de su obra de más
de 70 títulos. Hasta el reciente
‘default’ argentino que le afectó
sus depósitos bancarios, Uruguay
era la “Suiza latinoamericana”.
Hoy es noticia mundial por la posesión
del primer Presidente venido de la izquierda
política, en sus 176 años
de historia independiente.
Un
país hacia adelante
Nadie mejor que el brillante intelectual
uruguayo Eduardo Galeano (el de “Las
venas rotas”) para expresar -con su
estilo cáustico y sincero- lo que
muchos coterráneos piensan, en esta
coyuntura actual, acerca del país
que debe ser en comparación con el
país que fue. En entrevista a “Folha
de Sao Paulo” ha dicho que “ellos
son tres millones de anarquistas conservadores:
no nos gusta que nadie nos mande y nos cuesta
cambiar. Cuando nos decidimos a cambiar,
la cosa va en serio. Ahora soplan en el
país buenos vientos de cambio. Ya
va siendo hora de que dejemos de ser testigos
de nuestras propias desgracias. Uruguay
lleva mucho tiempo estacionado en su propia
decadencia, desde las épocas en que
supimos estar a la vanguardia de todo. Los
protagonistas se habían vuelto espectadores.
Tres millones de ideólogos políticos,
y la política práctica en
manos de los politiqueros, que han convertido
los derechos ciudadanos en favores del poder.
Tres millones de directores técnicos
de fútbol, y el fútbol uruguayo
viviendo de la nostalgia. Tres millones
de críticos de cine, y el cine nacional
no ha pasado de ser una esperanza. El país
que es vive en perpetua contradicción
con el país que fue”. Mario
Benedetti diría hoy que del “país
real” se va a pasar a “el país
el otro”.
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| Tabaré
Tabaré Ramón Vásquez
Rosas es el conductor de la coalición
victoriosa de izquierda. 64 años,
prestigioso y carismático médico
oncólogo, se había desempeñado
como Alcalde de Montevideo y había
sido candidato presidencial ya en 1994 y
1999. Su mismo nombre (“Tabaré”)
tiene las resonancias del hijo mestizo (su
padre el cacique charrúa Caracé
y su madre la española Magdalena),
que encarna la bella tragedia poética,
obra del romántico peninsular José
Zorrilla de San Martín. Por amor
a Blanca, hermana de don Gonzalo de Orgaz,
jefe de la plaza fuerte ubicada sobre un
afluente del río Uruguay, Tabaré
acaba liberando de manos del cacique Yamandú
a la doncella, pero paga con su vida. Tabaré
simboliza, pues, una raza altiva, doliente
en su asedio por las fuerzas extranjeras,
pero raza altruista, generosa y liberadora.
El
Frente Amplio
El Frente Amplio (Encuentro progresista),
fundado en 1971 por Líber Seregni,
es una coalición heterogénea
(en algo parecido al “chiripero”
de Caldera en Venezuela) que -en un amplio
espectro político- agrupa a socialistas,
comunistas, radicales de izquierda, cristiano-demócratas
y antiguos miembros del Movimiento por la
Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T),
guerrilla de los años 70. Su bandera
rojo-azul-blanco sugiere que quisiera ubicarse
como una fuerza nacional entre el rojo (Partido
Colorado) y el blanco (Partido Blanco),
con un azul propio como el mar y el cielo
que son la riqueza de los pobres, con vocación
de centro-izquierda. Corresponde en Uruguay
al giro que se advierte se viene dando también
hacia la izquierda moderada en otros países
de las Américas. Es que -en frase
de Galeano- “las izquierdas están
saliendo del acuario”, “comienzan
en América Latina a votar por los
suyos (pobres que votan por los pobres)”.
Es una nueva izquierda que se repone de
sus antiguos errores y prácticas
antidemocráticas, semitotalitarias;
es una izquierda que piensa puede corregir
las injusticias sociales del actual sistema
económico neoliberal, y que constituye
una fuerza política remozada que
pelea el favor electoral, de igual a igual,
a los antiguos partidos del sistema donde
ellos sobreviven.
Nueva
izquierda en ascenso
“LA IZQUIERDA DEL FUTURO” se
titula un estupendo libro del eminente intelectual
uruguayo, Enrique Rubio, del Centro Uruguay
Independiente, que apoyó la candidatura
presidencial de Tabaré Vásquez
y es ideólogo influyente del Frente
Amplio. “En la actualidad nada es
fácil para la Izquierda”, afirma.
Pero la Izquierda debe ser porfiada. Para
que sea viable en las nuevas coyunturas
nacionales debe: 1) reelaborar su memoria
(saldar algunas cuentas pendientes de la
Izquierda clásica); 2) gobernar la
globalización (es decir, insertarse
en ella pero de acuerdo con sus propios
objetivos), 3) dar cauce al empuje transnacional
y a la integración regional; 4) reformar
el Estado con miras a una democratización
de la economía; 5) estimular el dinamismo
en la sociedad; 6) buscar las confluencias
de las fuerzas progresistas a escala internacional;
y 7) muy importante, promover más
democracia. Debe conducir un proyecto histórico
al servicio de una utopía democrática–socialista.
Regresa
la vaca lechera
En forma muy original y gráfica,
Galeano recurrió hace 5 años
a un símil de sabor campesino, que
ayuda a entender la realidad de lo ocurrido.
“Quienes han estado ordeñando
por años la vaca del erario público,
los dos partidos del sistema (o el nuevo
“Partido Coloranco”), pusieron
para las elecciones de 1999 el grito en
el cielo e hicieron cundir el pánico
nacional. No podía soltarse a la
vaca, para poder seguir ordeñando
a cuatro manos al extenuado animal. Hubo
gente que lo oyó, lo creyó
y lo decidió. La vaca tendrá
que pasarse, todavía, otros cinco
años atada”. Pero vemos hoy,
con satisfacción, que la vaca regresa
remozada, libre de ataduras para pastar
a sus anchas en las dehesas, con buenas
crías y sin riesgos de contagio de
aftosa.
Vino
nuevo en odres nuevos
Equivale a decir algo en lo que yo he sido
machacón (remito a mi artículo
“Por una izquierda viable y diferente”,
Revista Venezolana de Ciencia Política,
nº 11, p. 75-94). La Izquierda debe
ser DIFERENTE a lo que ha sido y VIABLE,
no tan dogmática ni tan ideologizada.
Debe revitalizarse, reconvertirse, purificarse
y dejar sus desdenes por la democracia,
por el reformismo, por la religión,
por el desarrollo económico sostenido.
“Queremos vino nuevo en odres nuevos”
(fue la pancarta de los jóvenes en
la Alexander Platz de Berlín oriental,
en noviembre 1989). “Hay que construir
sobre los fundamentos del pasado, pero la
construcción debe ser nueva”
(Hobsbawn). “Caminar en dirección
contraria a la de la mayoría es,
en democracia, la mejor manera de no gobernar
nunca” (Jordi Sevilla).
¿Cuál es el máximo
de agua que el Frente Amplio de izquierda
podrá echar a su vino para que éste
no pierda su sabor ni se altere, y siga
siendo el preferido para el paladar de los
electores uruguayos? Uruguay es un país
de utopía. Y “la utopía
es la verdad del mañana “,
decía Víctor Hugo. “Hasta
la victoria siempre, compañeros!”
(Tabaré Vásquez en diciembre
1999, hoy refrendado por las urnas como
Presidente). |