Tierra fértil en caudillos
Logo Enrique Neira

 

 

     

El pasado 16 de mayo, 4.2 millones de dominicanos (con apenas un 18% de abstención) votaron en forma pacífica y ordenada para nuevo Presidente de la República. No será necesaria una segunda vuelta electoral, pues el candidato del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), de tendencia socialdemócrata, Hipólito Mejía, ganó apretadamente con apenas el 50% de los votos. Victoria reconocida por Medina del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y sobre todo por el anciano Joaquín Balaguer, del conservador Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), quien ha ocupado por 40 años la escena política dominicana unas veces como presidente (7 veces) y otras como fiel de la balanza para inclinar la voluntad del pueblo (como en 1996 cuando se le birló la victoria al izquierdista y carismático líder Francisco Peña Gómez, con el sambenito de ser “negro y de origen haitiano”).

Algo de historia y geografía

La actual República Dominicana –entre Cuba y Puerto Rico– ocupa la dos terceras partes (al oriente) de la isla caribeña descubierta por Cristóbal Colón en su primer viaje (1492/93) y que llamó LA ESPAÑOLA, en donde fundó el fuerte de Navidad y vivió un tiempo. En 1697, los franceses fundan una colonia próspera por la producción de caña de azúcar, con mano de obra negra, llamada HAITI. La armada francesa que envía Napoleón Iº en 1802 no logra impedir la independencia de Haití en 1804, que ocupa toda la isla y se constituye en la primera república negra (mulata) del mundo y en la segunda independiente de América, después de Estados Unidos. No olvidemos el alto aprecio que tuvo Simón Bolívar por el presidente Alejandro Petion, de quien recibió oportunas ayudas. En 1844, los descendientes de españoles (en su mayoría mulatos) se independizan conformando la actual República Dominicana, sujeta por años a los vaivenes y tempestades políticas del Caribe y no inmune a los viejos prejuicios contra los haitianos. .

 

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El benemérito caudillo

Es larga la lista de famosos dictadores latinoamericanos que han alimentado una rica narrativa y dado pié para intentar un arquetipo que los englobe. Se consagran las imágenes del “Caudillo”, del “Padre de la patria”, del “Sabio”, del “Señor Presidente”, del “Primer Magistrado”, del “Supremo”, del “Patriarca”, del “Bienhechor”, del “Generalísimo”, del “Conductor”, del “Protector”, del “Comandante”. Miguel Angel Asturias (“El señor Presidente”) delínea ya en 1946 un arquetipo de dictador caribeño; Alejo Carpentier (“El recurso del método”) nos define al déspota ilustrado, modernista pero de armas tomar; Roa Bastos (“Yo el Supremo”) nos sintetiza en la figura mítica del Dr. José Gaspar Francia al gobernante clásico de los comienzos de una nación independizada como Paraguay; Gabriel García Márquez (“El retorno del Patriarca”), fiel historiador del Caribe, nos lega de mano maestra la figura del “patriarca” isleño, que se pudre centenario aferrado al poder, sobre el cual ha sido abandonado –como un trasto ya inservible– por los “marines” norteamericanos. Esta última resulta una tipología aplicable a Rafael Leonidas TRUJILLO, nacido en 1891, quien gobernó en forma despótica y cruel, pero con estabilidad y “dominicanidad” (contra los haitianos), desde 1932 hasta 1961 –ya fuera como presidente o como el poder tras el trono de su hermano Héctor desde 1952. Crasssweller escribió en 1966 una biografía sobre “La vida y tiempos de un Dictador caribeño”; Diederich publicó en 1978 “La muerte del Chivo ”, que fue posteriormente reproducida en 1990 como “La muerte del Dictador”. Más recientemente, Lauro Capdevila ha escrito “La Dictadura de Trujillo”, y estos días está siendo muy alabada la última novela de base histórica de Mario Vargas Llosa, “La fiesta del Chivo” (Alfaguara). Trujillo y su familia eran dueños de toda la República Dominicana: de las industrias, las fuerzas armadas, la educación, las tierras laborables, los deportes, la vida intelectual y también las mujeres. La capital la refundó como ciudad Trujillo. Se hizo llamar benefactor y a su mujer la Prestante Dama. El hijo preferido, Ramfis, fue ascendido a general a los siete años de edad en un desfile apoteósico. Es el ejemplo de cómo un poder absoluto, con toda su corrupción, venalidad y discrecionalidad termina devorándose a sí mismo y al pueblo que dice proteger.

 

El sempiterno presidente

Más cercana a nosotros, la figura del expresidente Joaquín Balaguer, quien a sus 94 años de edad se ha presentado –en las elecciones del pasado 16– para una 8a. presidencia suya, es otro indicador casi folklórico de los apetitos de dinastía y poder en las riberas caribeñas. Astuto, escurridizo, camaleónico, ciego desde hace 20 años y casi paralítico, más que un “chivo” es experto en marrullerías y tiene tantos vericuetos como las pirámides de Egipto. En 50 años de vida pública, ha aplicado lo que podría llamarse la teoría del MANGO: esperar a que la fruta tropical madure, y cuando caiga, poner la mano. En el régimen de Trujillo fue embajador, ministro, vicepresidente y tras el asesinato del dictador en 1961, presidente interino. Depuesto el izquierdista Juan Bosch, cuando los “marines” norteamericanos invaden el país en 1965, Balaguer llega con ellos como candidato de Washington y gana las elecciones presidenciales de 1966 –organizadas por la CIA. Su furibundo anticomunismo y anticastrismo le garantiza ser reelegido en 1970 y 1974. Vuelve al poder en 1986; lo mantiene en 1990 y 1994; y queda bien ahora con el ganador en este 2000, al reconocer prontamente su victoria apretada y evitarle tener que ir a una segunda aventurada vuelta electoral.

 

Postdata

El actual presidente Fernández tuvo un buen gobierno de 4 años en el que República Dominicana logró un record en toda América con un 8% de crecimiento en 1999, gracias sobre todo a la industria turística. Creó 440.000 nuevas plazas de empleo, aumentó en un 23% el poder adquisitivo de la moneda, elevó sustancialmente los salarios de maestros, médicos, enfermeras, agrónomos, guardias y policías. Pero los campesinos quedaron quejosos por no haber habido una más equitativa distribución del crecimiento económico. Asume el timón el empreario agrícola Mejía de 59 años, de estilo campechano, descomplicado, ejecutivo; quien ha prometido desarrollar su gestión “con pulcritud y manera diáfana” y “convocar voluntades en busca de una efectiva gobernabilidad”. Es la época de los buenos gerentes y administradores y nó de los antiguos déspotas “benefactores” o resabiados presidentes “vitalicios”.

 

22 mayo 00