| Paraguay
y su gente tienen un encanto especial. Su
capital Asunción (600.000 hab) es
apacible y limpia, bien arbolada con 'apachos'
y bellas mansiones con antejardines. El
vecino lago de Ipacaraý ha inspirado
una de las más bellas melodías
del continente. Accesible queda, aunque
ya en territorio brasileño, Foz de
Iguazú con sus famosas gigantescas
cataratas. La población de algo más
de 6 millones en su mayoría de campesinos
y ganaderos, tiene un ingreso económico
mediocre pero bien repartido, donde hay
pobreza pero no bolsones de miseria.
El
obispo liberacionista
Fernando
Lugo, 56 años, fue ordenado sacerdote católico
en 1977 y viajó a Ecuador como misionero.
Allí trabajó con el famoso Mons. Leonidas
Proaño conocido como el "obispo de los pobres".
Estudia en Roma donde obtiene una licenciatura
en sociología; y regresa a Paraguay para
hacerse cargo de la Congregación religiosa
del Verbo Divino. En 1994 es designado por
Juan Pablo IIº como obispo de la diócesis
de San Pedro, en una de las regiones más
pobres y conflictivas de Paraguay. Allí
se desempeña por 10 años como animador de
organizaciones sociales y campesinas. A
comienzos del 2005, renuncia al obispado
del departamento de San Pedro, tras declararse
impotente para dar respuestas eficaces a
una población cada vez más pobre y desamparada.
"El cambio verdadero pasa por la política",
afirmó. En la Navidad del 2006, tras haber
liderado con éxito una multitudinaria manifestación
contra el presidente Nicolás Cuartas Frutos,
anunció que abandonaba definitivamente el
estado clerical para dedicarse a la política.
El Vaticano lo liberó entonces de sus obligaciones
eclesiásticas. Lugo asimiló las conclusiones
del Episcopado Latinoamericano reunido en
Medellín, Colombia (1968), que aplicó el
recién Concilio Vaticano IIº a la situación
predominante en Latinoamérica, privilegiando
"la acción por los pobres". Y se sintió
afín a la corriente progresista de esos
años concretada en el movimiento "Cristianos
por el Socialismo" (1971-1979) y poco después
canalizada por la "Teología de la Liberación"
en los años 80. Corriente que en muchos
de sus miembros tuvo una fuerte connotación
marxista y revolucionaria. Sus consignas
de dar mayor valía a la praxis sobre la
doctrina ortodoxa, lucha de clases a como
diera lugar, búsqueda del poder político
para desde el Estado implantar un socialismo
real con el apoyo de todas las fuerzas de
izquierda, constituyeron elementos de una
ideología radical, cuyas banderas tuvieron
que ser arriadas a partir de 1989 con el
derrumbe histórico, en cadena, de la experiencia
socialista de los países comunistas. Pero
sus ecos y reminiscencias seguro que están
como brasas en la fogata del obispo liberacionista,
hoy presidente de la República. |
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El
político anticolorado
Con
la victoria de Fernando Lugo, limpia y acatada
por el país, el Coloso Colorado ha
caído en su propia tierra tras 62
años de una hegemonía que
tuvo una etapa de férrea dictadura
por 35 años (Stroessner) y desde
1993 una serie de presidentes colorados
durante etapa democrática. Según
la Constitución, el presidente se
elige en primera vuelta, por un período
de 5 años y sin posible reelección,
debiendo posesionarse el 15 de agosto, fiesta
de la Asunción. Alianza Patriótica
para el Cambio (AP), es una coalición
variopinta de partidos y movimientos sociales
en la que se mezclan liberales, socialistas,
organizaciones campesinas, sindicales y
estudiantiles. Con ella, obtuvo Lugo el
40.8% del voto popular, aventajando por
10% a la candidata gobiernista, Blanca Avelar,
educadora y psicóloga de 50 años
quien fuera Ministra de Educación
en los gobiernos de González Macchi
y del actual Nicanor Duarte. Su ventaja
fue del doble sobre el tercer candidato
el Gral. retirado Luis Oviedo, 64 años,
personaje polémico en política
por su golpe de Estado, su cárcel,
su exilio, quien lideraba el partido Unión
Nacional de Ciudadanos Éticos (UNACE).
Retos
para el nuevo presidente
Lugo
promete una aplazada reforma agraria y dotar
de mayor autonomía e independencia
al poder judicial, que considera que está
"atrapado" por el Ejecutivo, el
cual a su vez, está "atrapado"
por el poder económico, y éste
permanece "atrapado" por la mafia.
Estos los tres nudos gordianos que debe
soltar el nuevo presidente para liberar
el país y hacer efectiva su lucha
contra la pobreza.
"No tener miedo al socialismo",
pidió Lugo en un acto político
de P.MAS en Trinidad. "Los que tienen
miedo cuando escuchan la palabra socialismo
quizás no tengan suficiente información
sobre el sistema", remarcó.
Como buen teólogo de la liberación,
Lugo debe conocer bien y haber estudiado
en la historia de su propio país
lo que fue esa extraordinaria empresa de
las llamadas "reducciones" (comunidades)
de guaraníes en Paraguay, hoy objetos
de arqueología (las ciudades perdidas
de Paraguay). "El intento más
exitoso de aculturación entre todos
los indios sudamericanos" la ha calificado
John Hemming, antropólogo inglés.
Bajo la conducción experta de un
equipo permanente de 50 jesuítas,
durante 150 años se estuvieron educando
cerca de 140.000 guaraníes talentosos
y habilidosos, en 30 zonas autogobernadas,
conviviendo en un modelo de socialismo comunitario,
de inspiración cristiana, que hubiera
llegado a configurar hoy conglomerados humanos
de avanzada civilización. Todo ello
fue abortado en mala hora por las cortes
borbónicas europeas y el edicto de
Carlos III rey de España en 1768
expulsando a los jesuítas de todos
sus dominios. Véase el filme "La
Misión", ganador de un Oscar
por fotografía, con el reparto de
Roberto de Niro y Jeremy Irons.
Moraleja
El presidente Lugo no tiene que mirar a
otros socialismos, ya fracasados y juzgados
por la historia, sino sencillamente reinventar
el socialismo comunitario de las antiguas
"reducciones" en Paraguay.
05
mayo 2008 |