¿Qué pasa en la patria de Sandino?
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Nicaragua es el país más extenso de Centroamérica. Tiene una singular fisonomía geográfica y política. Es la tierra de los lagos y los volcanes, del agua y del fuego. Junta la placidez democrática y la violencia revolucionaria. Es la patria del legendario César Augusto Sandino, asesinado en 1934, quien encarna al indoamericano que insurge del seno de los oprimidos y simboliza la lucha contra el imperialismo yanqui.

José Miguel Insulza, Secretario General de la OEA, acaba de analizar en una conferencia magistral en México, la situación general de América Latina, la cual adolece de falta de gobernabilidad y de instituciones fuertes que resuelvan la problemática cotidiana de los ciudadanos. A propósito de la crisis política en Nicaragua dijo que es “frustrante”, a pesar de los ingentes y hábiles esfuerzos que se vienen haciendo. En Nicaragua –en medio de un grave contexto social de acentuada pobreza, emigración e inseguridad- se viene conformando un amenazante huracán político de difícil análisis. Como en América Latina y el Caribe vivimos en un mundo de espejos, la crisis de gobernabilidad que ocurre en un país puede verse reflejada en otro y puede reproducirse en varios más.

 

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Un desenterrador de cadáveres

Daniel Ortega fue el principal de los nueve comandantes del FSLN (Frente Nacional de Liberación Sandinista) que, el 9 de julio 1979, destronaron la odiada dinastía de los Somozas, apoyados por un amplio frente popular de las fuerzas progresistas del país, en las que estaba también la Iglesia Católica. La bandera roja-negra recogía en sus contrastantes colores los ideales de una revolución que fue exitosa en la toma del poder. Pero que a los 10 años (25 abril 1990) tuvo que reconocer su derrota en las urnas, frente a una mujer inválida, Violeta Chamorro. El régimen sandinista que prometía tanto, cometió grandes errores y fracasó tristemente. Los dos grandes factores decisorios fueron: 1) El descalabro económico, bien estudiado por el economista nicaragüense Jorge Alanys (inicialmente partidario sandinista) en su trabajo “El suicidio económico de los sandinistas”, que coincide con dos informes simultáneos de 1989 de la CEPAL y del BID (Banco Interamericano de Desarrollo). 2) El camorrismo que el régimen y sus funcionarios montaron contra casi todas las fuerzas vivas del país, por sobreapego a la ideología marxista-cubana y falta de realismo político y pragmatismo. Pero Daniel Ortega no ha cejado en volver al poder, por todos los medios. Ha perdido en las tres elecciones presidenciales anteriores, e intenta volver ahora en una cuarta. Ha desdibujado algo el rojo fuerte emblemático hacia un rosado casi gay y entrado en alianzas hasta con el diablo.

 

Un infame pacto político

Enrique Bolaños, del Partido Liberal Constitucional (PLC), con 56% de los votos válidos (queda con 53 diputados parlamentarios), gana en las elecciones de 2001 a Daniel Ortega del FSLN quien obtuvo el 42% (38 parlamentarios). Bolaños se posesiona como Presidente a comienzos de 2002 y lanza una fuerte campaña anticorrupción, que tiene masivo respaldo en toda la población y afecta al anterior Presidente, de su mismo partido. Alemán termina en la cárcel, por estafas contra el Estado del orden de 600 millones de dólares, utilizados en beneficio personal y de sus allegados. Tras bambalinas, logran Ortega (FSLN) y la parte mayoritaria del PLC que defiende y sigue apoyando a Alemán pactar una tenaza, que se adueña de todos los poderes públicos (el Parlamento, la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Supremo Electoral, la Contraloría y la Fiscalía). El 30 de junio pasado una multitud sin precedentes se lanzó a las calles en Managua para protestar contra este pacto inefable entre Ortega y Alemán. El Ejecutivo de Bolaños ha quedado sin su base de sustentación y amenazado también de desafuero, es decir “sacada del poder” con visos de legalidad y por supuestas irregularidades electorales en el 2001. El original cobro de cuentas ya se ha aplicado a dos de sus ministros y se lo está intentando aplicar a otros cuatro de los colaboradores cercanos, que están en este momento en Washington. Pero una cosa es lo que piensa la bestia y otra lo que piensa el que la ensilla, en este caso, el pueblo sencillo con sus nuevas generaciones e infinidad de Ongs y sectores populares organizados de la sociedad civil, que no discurren por los canales adulterados de los dos o tres partidos políticos institucionales.

 

Una generación joven al rescate del sandinismo

Por lo pronto, el 20 de agosto pasado se constituyó el MRS (Movimiento por el Rescate del Sandinismo), designando como su candidato presidencial de izquierda a Herty Lewites, exalcalde de la capital, quien había sido expulsado en febrero del FSLN por disputarle a Ortega la nominación oficial del partido. Su candidatura correrá ahora bajo las banderas del recién
formado partido centrista PAC (Partido Alternativa Cristiana) que irá capitalizando votos de otras corrientes y de independientes, abortando los planes de la cúpula Ortega-Alemán, la actual oligarquía de los nuevos ricos en Nicaragua.

Bien ha escrito Sergio Ramírez, gran intelectual y escritor, quien fuera vicepresidente del régimen sandinista, en brillante columna: “Si la política empieza a perder su desprestigio, y los dueños del pacto empiezan a perder la calle, Nicaragua comienza a ganar su salida del túnel, algo que hasta hace poco parecía poco posible. No es cierto entonces que los nicaragüenses estuviéramos viviendo bajo el síndrome de Estocolmo. Lo que ocurre es que se ha acabado la paciencia. Y cada vez que en Nicaragua se acaba la paciencia, ocurren cosas que quedan escritas en la historia”.

3 octubre 2005