Elecciones. El cometa Ortega
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Nicaragua, el país más extenso de Centroamérica, tiene una singular fisonomía geográfica y política. Es la tierra de los lagos y los volcanes, del agua y el fuego, de la placidez democrática y la violencia revolucionaria. Es el país del legendario César Augusto Sandino, asesinado en 1934, que encarna al indoamericano que insurge del seno de los oprimidos y simboliza la lucha contra el imperialismo yanqui. Las pasadas elecciones generales, realizadas con gran civismo el domingo 4 de noviembre, son un nuevo hito en la recuperación democrática tras las fuertes tensiones polìticas de 15 años.

La revolución sandinista

La bandera del FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) recoge en sus contrastantes colores ROJO y NEGRO los ideales de una revolución que fue exitosa en la toma del poder y promisoria, pero que cometió errores y fracasó luctuosamente. Apoyado por un amplio frente popular de las fuerzas progresistas del país, el FSLN tumba el 9 de julio de 1979 la longeva y exprimidora dinastía de los Somozas. Inicia y pone en funcionamiento -superando enormes dificultades- una de las más cacareadas revoluciones del Tercer Mundo. Revolución desde el poder que tuvo sanos ingredientes nacionalistas, populistas, cristianos y marxistas. Pero a los 10 años de instaurada, colapsó en las urnas, un 25 de abril de 1990. El binomio "Pueblo-Ejército", que parecía invencible porque garantizaba unidad y con ella victoria, gana una "guerra sucia" contra los Contras apoyados por Estados Unidos. Pero pierde el apoyo del Pueblo en las papeletas electorales. La "vitrina" que se había montado desde un bello país para que fuera el laboratorio socio-político de una revolución anti-imperialista, que pudiera propagarse por el continente, se quebró en astillas. No por acción de las balas sino de los votos en un juego limpio democrático. Todos los análisis apuntan a dos factores principales (que se les salieron de las manos al Frente Sandinista), que fueron los que generaron la crisis de la revolución y propiciaron la derrota en las urnas frente a la candidatura de una desvalida mujer, Violeta Chamorro. Los factores decisorios fueron: 1) el descalabro económico y 2) el camorreo del régimen contra la sociedad.

 

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El fracaso económico del sandinismo

Es incontrovertible. Lo dejó bien estudiado el economista nicaraguense Jorge Alanys, inicialmente partidario sandinista, quien estuvo en el Fondo Internacional de Reconstrucción de Nicaragua. Su trabajo se titula: "El suicidio económico de los sandinistas". Y sus cifras coinciden con las de la CEPAL (que siempre mostró favoritismo por la revolución sandinista) y con las del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) en su Informe de 1989 sobre Nicaragua. Todos los indicadores eran exageradamente negativos: ingreso medio del nicaraguense, inflación, deuda externa, desempleo, devaluaciones de la moneda, recesión productiva... Es un hecho que ninguna ideología política -por bella que sea- puede llenar los bolsillos de un pueblo cada día más pauperizado.

 

La tendencia camorrista.

Por otro lado, desde su inicio en 1979, el régimen sandinista mostró una dinámica, impuesta por los 9 comandantes, con pretensiones hegemónicas de claro corte leninista. Hostigamiento a los medios de comunicación, a las asociaciones privadas y libertades ciudadanas, que redujeron el ámbito democrático. Hostigamiento a los empresarios e inversionistas, que provocó su huída. Hostigamiento a los indios miskitos en sus asentamientos sobre el Atlántico. Hostigamiento a la Iglesia Católica (de muy honda raigambre en la población), con tácticas de crear una "Iglesia popular" enfrentada a la "Iglesia jerárquica", que le fue enajenando al sandinismo el respaldo popular. Cualquier parecido con la actual coyuntura venezolana es mera coincidencia. Resultan hoy de gran valor las confesiones que el gran ideólogo sandinista, Tomás Borge, hizo a la periodista Fabiola Zerpa ("El Nacional ", 18 octubre 1996,p. A/2):
*Pregunta: ¿Usted entonces reconoce que el sandinismo pecó de engreimiento? Respuesta: "Y no sólo de eso. Cometimos abusos y arbitrariedades en aras de defender a la patria golpeada por agresiones de todo tipo, e impulsados por la inexperiencia y la desesperación. Enfrentados a la potencia más grande del mundo, no supimos acompañar nuestra defensa de la suficiente modestia revolucionaria".
* Pregunta: Dígame tres errores básicos que cometió el sandinismo. Respuesta: "Desde el punto de vista económico, haber concebido grandes megaproyectos creyéndonos ya los faraones: pura fantasía. Un segundo error: no haber distribuido la tierra legalizando las propiedades de los campesinos, porque se dieron títulos de propiedad agraria que no tienen legalidad. Otro error: haber establecido la censura de la prensa".

 

Un segundo descalabro

El sandinismo perdió en 1990 el poder político, pero retuvo 38 escaños de los 90 en la Asamblea Nacional. Y se convirtió en un fuerte poder social durante el gobierno de Chamorro, con banderas que nunca podrían ser arriadas: los valores nacionalistas y anti-imperialistas, los avances culturales, de sensibilidad social, de participación popular. Y podía reclamar logros innegables en educación, cultura, salud, reforma agraria, cooperativas, mística nacionalista. Sin embargo -como reconoció Sergio Ramírez, vicepresidente en el gobierno sandinista- la primera presidente mujer en Centroamérica, con gracia, con mucho de picardía, con más inteligencia de la que muchos le quisieron suponer, puso fin al ruido de las armas e hizo un gobierno caracterizado por paz, reconciliación y democracia. En 1996, el comandante Ortega vuelve a perder por 10% las elecciones frente al candidato del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Arnaldo Alemán.

 

El ocaso del comandante

Los pronósticos para las pasadas elecciones del 4 daban un apretado empate técnico (un "escenario de pesadilla" lo calificó alguno) entre Daniel Ortega y Enrique Bolaños, 73 años, ingeniero industrial de la Universidad de Saint Louis, Missouri, empresario agroindustrial y por cuatro años Vicepresidente de Alemán. El discurso de Ortega trató de desdibujar las aristas del antiguo sandinismo (hasta destiñó el rojo de la bandera en un rosado travesti); apeló como predicador mesiánico al estribillo: "Nicaragua unida, vamos a la tierra prometida!" y con buen fundamento denunció la pobreza no resuelta y la escandalosa corrupción del régimen al que sirvió Bolaños. Sin embargo, de nuevo, más de un 10% de ventaja para su contrincante, deja a Ortega como el perdedor. Pudo en el electorado más el miedo al pasado sandinista de Ortega que la prospectiva de corrupción. Pudo más en las urnas el veto de Estados Unidos al amigo de Cuba, de Libia y de terroristas famosos, la desconfianza norteamericana para quien condecoró en el Caguán al Jefe colombiano de las FARC y quien elogió desmesuradamente a Chávez., que el buen pasado de Ortega con reconocimiento oportuno de sus errores. Es la Broma (Kundera 1985) que la historia reciente le sigue jugando a los intentos de hegemonía a nombre del pueblo. El Comandante Ortega venía de un país donde el porvenir ya tuvo lugar. Su cola de cometa luminoso se acaba de esfumar por el horizonte. Pero no olvidemos que los cometas son recurrentes.