El fin de un melodrama
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Las llamadas Repúblicas bananeras de Centroamérica y el Caribe (con excepción de Costa Rica), tienen un largo historial trágico de extendida pobreza, de problemática social honda (que es matriz de levantamientos populares, de organizaciones siniestras, de madrugonazos militares ) y de un tipo de Estado fallido o muy débil institucionalmente.

Honduras no escapa de este cuadro de malestar. Por 5 meses ha sido escenario de una montaña rusa de sube y baja, de aciertos y desaciertos, de escalofríos y amenazas, de mucho de teatro y algo de comedia.

Agentes espectaculares y errores

Zelaya. Sale al exilio en pijama, a medianoche, forzado por soldados. Siempre con un sombrero alón mejicano y su bigote abundante, sin descubrirse ni ante personajes o auditorios importantes, encarna el personaje que él se ha hecho- alrededor del cual debe girar todo-, que toca a todas las puertas y no sabe qué hacer al pasar de unas manos a otras. Habló mucho y pudo hacer poco. Abundó en afirmaciones altisonantes y poco realistas. Creyó en las promesas y apoyos de sus interesados amigos. Tras un accidentado viaje en jeep y mula desde Nicaragua logró introducirse subrepticiamente (sin permiso de nadie) en la embajada de Brasil en Tegucigalpa y quedar allí en una situación de limbo (ni de exilado, ni de asilado político, ni de refugiado) que puso de bulto su melodrama. Acepta un acuerdo de punto final y resulta diciendo ahora que 'no le jala'.

 

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• Micheletti. Otro que asume su papel en el escenario, tras su designación como presidente por el Congreso de la República. Con voz estentórea y actos autoritarios de gobierno, hace y deshace nudos diplomáticos, ordena estados de sitio y los levanta al día siguiente, juega con los medios de comunicación (prensa, radio, tv) como si fuera el legítimo presidente elegido por elecciones populares (algo que venía buscando de años atrás).

• Inzulsa (OEA). Es el personaje a quien le fue peor en esta movida de mata centroamericana. Y eso que está a las puertas de una reelección como Secretario general de la OEA. El instinto político le falló al dejarse impresionar más de lo justo por las reuniones unánimes de los países de la ALBA, sus amenazas y declaraciones. No aplicó la Carta Democrática de la OEA sino después de los hechos, habiendo podido prevenirlos con la mediación óptima de Arias (presidente de Costa Rica y Nóbel de paz) como se hizo después con su famosa fórmula de 6 puntos. Expulsa a Honduras de la OEA, cuando por otro lado trata de integrar a Cuba a pesar de los lastres que todavía tiene. Y alardeó demasiado con amenazas a Honduras, tales como un embargo total (algo que todo el mundo está pidiendo se le levante a Cuba) e inhabilitarla políticamente de tajo al declarar con anticipación que la OEA no reconocería la legitimidad del nuevo presidente que saliera elegido de los comicios de noviembre. Es decir, era declarar paria a Honduras por no ser un país rico y poderoso militarmente; tratarlo como si fuera un país inexistente.

• Chávez. Amigos, oposicionistas, prensa y analistas en general están de acuerdo en afirmar que "Hugo Chávez, presidente de Venezuela, es un actor principal del conflicto hondureño" (Siete días, El Nacional 5 julio 2009). "El presidente Chávez está implicado desde que el presidente Zelaya se incorporó a la ALBA" (Roberto Cajina experto en políticas de seguridad y defensa de Centroamérica). Con rapidez y eficacia puso a disposición de Zelaya recursos, personal diplomático, avión, apoyo para algún tipo de reingreso a Honduras desde el extranjero y movilizó sus huestes bolivarianas en contra del régimen de facto. Chávez y sus corifeos de la ALBA cometieron varios errores de calculo que dejaron descubiertas sus intenciones y pretensiones de 'revolución bolivariana' continental. Creyeron que Honduras era un bocado fácil (como lo habían sido Bolivia, Ecuador, la misma Venezuela) y se tropezaron con un país pequeño y pobre pero de mucha dignidad y altivez. Se dieron de frente con una clase política no entreguista, con unas Fuerzas Armadas patriotas e incorruptibles.

• Estados Unidos (Obama). Más pragmático y menos principista que su antecesor, más partidario del diálogo como metodología que de ultimatums, Obama
no aceptó ser el árbitro de la delicada situación de Honduras. Pero sí trazó su línea. Adhirió a la mediación sabia del presidente Arias y a los seis puntos de acuerdo para posible solución del conflicto. Pero se equivocó -impresionado por las voces extremistas de favorecer a toda costa a Zelaya- al anunciar que no reconocería legitimidad a las próximas elecciones del 29 noviembre, si no había previamente reposición del presidente Zelaya. Algo que evidentemente precluía y cerraba de antemano la única salida democrática prevista por la Carta Democrática de las Américas. A saber, que cuando se ha roto el hilo constitucional en un país, hay que recurrir entonces directamente al voto del pueblo soberano a través de elecciones. En forma discreta y hábil se movieron las fichas para que se diera un acuerdo, aprobado por las dos partes, para lo que puede y debe ser punto final del enrevesado melodrama. El conflicto se traslada ahora al Congreso de la República hondureña, el cual decidirá -previa opinión de la Corte Suprema de Justicia- si Zelaya regresa o nó al poder y cuándo, manteniéndose las elecciones presidenciales del 29 noviembre como fiel de la balanza.

10 noviembre 2009