El Papa en Cuba : Las 4 estaciones de Fidel
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Con este título, Jean-Pierre Clerc publicó en 1996 un segundo libro suyo, actualizando la biografía que en 1988 había elaborado sobre Fidel de Cuba. El esquema de las estaciones (donde las hay) es válido para esbozar en cuatro grandes etapas lo que ha sido una de las revoluciones más espectaculares del mundo, en ese pequeño escenario caribeño, que pronto será testigo de un encuentro singular entre Juan Pablo IIº y Fidel Castro.

1. Primavera (1959-1963).
La entrada tirunfal de Castro, como "comandante en jefe", a La Habana, el 8 de enero del 59, inicia una toma revolucionaria del poder, inédita hasta entonces y no prevista por los clásicos marxistas-leninistas. Cuba en la década de los años 50, no era ni el país más pobre del Caribe ni el más industrializado de América Latina. Por su PNB ocupaba un tercer puesto tras Argentina y Venezuela. La Revolución de Castro (contrariando hipótesis de varios especialistas) no fue el resultado de una insurrección popular, ni de un movimiento campesino o agrario, ni menos de una acción organizada por un proletariado urbano. Como bien subrayó Regis Debray en su Revolución en la Revolución, Castro ganó porque adaptó las tácticas guerrilleras a las condiciones de Cuba, enfatizando el "foco" militar más que el levantamiento popular. Y la consolidación del poder fue también algo inédito, por su rapidez y efectividad. Castro fue aislando y eliminando, una tras otra, las fuerzas vivas que pudieran habérsele opuesto y hábilmente logró que no se coaligaran en su contra. La huída de un millón de cubanos (algunos de ellos influyentes) a "escampar" la revolución en Florida y la situación propia de Cuba, como isla homogénea y relativamente aislada, le facilitaron la tarea. Fueron instrumentos efectivos para ello: los tribunales revolucionarios que puso a funcionar; las reformas agraria y urbana que implementó en los dos primeros años; la alianza abierta que pactó con el Partido Comunista (de la que salió inicialmente el Partido Socialista Popular hasta 1963); y la postura airosa, desafiante, beligerante que adoptó frente al imperialismo del Tio Sam, mientras aceptaba la protección del Oso soviético, en plena guerra fria mundial.

 

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2. Verano (1963-1970).
Castro fuerza a una estatización -con fuerte control central y planificación económica, bajo un sistema de partido único- siguiendo el modelo soviético. Radicaliza los métodos; pone más énfasis en la ideología revolucionaria; moviliza e incentiva al país a una producción record de azúcar, que debía llegar a 10 millones de toneladas métricas (como a punto máximo del esfuerzo). Y sólo llegó a 8.5 millones en 1970.

3. Otoño (1971-1985).
A pesar de las fallas que se reconocen por la dislocación económica y la sovietización de la Isla, son innegables los logros de la Revolución cubana en bienestar social (educación, salud, deporte, vivienda). Castro no creó riqueza, pero sí erradicó la pobreza. Puede decirse que hizo una buena distribución del subdesarrollo. Pero adoleció de las mismas disfunciones y distructuras de los demás sistemas comunistas: desperdicio de recursos, burocratismo parásito, ineficiencia e improductividad que se manifiesta en un racionamiento permanente de bienes de consumo y alimentos…Sin embargo Castro mostró más capacidad de autocrítica que otros, y con imaginación revolucinaria abrió ventanas de oxigenación, embarcando a la Isla en misiones extranjeras de ayuda a movimientos liberacionistas en Africa y América Latina.

4. Invierno (1986-1998).
La "perestroika" (democratización interna del socialismo) inducida por Gorbachov (Secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética desde 1985), el ulterior colapso -uno tras otro- de los regímenes comunistas de Europa del Este y la desintegración del Imperio soviético, dejaron al régimen comunista de Castro desamparado de todo apoyo, colgado de la brocha roja, y enfrentado a un endurecimiento del bloqueo norteamericano y a un aislamiento creciente internacional. El viejo y aguerrido león de 71 años ha tenido ahora que agazaparse en su caverna de invierno; sigue rugiendo fuerte contra el vecino del norte, pero debe contentarse con los pocos huesos que le deja el turismo. Espera que se le aparezca la Virgen (del Cobre) en un milagro mediático del Papa, un prodigio sobrenatural de esos en los que nunca creyó Castro.

 

12 de ENERO 1998