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30 años de la actual COMUNIDAD ANDINA DE
NACIONES se celebraron la semana pasada
con la reunión XI de Presidentes, en Cartagena
de Indias. La ocasión lo ameritaba, pues
son muchos sus logros, a pesar de los altibajos
y dificultades en que se han visto envueltos
todos los países miembros. Y era propicia
la reunión para inyectar, con voluntad política,
nuevo dinamismo a la Unión y buscar la superación
de medidas unilaterales que van en clara
contravía del proceso de integración.
La
tranca en la rueda
A
raíz del largo paro de transportistas
del Táchira, con posible perturbación
del orden público, el actual gobierno
cerró el territorio venezolano al
paso de transporte colombiano de carga,
en clara contravención del artículo
399 adoptado por los 5 países del
Pacto Andino. El tema es espinoso y suscita
fuertes resonancias nacionalistas de lado
y lado. Por ello, me ha parecido lo mejor
dejar hablar a una de las personas más
autorizadas que tiene el país sobre
la materia, pues, a más de sus títulos,
ha ocupado altos puestos en el mundo empresarial,
conoce bien el asunto y es miembro actual
del Consejo Editorial de El Nacional de
Caracas. Ella gentilmente me ha facilitado
el texto completo de un artículo
documentado, que va a salir publicado en
el próximo número de la prestigiosa
revista Veneconomía cuya lectura
recomendamos. Beatriz de Majo ya se había
pronunciado, con imparcialidad y altura,
sobre el problema cuando reventó
en la administración Caldera, como
lo hizo más recientemente en la nueva
administración Chávez (El
Nacional, 18 mayo 1999). |
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Presupuestos
1)
"Como en todo negocio de un mundo cada vez
más integrado, la actividad económica de
transporte de cargas terrestres entre compradores
y vendedores de dos países, debe contar
con actores que se impliquen en el mismo
con criterios muy exigentes de eficiencia".
El problema, en el fondo, es de competencia
y eficiencia.
2) "Cuanto más la actividad empresarial
esté descontaminada de ruidos de carácter
político, mayores beneficios aporta a la
comunidad dentro de la cual se inserta y
sus accionistas". Politizar el paro de los
transportistas del Táchira no es la manera
de consultar los mejores intereses de Venezuela.
Los
actores de la trifulca
1)
Por un lado, "están los transportistas del
Táchira que cuentan con parques de gandolas
pequeños en número, en capacidad, en potencia,
factor éste que determina ineficiencias
que los han estado penalizando a lo largo
de los años…Los empresarios-camioneros del
Estado fronterizo vienen sufriendo de atrás
las consecuencias de un conjunto de internalidades
y externalidades en sus negocios que han
impactado negativamente el desarrollo de
la actividad de transporte de mercancías
en el Estado".
2) Por otro lado, "están las flotas de transporte
internacional, conformadas por unidades
de gran potencia y de gran capacidad, aptas
para un 'performance' geográfico muy exigente
como es el de escalar 3.000 mts de inclinada
pendiente que separa a Cúcuta de Bucaramanga
o los 3.500 mts que hay entre Cartagena
y Medellín".
Los
argumentos del conflicto
1)"Los transportistas colombianos gozan
de mejores condiciones en su país para ejercer
la actividad transportadora que los gandoleros
venezolanos, quienes deben asumir enormes
riesgos para transitar la geografía del
país vecino. Colombia es un país inseguro".
Frente a este que ha sido el principal y
más sustantivo argumento para exigir de
las autoridades venezolanas la suspensión
de la decisión 399 del Acuerdo de Cartagena
que norma el libre tránsito, la autora del
estudio observa que "la organización de
la seguridad en las carreteras colombianas
es un tema que las empresas colombianas
han aprendido a manejar como cualquier otra
contingencia del negocio, y de la misma
manera lo manejan las empresas venezolanas
de transporte internacional de carga, calificadas
como tales...que les permite trasladar las
mercancías sin percances hasta el centro
de la quebrada geografía vecina". El repaso
de las estadísticas señala que son contados
los casos de autobuses de pasajeros o camiones
de carga -tanto venezolanos como colombianos-
que han sido secuestrados o retenidos en
territorio colombiano.
2) El otro argumento y "la peor de las manipulaciones
es la que surge de hacer creer a toda la
colectividad venezolana que nuestros empresarios
venezolanos han sido excluidos del jugoso
negocio que representa el transporte de
los 2.500 millones de dólares en mercancías
por el intercambio binacional". Frente a
esta falacia, debería saberse que "8 empresas
transportistas venezolanas de calificación
internacional, las más grandes, tienen vinculados
124 vehículos colombianos en su flota, mientras
que las 7 más importantes transportadoras
internacionales colombianas incorporan 1.099
unidades de carga de esta querida tierra
venezolana". Lo que hay, de hecho, es un
promisorio negocio común entre empresas
y empresarios de ambos países. El problema
no es, pues de carácter binacional (un gigantesco
sector colombiano que impidiera crecer a
un desvalido sector venezolano). La realidad
es la de un gran sector venezolano-colombiano
(bien organizado, integrado y competitivo
por su eficiencia), al cual un pequeño sector
particular del Táchira le achaca todas sus
calamidades. El problema regional persiste;
pero no se le puede dar el carácter conflictivo
anti-colombiano que quisiera un cierto "nacionalismo
ultroso y mentiroso".
¿Quiénes
los más afectados?
De
persistir la medida de impedir el libre
transporte de carga desde Colombia y entrar
en vigencia a partir del 8 de Junio la orden
de transbordar carga en la frontera, "los
sobrecostos de transporte y aseguramiento
de carga son efectivamente colosales, con
un efecto multiplicador en las tasas aduaneras
y el IVA aplicable al producto importado,
que tendrá que pagar el principal afectado,
el comprador final". "Los productos colombianos
que forman hoy parte de nuestro consumo
diario, se verán incrementados". "Además
de que es mucho mayor la flota venezolana
que la colombiana en empresas calificadas
para prestar el servicio..., basta comparar
el valor de las cargas que transitan de
Venezuela hacia Colombia (1.600 millones
de dólares) con el valor de las que viajan
de allá para acá (900 millones de dólares),
para ver que las mercancías más afectadas
tendrán que ser las nuestras".
"Sólo
a título de ejemplo mencionaré que buena
parte de los insumos para fabricación de
envases plásticos para alimentos provienen
del otro lado de la frontera. El incremento
de costos en estos rubros se va a trasladar
al consumidor". El incremento del costo
por movilización de carga en la frontera
- que puede ser de un 10% a un 15%-, los
riesgos inevitables de deterioro y robo,
el congestionamiento colosal que va a presentarse
en los puntos de trasbordo…todo lleva a
pensar que "realmente estamos peinados por
todos lados". "Pero como a fin de cuentas,
las empresas no se quedan cruzadas de brazos
ante contingencias como estas, muchas de
ellas ya se encuentran organizando sus cargamentos
de manera de trasportarlos desde los puertos
de la costa colombiana hasta Puerto Cabello,
por vía marítima, lo que beneficiará a terceros
transportistas -ni venezolanos ni colombianos-,
y el plato roto, una vez más lo pagará el
consumidor".
Se
estima que la venta de productos químicos
en el exterior representa aproximadamente
16% de las exportaciones no tradicionales
de Venezuela. Pues, bien, ya Asoquim (Asociación
de Industriales Químicos y Petroquímicos)
anunció que sus productos serán trasladados
a Colombia (y a través suyo a otras naciones
andinas) por vía marítima. Y para su presidente,
Gonzalo Mendoza, "la medida gubernamental
sobre el transporte de tierra constituye
un retroceso en el proceso de integración
y de apertura de fronteras" (El Nacional,
25 mayo).
31 mayo 1999 |