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Al
presidente Uribe Vélez no le fue mal en
la pasada reunión de UNASUR en Bariloche
(Argentina). Con una visita previa relámpago
que hizo a siete presidentes de la región
logró que la reunión no se le volviera una
encerrona y que Colombia no hubiera sido
sentada en el banquillo de los acusados
como el patito feo del continente, algo
que deseaban algunos países de la Alba.
Hizo respetar la decisión legítima y soberana
de su país en defensa de la seguridad interna
con la ampliación de ayuda que le viene
prestando Estados Unidos a través del Plan
Colombia en la lucha antinarcóticos y antiguerrillas
terroristas, Plan que ya lleva ejecutándose
10 años. Y ha dado todas las garantías de
que el nuevo acuerdo de ampliación para
el uso de sus bases con EUA no se aplicará
sino al interior de Colombia, sin ninguna
amenaza para otros países. Uribe logró introducir,
además, en la agenda de Unasur temas hasta
ahora inéditos o vedados en la OEA como
el de la preocupante carrera armamentista,
la transparencia en todos los acuerdos de
cooperación militar, las garantías de seguridad
regional. Su discusión ya comenzó en la
primera reunión del Consejo Suramericano
de Defensa (15 septiembre, Quito) |
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El Plan Colombia
Cuando el Plan Colombia se forjó
hace 10 años, el país atravesaba
una coyuntura difícil en la que dos
poderes paralelos y deletéreos (guerrilla
y narcotráfico) afectaban gravemente
la gobernabilidad y legítima autonomía
del Estado colombiano. El Plan Colombia
se concibió entonces (1999 cuando
era Andrés Pastrana presidente) como
oportuno remolque salvavidas -con ayuda
extranjera- para el rescate de la institucionalidad
democrática del país que estaba
haciendo agua; y había que taponar
las dos heridas que más afectaban
sus órganos vitales, a saber, el
narcotráfico y el terrorismo subversivo.
El Plan se lo concebía como un compromiso
estratégico de largo plazo entre
Washington y Bogotá. Quería
ser una solución integral y ambiciosa
para un problema con múltiples causas.
Se equivocan quienes reducen el apoyo norteamericano
a un simple tema de dinero más o
menos bien empleado en fumigaciones. Es
todo un problema más hondo de estrategia
binacional a mediano plazo. La política
de Seguridad Democrática, tan exitosamente
aplicada por el presidente Uribe en estos
7 años (y que el país nacional
aprecia con un 72% de opinión favorable),
nunca hubiera sido posible sin los resultados
previos del Plan Colombia. Las cifras señalan
que las Fuerzas Armadas dieron un gran salto
cualitativo y cuantitativo con la ayuda
económica, tecnológica y estratégica
del acuerdo binacional. Y se equivocan también
quienes quieren hacer ver que la prórroga
binacional del Plan constituye una amenaza
militarista para países vecinos.
Sólo un gran prejuicio contra Estados
Unidos y Colombia señala un perjuicio
para terceros países. Para Estados
Unidos era necesario y urgente reemplazar
la gigantesca base militar que poseía
en Manta (Ecuador). Al poder utilizar la
base 100% colombiana de Palanquero, de gran
importancia estratégica sobre el
Río Magdalena en el centro del país
(y que ya se está remodelando con
45 millones de dólares iniciales),
Estados Unidos podrá monitorear con
sus sofisticados aparatos y tecnología
las rutas y desplazamiento del narcotráfico
desde Suramérica hacia el Pacífico
(Centroamérica, Estados Unidos, Canadá)
así como hacia el Atlántico
(Europa y Africa). Y Colombia gana con el
aumento sustancial de sus capacidades de
inteligencia, que son hoy cruciales para
un mejor desempeño tanto antinarcóticos
como antiguerrillero.
Moraleja
"Colombia debe mantenerse como
fuerte aliado, bajo la sombrilla protectora
de los Estados Unidos. Colombia necesita
fortalecer la cooperación militar
con Estados Unidos. Y para esto es necesario
mantener por rato el Plan Colombia como
imprescindible instrumento" (Alfredo
Rangel, observador internacionalista colombiano).
27 octubre 2009 |