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A
los 30 años del gobierno de Allende, llega
a la presidencia de Chile otro socialista,
pero con mayor moderación y abierto a más
flexibles alianzas con otros partidos. Ricardo
Lagos Escobar, tras una reñida competencia,
en la que la primera vuelta sólo le dió
28.000 votos de ventaja sobre el candidato
de derechas, en la segunda vuelta del pasado
16 de enero logró consagrarse como ganador,
para tomar posesión de la Presidencia el
próximo 11 de marzo. Esta vez obtuvo una
ventaja de 180.000 votos (51.32% del electorado)
sobre su rival Joaquín Lavín (48.68%).
Un
Chile muy cambiado
Los europeos especialmente, y en general
los extranjeros, no logramos entender lo
que pasa en Chile tras 27 años del sangriento
golpe de Estado propinado por Pinochet.
¿Cómo es posible que haya todavía una mitad
del país pinochetista y que no se prevean
posibles movilizaciones organizadas de protesta
frente al inminente retorno del “paciente
inglés” ? Se nos olvida que Chile ha cambiado
profundamente desde entonces. El régimen
militar y el éxito económico que lo acompañó
en sus últimos años (y que se mantiene tras
dos gobiernos democráticos) prácticamente
anuló el debate político. |
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| Se
ganó la lealtad de una clase media que había
sufrido grandes privaciones en años anteriores.
Y cuando entregó el gobierno en 1989 no
lo hizo acosado por su extrema debilidad
–como pudo haber sido el caso en Argentina–,
sino bajo fuertes condiciones políticas
que los principales partidos del centro
y de la izquierda aceptaron demasiado fácilmente.
Ello dió origen a la Concertación Nacional,
que dió a Pinochet entrada al sistema democrático
y legitimó el que fuerzas políticas que
lo apoyaron pudieran presentarse como válida
opción de poder, como lo acaban de hacer
con la candidatura de Lavín. Bien ha expresado
Antonio Caño que “la sociedad chilena evolucionó
políticamente y creció económicamente sobre
la base de ese consenso, y éste se ha convertido
hoy en una realidad irreversible en la democracia
chilena”.
Lagos
el socialista
Ricardo
Lagos cumplirá 62 años en
marzo. Natural de Santiago, de clase media.
Su mamá tiene 103 años. Su
educación en liceo y universidad
fue en instituciones estatales. Dió
sus primeros pasos en política en
la Escuela de Derecho, como miembro del
Partido Radical (socialdemócrata).
Durante el gobierno de la Unidad Popular
fue secretario general de la Universidad
de Chile. Había sido nombrado por
Allende Embajador ante la Unión Soviética,
función que quedó abortada.
Salió del país en 1974 y regresó
en 1979 con un mensaje renovado para el
Partido Socialista (que había sido
exageradamente radical cuando Allende) y
propició un acercamiento con la Democracia
Cristiana para derrocar la dictadura. En
1987 fundó el Partido por la Democracia
(PPD), manteniendo sin embargo su militancia
en el Partido Socialista (PS). En 1989 declina
su aspiración a favor de Patricio
Aylwin, primer presidente de la Concertación
Nacional (del que fue ministo de Educación),
y en 1993 disputó las primarias de
la coalición con Eduardo Frei, quien
lo derrotó ( y del que fue ministro
de Obras Públicas). Una biógrafa
suya, la periodista Patricia Politzer (“El
Libro de Lagos”) subraya la amistad
personal que tiene con Felipe González
y lo define como “una curiosa mezcla
de socialdemocracia europea y vieja estirpe
radical criolla”. Autor de varios
libros, ha mostrado preferencia por pensadores
liberales como Isaiah Berlin (de quien aprecia
su antiideologismo y su insistencia en que
los cambios sociales deben hacerse con las
mayorías) y sintoniza con John Rawls
en temas como la justicia y la igualdad
de oportunidades. Hay quienes llaman la
atención sobre el hecho de que el
nuevo presidente (casado en primeras nupcias
con Carmen Weber y en segundas con Luisa
Durán, en un país en donde
no existe el divorcio) y quien se ha profesado
públicamente agnóstico, debe
gobernar en un país en el que la
Iglesia Católica tiene un profundo
y bien cimentado influjo nacional. Dos días
antes de las elecciones presidenciales,
causó revuelo el nombramiento por
el Vaticano del nuevo rector de la todopoderosa
Universidad Católica de Chile (formadora
de categorías dirigentes del país;
controla el Canal 13 de televisión,
el de mayor audiencia en Chile; patrocina
uno de los más populares clubes de
fútbol). La designación recayó,
de entre 4 candidatos propuestos, en Pedro
Russo, rector de consenso, a medio camino
entre el preferido por el gobierno de la
Concertaciòn (Coeymans) y el de la
oposición pinochetista (Varas). Lo
que indica una actitud conciliadora y de
unión nacional de la Iglesia, acorde
con el “attegiamento” de Lagos.
Crecimiento
con equidad
El
tema central e inicial de la campaña
electoral de Lagos estuvo bien escogido.
“Crecer con equidad”, con igualdad,
lo ubicaba en continuidad con dos administraciones
de la Concertación Nacional, que
han sido exitosas en el manejo económico,
con cierta preocupación social. Y
sobre todo lo diferenciaba de una propuesta
más neoliberal y empresarial como
la del candidato del “opus Dei”.
Es que –como bien lo ha subrayado
el escritor Jorge Edwards– “lo
propio del crecimiento bajo régimen
autoritario era precisamente la escandalosa
desigualdad, la exhibición de riqueza,
la falta de solidaridad social, la incultura
profunda que rodeaba todo el proceso”.
Lagos ha ofrecido navegar con una brújula
humanista (“el socialismo o es humanismo
o no es socialismo”, siempre he martillado
yo desde mis cátedras), con una orientación
solidaria y de consenso democrático,
que ayudará no sólo a la parte
más débil de la sociedad,
sino también a mantener la estabilidad
y la gobernabilidad del sistema. Pero, dado
el angustioso empate que reflejaron los
resultados de la primera vuelta electoral,
Lagos imprimió a la campaña
un nuevo giro, dictado por la experta socialcristiana
Soledad Alvear, quien dimitió de
Ministra de Justicia para asumir la dirección
del último tramo electoral. “Chile
mucho mejor”, fue la consigna, junto
a una imagen más desenfadada y menos
acartonada de Lagos. Había que trabajar
con más efectividad al electorado
de centro, el que iba a decidir la contienda.
Hay que reconocer también que para
la vuelta final hubo un importante aporte
de más de 150.000 votos comunistas
del Partido liderado por la candidata Gladys
Marín. Aunque con un estilo juvenil
y popular su campaña había
sido atractiva, se comentó que quienes
la escuchaban tenían la sensación
extraña de que el muro de Berlín
nunca se había desplomado, de que
el poder soviético seguía
instalado en Moscú, de que la Unidad
Popular no había cometido errores
y sólo había caído
debido a la perversidad del imperialismo
norteamericano y de sus aliados chilenos.
Es decir, la eterna tosudez de los Partidos
comunistas en América Latina, “esclavos
de la consigna” aunque ésta
sea anacrónica. Pero de todos modos,
el Partido terminó plegándose
a la Concertación por físico
temor al retorno de un gobierno autoritario
y pinochetista. Cabe aquí anotar
que la votación por Lagos hubiera
sido más voluminosa, si los miles
de chilenos todavía exiliados desde
el régimen de Pinochet hubieran podido
votar. Pero la Ley Electoral, otro de los
cerrojos bien calculados por el dictador,
impide todavía votar a los residentes
en el extranjero.
Hacia
adelante
En
10 años, Chile ha recorrido con éxito
un largo camino. Pero le queda un último
tramo en su transición hacia la plena
democracia. Debe todavía eliminar
rémoras de la dictadura y exorcizar
una imagen que como símbolo caló
hondo. Tiene que acabar de demarcarse de
un pasado autoritario, pinochetista. Debe
volver a subordinar el poder militar al
poder civil. Lagos debe propiciar una serie
de reformas políticas con un Senado
en el que sólo el 50% es de partidarios
de la Concertación y el otro 50%
de la oposición. Pero el mismo presidente
Lagos tiene conciencia tanto de los logros
y dolores persistentes del pasado como de
las tareas que tiene por delante. Sus palabras
en la noche del domingo de la victoria,
en la Plaza de la Constitución, frente
al Palacio La Moneda, son reveladoras: “Termina
el siglo XX con avances espirituales, materiales,
con momentos de luces y sombras, y con dolores
que todavía no se cierran....No me
olvidaré del pasado, pero mis ojos
están puestos en el futuro”.
24 enero 00 |