El
pasado 4 de octubre más de la mitad
de 100 millones de brasileños reeligieron
a Fernando Henrique Cardoso para un segundo
periodo presidencial de 4 años, sin
tener que ir a una segunda vuelta en las
urnas.
UN
GIGANTE EN APUROS
Brasil
es un gigante que comienza a desperezarse,
como también China, para iniciar una gran
figuración mundial en el próximo milenio.
En su territorio de 8.547.404 km2 caben
con holgura 9 Venezuelas y su población
de 164 millones es 6 veces mayor que la
de nuestro país. Su producto interno bruto
(PIB) es de 700.000 millones de dólares.
Representa el 45% del PIB latinoamericano.
Brasil es la novena economía del mundo.
Los bancos norteamericanos tienen 30.000
millones de dólares invertidos en Brasil,
cuatro veces más que en Rusia. Entre los
mercados emergentes sólo lo supera Corea
del Sur. Es un país con un potencial incalculable.
Es un inmenso mosaico que ofrece dos caras,
dos dimensiones contrapuestas de una misma
realidad, ambas impresionantes: la más grande
riqueza y la más deprimente miseria. La
Conferencia Nacional de Obispos de Brasil
(CNNB) acaba de describir dicha realidad
bifronte en los siguientes términos: "Vivimos
en un país con las mayores desigualdades
del mundo…Un país fracturado, fragmentado,
dividido, fundamentalmente desigual. Un
país con islas de excelencia -el parque
automovilístico, la industria aeronáutica,
la tecnología de prospección de petróleo,
los trasplantes, la producción agrícola-
rodeadas por un mar de marginación social,
hambre, enfermedades endémicas, sequía,
desempleo, gente sin tierra y sin techo".
El último Informe del Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD) señala
que el 63% de los brasileños están "excluídos"
de un buen nivel de vida: 24 millones desposeidos
de varios bienes, 15 millones que viven
en pobreza y 25 millones en miseria total.
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| La
reciente crisis económica mundial -desatada
desde Asia, propulsada desde Rusia y que
está tocando nuestras costas- ha encontrado
a Brasil mal preparado. Como los jinetes
del Apocalipsis, de mal aguero, 4 amenazas
se ciernen sobre Brasil: una vertiginosa
deuda externa, un formidable déficit fiscal,
una masiva hemorragia o fuga de capitales,
y una desaceleración económica del 2% anual.
En pocos meses, el desangre de sus reservas
internacionales fue de 30.000 millones de
dólares.
UN
BUEN CONDUCTOR PARA TIEMPOS DIFICILES
La preparación, la experiencia, el talante
de estadista pragmático que la mayoría del
pueblo brasileño le ha reconocido a Cardoso,
dan base para pensar que la esperanza no
será defraudada y que el timonel (con su
tripulación) sabrá sacar adelante la nave,
más allá del proceloso presente. De 67 años
de edad, viene de la Academia como brillante
sociólogo, que ha dictado prestigiosas cátedras
en universidades de Sao Paulo, Santiago
de Chile, Caracas, Paris, Washington, y
tiene en su haber 24 libros, de entre los
cuales destaco "Dependencia y Capitalismo
en América Latina" (1979), que fue la Biblia
por muchos años de nuestros estudiosos de
Ciencias Sociales. Su trayectoria política
la inició como senador suplente por el MDB
en 1978, volvió al Senado desde 1986 y sube
fulgurantemente desde 1992. Cuando depuesto
el presidente Collor de Mello, Itamar Franco
asume la Presidencia, lo designa primero
Ministro de Relaciones Exteriores y luégo
Ministro de Finanzas. Como tal, Cardoso
aplica el "Plan Real" (la nueva moneda del
Brasil, atada con paridad al dólar), que
redujo drásticamente la inflación de 2.000%
anual a sólo 4% y dió estabilidad económica.
Este fue su trampolín para ser elegido Presidente
en 1994 y reelegido en 1998. Encontramos
a un Cardoso que dejó atrás los años académicos
en los que aplicó el paradigma marxista
de toda la izquierda latinoamericana y se
ha embarcado como gobernante en el nuevo
paradigma de globalización y modernización
con libre mercado. Ha logrado, así, el apoyo
de la burguesía nordestina y del neoliberalismo
de todos los pelambres. Por supuesto, también,
el de los poderosos medios de comunicación,
nucleados alrededor de la influyente red
televisiva "O Globo". Con ironía, Luiz Inacio
(Lula) da Silva, representante actual de
la izquierda, venido de abajo de la escala
social (como mecánico que fue de la Benz)
y nuevamente derrotado por Cardoso, ha dicho
de éste: "Todo lo que él estudió en Brasil
y en el extranjero no le ha servido sino
para ser colonizado". Ya antes, el mismo
Cardoso había dicho en su campaña electoral
de 1994: "Olvídense de todo lo que escribí
! ", en referencia a su cambio de paradigmas.
A Cardoso se lo puede comenzar a ubicar
en esa "tercera vía" pragmática (entre la
izquierda socialista y el neo-liberalismo
salvaje), senda que han comenzado a recorrer
con éxito nuevos gobernantes como Tony Blair,
Lionel Jospin y ahora Gerhard Schroeder.
Está configurando una nueva estrategia de
desarrollo, que se puede caracterizar como
liberal-desarrollista. Una cierta mezcla
que no tiene ya la forma estatista, dominante
hasta 1980, y que comienza a subordinarse
a una cierta orientación liberal. En su
primera presidencia, Cardoso logró crear
un clima de estabilización económica y liberalización,
propicio para retomar el crecimiento y atraer
las inversiones. Pero hay factores negativos
que plantean la duda: ¿podrá en su segunda
presidencia impulsar hacia adelante al gigante
brasileño ?
19-10-98 |