Bolivia : Nuevos rumbos ¡no más embrollo!
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"La historia boliviana tiene algo de extremo. Es casi siempre una historia en el límite de las posibilidades (Luis Maira). A lo largo de su accidentado devenir le ha tocado, como un péndulo, ir y venir entre los extremos. Hay quien ha afirmado que "Bolivia es un país trancado por trancas de su propia y exclusiva invención" (W. Montenegro).

"El embrollo boliviano" es el título que un autorizado sociólogo francés acaba de dar a su estudio (J-P. Lavaud). Bolivia actualmente vive un proceso de importantes cambios políticos, económicos y sociales. J. Knoop, Director de la afamada revista NUEVA SOCIEDAD, editada en Buenos Aires, presenta la entrega especial nº 209 (129 páginas y 10 atildados artículos de prestantes autores de diversas disciplinas, casi todos bolivianos), en los siguientes términos: "El país enfrenta hoy una oportunidad histórica, que solo podrá aprovechar en la medida en que conjugue el reconocimiento cultural de los sectores indígenas excluidos, con un desarrollo económico equitativo y un nuevo orden institucional".

Como colofón de todo el material de la revista, José Natanson, Jefe de Redacción, incluye una entrevista que hace a Álvaro García Linera, quien como Vicepresidente y con su lúcida autoformación, es el facilitador discreto de las ideas que orientan el proceso boliviano, liderado por Evo Morales.

 

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No hago acá sino presentar y comentar, en apretada síntesis, algunos de los grandes temas que recoge la revista. Como abrebocas, recomiendo todo el artículo del investigador social, Pablo Stefanoni, titulado "Siete preguntas y siete respuestas sobre la Bolivia de Evo Morales" (páginas 46-65). El mismo periodista es coautor del reciente libro "La revolución de Evo Morales, de la coca al Palacio".

Confluencia de retos

En enero del 2006, Evo Morales asume como primer presidente indígena, con un 53% de los votos y una alta participación del electorado. Es el mascarón de proa para una navegación de largo aliento que con él inicia el país y el motor institucional que deberá buscar soluciones a difíciles problemas que hereda de años atrás y que van a exigir fuerte liderazgo.

- Desarrollo económico. La economía de Bolivia ha venido siendo pequeña y compleja. De carácter mono exportador (por muchos años el estaño fue su riqueza), no ha logrado todavía diversificar su producción agrícola e industrial. Y gobiernos anteriores que modernizaron y dinamizaron ciertos sectores, aplicando recetas neoliberales, no tuvieron éxito para una justa y urgente distribución equitativa de los ingresos. A partir de mayo 2006 (con la nacionalización de los hidrocarburos) y de abril 2007 (con los nuevos 47 contratos con empresas extranjeras y mayor participación estatal), dadas las enormes reservas gasíferas, Bolivia puede hoy prender más motores hacia una economía de base ancha, que apoye y dé alas a las mejoras sociales y potencie su rol internacional. Y lo puede hacer "saltando etapas".

- Gobernabilidad política. La cultura política del llamado 'melgarejismo' (1864-1870), de sucesión de gobernantes arbitrarios, voluntariosos y sin restricción legal, con sus efectos de inestabilidad política, es un claro reto para la sucesión de gobiernos populares que inicia Evo Morales, con tal que se asuman las lecciones que dejaron las revoluciones anteriores de los años 50 y 70.

- Autonomías regionales. Hay diferencia grande, competencia, mutua desconfianza y pugnacidad entre los dos polos del país. El bastión autonomista, -llamado la "media luna"- que comienza en el Oriente y rodea el altiplano, conformado por los departamentos más prósperos y con más recursos naturales: Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija. Y el bastión socio-político, indígena y populista, alrededor de La Paz y su altiplano, plaza fuerte de las organizaciones sociales y núcleo central de la política boliviana. Hay demandas de descentralización y regionalización a las que hay que dar respuesta con un estatuto jurídico razonable y que garantice la unidad nacional.

Agentes claves

- Las organizaciones sociales. Desde la Revolución de Paz Estensoro (1952) se venía generando una creciente toma de conciencia de comunidades campesinas y populares, sindicatos que conformaron organizaciones sociales con capacidad de protesta callejera y vial, y cuya movilización fue decisiva para deponer algunos gobiernos (el segundo de Sánchez de Lozada, y el de Mesa). Apalancado en dichos movimientos sociales, como presidente del gremio cocalero de Cochabamba, es como llega Morales al poder.

- El partido MAS. A partir de 1995, las organizaciones sindicales campesinas afines a Morales, comenzaron a organizar una especie de partido político. Alquilaron una sigla, la del "Movimiento al Socialismo", ya reconocido pero cascarón vacío, sin base electoral renovada. El actual MAS nació al amparo de un tejido organizacional ya constituido. Y aprovechando la utilidad de participar en las elecciones, con un aparato político solvente, fue gradualmente ocupando espacios de poder local, regional, nacional (hasta llegar al actual 52% de la Asamblea Constituyente). Fue, así, inicialmente una federación de sindicatos. Pero su capacidad electoral lo ha convertido en una fuerza amplia, heterogénea y modernizante que es ya no sólo el partido político mayoritario (dominante), sino el partido "hegemónico" boliviano, según algunos analistas. Función suya principal será servir de mediador entre la Sociedad y el Estado.

- Un Estado moderno refundado. En este contexto boliviano, el tema del Estado es relevante. Adhiero a la opinión de tres de los autorizados articulistas que coinciden en afirmar que si bien los movimientos y organizaciones sociales son los que deben orientar el proceso -a través del MAS como instrumento político-, es al Estado (con nuevo diseño en la nueva Constitución) al que compete por su hegemonía unir a la sociedad, asumir la síntesis de la voluntad general, planificar el marco estratégico y ser la locomotora del nuevo modelo de desarrollo (García Linera). "Es necesario que el Estado actúe para producir cohesión social y posicionamiento económico, y también crucial que se mueva en la globalización[..] El Estado es el único actor que puede representar a la diversidad nacional en su conjunto y, a su vez, servir a la sociedad con políticas de distribución y desarrollo" (Fernando Calderón G.). "En un solo haz, el partido de gobierno abarca el sentimiento nacionalista, la corriente proindígena que lo complementa y los ideales de un nuevo orden que promete prosperidad a partir de la edificación de un Estado redistribuidor" (R. Archondo).

- El liderazgo de Evo Morales. Por simple lógica teórica y pragmática, el liderazgo que viene ejerciendo Evo Morales, deberá ser continuado y reforzado si fuere necesario. Su ascendiente sobre los movimientos indígenas y organizaciones sociales, su indiscutible jefatura del partido MAS, su legítima elección como Presidente del Ejecutivo Nacional lo convierten ya en una figura insustituible del proceso. La nueva Constitución debería, por ello, prever mecanismos de reelección y hasta la figura de "presidente vitalicio", como Jefe de Estado, que se le criticó tanto en su momento a la Constitución bolivariana de mayo 1826. No es óbice para ello el aducir su frecuente discurso antiimperialista ni su reconocida amistad con Castro y Chávez, pues en varios temas claves ha sabido tomar distancia de ellos (Pacto Andino, TLC, ONU, una OPEP del gas natural). Y está a su lado, bien aceptado y respaldado, el Vice-presidente con posiciones claramente definidas: "A partir de nuestras propias fuerzas ya no hay un texto al cual obedecer, un país al que imitar, un politburó al cual seguir o una Internacional que respetar" (García Linera).

Conclusión

La historia convulsionada suele deparar a todos los países, también a Bolivia, un final abierto. Su Asamblea Constituyente tiene ya las propuestas concretas, los criterios apropiados y quizás el tiempo suficiente, para dibujar los trazos gruesos de un nuevo modelo de democracia y un nuevo modelo de desarrollo. Se vislumbra viable el acuerdo entre las fuerzas del gobierno y de la oposición que represente siquiera el 60% de una mayoría realmente nacional, respecto de la nueva Constitución, que canalice el salto cuantitativo y cualitativo que busca y se merece Bolivia.