Un
designio altísimo buscó la
pesadumbre del Illimani para esconder el
corazón de todo un continente. Si
no le faltara el mar, Bolivia sería
el compendio de la naturaleza americana.
Es como el corazón de América.
En sus diástoles y sístoles
el continente refleja ese crítico
bombear de lo mejor de las energías
espirituales condensadas en las austeras
sierras de “La Puna” y el discurrir
tumultuoso de los ríos en “La
Selva”. Y allí todo es inmenso.
Sus cumbres, sus manantiales, su vegetación;
la altivez de una raza indígena,
tanto la quechua como la aymara; sus riquezas
naturales sobre todo las mineras. Pero también
son grandes sus vicisitudes patrias y sus
infortunios.
Por
dos ocasiones presté una asesoría
académica a la Universidad Católica
de San Pablo en La Paz, a casi 4.000 metros
de altura. Dicha estadía fue algo
inolvidable. Guardo aprecio, embeleso y
cierta compasión por este país
hermano y esa “raza de bronce”
-como la llama el gran analista Alcides
Arguedas- merecedora de mejor destino. “¿Qué
es Bolivia? Bolivia es una dura realidad
y una gran esperanza”, consignó
Fernando Díez de Medina en su famosa
obra “Thunupa”.
Las
dos Bolivias
“-
Para el optimista, Bolivia es un prodigio,
su nombre lo prestigia todo. Nada es lo
que ha perdido; muchísimo lo que
conserva: inmensos territorios, fabulosas
riquezas, la clave del pasado, la futura
grandeza continental, confluyen en este
gran país dormido, porque Bolivia
duerme, en espera de su hora y de su victoria…No
es malo el boliviano; si sabe odiar es porque
sabe amar. Disciplinado irá muy lejos.
El estilo nacional es hoy la dispersión,
mañana será la integración
de los contrarios.
- Para el pesimista, todo anda mal en Bolivia,
porque nada se hizo bien: caótico
el pasado, incierto el hoy, sombrío
el futuro. País débil, inorgánico,
desgarrado por sus vecinos, marcha a la
zaga de los demás. La tierra invertebrada,
la raza heterogénea determinan el
caos psicológico; la nación
causa la desdicha de sus individuos. Bolivia
es una palabra. Bolivia no existe. Todo
en su historia denuncia el contrasentido…Bolivia
agoniza detrás de sus montañas,
nadie puede detener esa agonía”
(“Thunupa. Ensayos”).
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El
Melgarejismo
En su abigarrada historia política,
desde su independencia en 1825, Bolivia
ha sido el escenario de recurrentes ‘cuartelazos’
y dictaduras efímeras pero bizarras,
en una proporción que hasta hace
20 años se llevaba el récord
en Latinoamérica y el Caribe. Una
de las más caracterizadas figuras
fue la de Melgarejo y su sexenio de 1864
a 1870. Da lugar a un singular fenómeno
socio-político, bien estudiado por
un lúcido ensayista boliviano como
es Alberto Gutiérrez. A su juicio,
“la imagen de Melgarejo y de su época
es una visión aciaga de nuestra historia.
Los vicios y errores que engendraron esa
personalidad sombría no han desaparecido
de nuestra sociedad actual…En nuestra
historia accidentada el melgarejismo ha
estado con todos los gobernantes o casi
todos, pero principalmente con los que tenían
por norma la arbitrariedad y la fuerza”.
-
¿Y cómo era Melgarejo?. “Melgarejo
carecía de toda educación
y de toda cultura intelectual, pero es menester
apreciar su índole como político
y como gobernante, ya que tal llegó
a ser por obra de las circunstancias y del
destino. La cualidad fundamental de su carácter
era la arbitrariedad. Fue el espíritu
más indisciplinado y más rebelde
a toda ley, a toda regla de moralidad y
de decoro que se ha conocido en los altos
puestos del Estado. En sus sentimientos
íntimos prevalecían la deslealtad
y la perfidia”.
-
¿ Y a qué se puede llamar
melgarejismo?. “El melgarejismo tiene,
como toda enfermedad social, sus síntomas
y sus accidentes peculiares…La primera
de sus condiciones es la sumisión,
silenciosa, absoluta, sin veleidades de
resistencia. Debe ofrecer ese homenaje a
un poder despótico, arbitrario, voluntarioso,
fuera de toda restricción legal.
El legalismo es contrario al sentimiento,
a la esencia del melgarejismo”.
Política
reciente
En 1997 fue elegido presidente el Gral.
Hugo Banzer, quien había sido gobernante
de facto en los años 70. Enfermo
de cáncer había renunciado
en el 2001 y lo reemplazó el vicepresidente
Jorge Quiroga. El 30 de junio del 2002 hubo
comicios generales que dieron la victoria
–sin alcanzar el 50% del electorado-
al empresario minero, partidario de la inversión
privada y menor papel del Estado, Gonzalo
Sánchez de Lozada, de 71 años.
Representaba al MNR (Movimiento Nacionalista
Revolucionario), el partido de la revolución
obrera y campesina de los años 70.
Sorpresivamente -cuando las encuestas daban
como favorito para el segundo puesto a Reyes
Villa -varias veces alcalde de Cochabamba,
del NFR (Nueva Fuerza Republicana) de corte
populista de derecha- emerge contundente
el líder sindical y cocalero Evo
Morales, 42 años, del MAS (Movimiento
al Socialismo). Según la Constitución
el Parlamento perfecciona la elección
y declara presidente a Sánchez de
Lozada, quien debe renunciar en octubre
del 03 por una fuerte asonada campesina
y popular. El Congreso designa presidente
para terminar el período al actual
mandatario Carlos Mesa, eminente historiador
y periodista, quien viene poniendo buena
voluntad y los mejores esfuerzos para lograr
mejoras en el nivel de vida de las clases
más empobrecidas que constituyen
un 60% de la población de 8,3 millones.
Asuntos
espinosos
- El manejo de las protestas y reclamos
de cientos de cultivadores de hojas de coca
que se ven afectados por la política
exigida por Estados Unidos de erradicación
de los cultivos, dentro de una acción
sistemática desestabilizadora en
el campo - con visos de insurreccional-
donde vive el 40% de la población.
-
El contrato de venta de gas natural (4 millones
de metros cúbicos) a la Argentina
para ayudar en parte a paliar su reciente
crisis energética. Bolivia puso condiciones
a la venta, como que parte del gas vaya
a Uruguay y prohibiendo que se revenda a
Chile. El 18 de julio el Gobierno boliviano
realizará un referéndum sobre
la política energética del
país, a la que en forma fundamentalista
y anacrónica parecen estar oponiéndose
las fuerzas sindicalistas y agrarias.
-
El reclamo o fórmula transaccional
de algún tipo de arreglo para la
salida al mar, del que Bolivia quedó
privada desde el 4 de abril de 1884 con
la firma de la paz con Chile, tras haberse
rendido sus tropas junto con las de Perú
en Arequipa, después de 5 años
de la llamada Guerra del Pacífico.
-
Dentro de una crítica situación
financiera, con un déficit del 8.9%
del producto interno bruto y grandes dificultades
para generar mayores ingresos, el Estado
boliviano tiene que dar respuesta efectiva
al grave problema de las jubilaciones de
extrabajadores, uno de los cuales el exminero
Eustaquio Picachuri, 49 años, se
inmmoló como una bomba viva en el
Parlamento boliviano tras 7 años
de inútiles trámites de jubilación.
Conclusión
“Cuando
se trata de un problema, la primera cosa:
querer; la segunda: poder. Lo demás
viene sólo y por sí…No
se habla de la verdadera riqueza, que es
más que oro y que todo, que es la
fuerza de nuestra sangre y la voluntad de
nuestra alma…Hay que instituir la
energía nacional como doctrina y
profesión” (Franz
Tamayo). |