Mujeres a la Presidencia, Cristina
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Argentina es un país de sorpresas. Viene superando con imaginación y liderazgo firme los efectos perversos de épocas anteriores. Con la conducción de un gobierno que ha dejado a un lado el neoliberalismo salvaje de Menem para sanear la economía y, a la vez impulsar el cambio social, se enrumba con decisión hacia la renovación y la seguridad.

En este momento, ha logrado reestructurar casi toda su voluminosa deuda de US$ 103.000 millones, con una política que hubiera sido imposible para cualquier otro país. Se ha afianzado su autoestima y la confianza puesta en su destino por el mundo financiero internacional. Pero Argentina tiene además la gran reserva de sus recursos humanos. Y entre ellos, el de una nueva generación de mujeres exitosas que esperan su turno. De años atrás, destaca la flamante senadora Cristina Fernández, cuyo esposo es nada menos que Néstor Kirchner actual Presidente. Dos columnas le dediqué en el 2005 (Una mujer presidenciable y Tips de Cristina), impactado cuando leí algunas de las entrevistas dadas por esta mujer inteligente, moderna, capacitada y bella.

Cristina Fernández de Kirchner

54 años, madre de dos hijos (Máximo de 29 y Florencia de 16), es -en su orden- primero peronista, desde 1975 la esposa de Kirchner, después senadora desde 1995 y ahora candidata presidencial. Desde su niñez vivió en su familia un ambiente político polarizado dado que su madre y abuelo que vivía en casa eran muy peronistas y su padre antiperonista.

 

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"De esa dicotomía me vino luégo a mí la necesidad de relativizar las cosas", reconoce. Desde muy joven fue activista social, como su hermana médica, a la par que profesional exitosa. En casa es la que manda. Y como esposa del presidente aconseja, asesora, está pendiente de la prensa (lee primero los diarios de madrugada, antes que él), diseña estrategias ante problemas diarios de gobernanza y está atenta a cosas grandes como la delicada relación con Estados Unidos y a detalles como el color de los manteles de hilo que deben adornar las mesas en algún congreso internacional, como fue el de la Lengua. Tras una entrevista en "El País" de Madrid, Juan Cruz quedó con la impresión de que había estado frente a la mujer fuerte de Argentina: "muchos, ante su fuerza, empuje y carisma, se preguntan si no será la nueva Eva Perón o la próxima presidenta". Al comienzo de una entrevista por radio de Ñaqui Gabilondo, no permitió que la encuadrara como 'la mujer del presidente' sino que se adelantó a decirle: "es más, un día puede ser Kirchner el marido de la presidenta. Ahora, en efecto, el presidente es su marido, pero ella va por su cuenta y riesgo".

En ideas políticas, sus visitas a países europeos han dejado la percepción de que Cristina se identifica más con posiciones social demócratas que con un socialismo revolucionario y estatista. En una Nota sobre “Los deseos imaginarios de Cristina”, Jorge Fernández Díaz escribe: “Cuando ella está lejos y se siente libre, ella no se priva de ser una socialista española. Resulta irresistible y verdaderamente ‘cool’ para cualquier militante del "progresismo" nacional pisar Madrid y aspirar con deleite el perfume de esa flor deseada: la izquierda posmoderna. Uno puede ser entonces, sin culpas ni complejos, socialista y capitalista a la vez. Está visto que Cristina Fernández de Kirchner se ve a sí misma como un hada madrina de la socialdemocracia y no como una revolucionaria de los 70. La conversión del socialismo combativo en socialismo capitalista es, en verdad, una construcción política de los años 80, cuando Felipe González y François Mitterrand tomaron el poder y diseñaron políticas exitosas y verdaderamente progresistas en Europa". En la primera semana del pasado febrero, cuando estuvo en la Ciudad Luz, se encontró y quiso ser fotografiada con Ségolène Royal, candidata presidencial del Partido Socialista. Así como Ségolène, a su vez, mientras los jefes de su partido celebraban su escogencia, había viajado a Chile y se entretuvo con la presidenta Michele Bachelet, uno de sus modelos e inspiradora, gesto que acabó catapultándola en el escenario político francés.

La Cancillería argentina (se supone que con plena aceptación del presidente Kirchner) viene preparando una serie de visitas de C.F. a países y personajes claves del mundo, con un alto simbolismo político. Pareciera que el 'stablishment' argentino estuviera "puliendo" a su Primera Ciudadana (la frase es de un periodista de El Tiempo de Bogotá) para suceder en el próximo período a su esposo. Él se reservaría para una ulterior reelección. No suena disparatado. Y la pareja presidencial que detenta el poder en Argentina se consolidaría. Dejando a Argentina más libertad de movimientos y compromisos en los espacios geopolíticos de las Américas y suavizando la imagen de un gobierno que ha debido tomar posiciones muy duras y polémicas. Cristina tiene ya adquirido su propio peso. Y tiene conciencia de que ella no es la luna, cuya luz depende del astro-rey, sino que es ella quien toma sus propias grandes decisiones: "el presidente es su marido, pero ella va por su propia cuenta y riesgo", "sobre mí decido yo, y no el presidente".

Moraleja

"Participar en política produce una fuerte sensación de no conformismo con el mundo que nos rodea. La política no es un objetivo en sí mismo, es un instrumento para cambiar las cosas de los que menos tienen, porque la economía normalmente tiende a consolidar a los que más tienen, así que se me ocurre que la política es el instrumento de los que tienen que cambiar las cosas porque no han sido tan favorecidos por ella. Esa interpretación de la política, y la asociación de peronismo con justicia social, fue la que me llevó a la política” (C.F. de K.).