Diez años de menemismo
Análisis & Opinión > América Latina > Argentina > Diez años de menemismo
Logo Enrique Neira

 

 

     

Domingo Cavallo (artífice del Plan de Convertibilidad que resultó tan exitoso para acabar con la inflación en Argentina, quien como candidato presidencial obtuvo un decente porcentaje electoral de algo más del 10% y quien fuera aliado inicial de Menem), ha dicho que Menem dilapidó el amplio apoyo popular que consiguió después de su primer mandato. Menem, que ganó con el 51% de los votos, fue reelegido en 1995, en pleno efecto tequila. Pero en los últimos cuatro años defraudó a los argentinos, porque no quiso profundizar el cambio. Creo que los peronistas no lo ven como símbolo de la justicia social ni del peronismo. Y en esto se equivoca Menem. Cree que va a quedar como símbolo del peronismo y sólo va a quedar como símbolo del menemismo. Es decir, eficaz en el primer mandato, frívolo y responsable de la impunidad y la injusticia social en el segundo.

Hay que abonar a las cualidades políticas de Menem y a la estabilidad democrática ya alcanzada por Argentina, el que Menem ha sido el único gobernante desde 1955 que ha logrado sobrevivir la prueba del cuarto año de gestión. Golpes militares derrocaron a Perón, Arturo Illía e Isabel Perón antes de pasar el test electoral. La derrota en los comicios del cuarto año de administración desató la crisis de autoridad que cercenó el período de Arturo Frondizi e inició la caída que terminó con la transmisión adelantada del mando, e "n varios meses, del presidente Raúl Alfonsín. Menem pasó la prueba de dos períodos que sumaron diez años. En el espectro político argentino, puede uno pensar que tanto el Justicialismo como el Radicalismo intentan expresar por voluntad popular y representar una legítima mayoría estable y sólida del país, la de centro, con una pendulación que va más hacia el orden autoritario o hacia la igualdad popular, dependiendo de la gravitación que le señala el liderazgo personal del conductor de turno.

 

Análisis & Opinión
Más de 550 artículos que combinan la actualidad política mundial y la reflexión académica y conocimientos del autor

Biografia del autor
CV, trayectoria, principales obras y publicaciones y personajes de la historia que lo han inspirado

Editoriales
Más de 120 Editoriales publicados sobre la actualidad política del Mundo : análisis de opinión de situaciones complejas y de gran impacto sobre el mundo de hoy.

 

PERONISMO Y MENEMISMO

Es muy pertinente la observación hecha para las pasadas elecciones por Francesco Relea: "no hay que confundir el peronismo con el Partido Justicialista (PJ) que llega a estas elecciones". El PJ (y con mayor razón el menemismo) tiene poco que ver con sus orígenes de fuerza política, que expresa "la identidad nacional basada en los humildes y los pobres". El peronismo es un sentimiento. Es el movimiento de los trabajadores y de la gente humilde, que vió en Perón, y sobre todo en Evita, el símbolo de la justicia social. Los peronistas lo llevan en el corazón. Juan Domingo Perón decía que el PJ es el instrumento del peronismo para ganar las elecciones y acceder al poder. Para el primer gobierno de Menem, el justicialismo conquistó territorios antes reservados al radicalismo. El justicialismo de Menem remedó la coalición que llevó al gobierno al general Perón en 1946: sectores de la clase media y de la clase alta convalidan la voluntad de amplios sectores de clasa baja y de clase media baja. El menenismo (justicialista) así resultante tiene un claro carácter de movimiento conservador con arraigo popular, fuertemente pragmático y adaptado al nuevo clima de ideas imperante.

Pero ante la realidad de los dos períodos de Menem era inevitable que el peronismo sintiera que había sido atacado en su identidad por el PJ de Menem; más aún se resintiera de haber sido traicionado por el menemismo. Todo ello explica que quizás un 20% del peronismo argentino hubiera respaldado en las urnas para Presidente a un candidato moderado del Radicalismo (La Rua), en alianza con sectores izquierdistas recogidos en Frepaso. Pero si para la Presidencia del gobierno federal, el corazón peronista apoyó la fórmula de relevo de timonel esperando más justicia social y lucha más efectiva contra la corrupción, tanto el peronismo como el PJ retuvieron el control de 19 de las 23 provincias argentinas, dentro de ellas el del Gran Buenos Aires, que representa el 60% de la población de la provincia. De todos modos, resulta una curiosa paradoja que el aparato del Estado, que en los años 40 y 50 sirvió a Perón para lanzar un vasto proyecto de desarrollo industrial capitalista en la Argentina, haya sido desmantelado por un heredero político suyo, líder populista, representante de tendencias conservadoras (neoliberales) y nacionalistas del peronismo.

LA CORRUPCION GALOPANTE

No se pueden negar grandes éxitos de la administración Menem. El principal, haber liquidado la inflación, gracias al Plan de convertibilidad. El crecimiento sostenido del producto interno bruto (PIB), con un 4.5% de promedio entre 1990 y 1995. Las constantes inversiones extranjeras; la modernización del Estado, gracias a las privatizaciones (24.779 millones de dólares entre 1989 y 1995). Pero hay indicadores de su gestión económica, que son negativos. La deuda externa llegó a 98.250 millones de dólares a mediados de 1997 (31% del PIB, cuatro veces el ingreso por exportaciones). El desempleo (sin contar el subempleo) pasa del 16%; un argentino de cada tres vive en la pobreza (Clarín, 13 junio 1999).El déficit fiscal se acerca a 10.000 millones de dólares, un 3% del PIB. El déficit de cuenta corriente pasó el año pasado de 15.000 millones de dólares, correspondiente a un 5% del PIB. Pero el mayor karma de la era menemista es la corrupción.

La sombra pesada de Salinas en México y de Collor di Mello en Brasil arropa a Menem e irá creciendo a medida que los graves casos de corrupción comiencen a destaparse, sin tener ya la pantalla cubridora del poder gubernamental. Aunque uno puede aceptar que se diga que la corrupción existe en nuestras tierras americanas desde 1492 en adelante y que ninguno de nuestros países se libra de ella, sin embargo en Argentina, en la era de Menem, el fenómeno se desbordó y adquirió ribetes escandalosos. "El menemismo sumó escándalos", ha sentenciado el ex fiscal Moreno Ocampo.

Carlos Menem solía decir, con petulancia y cinismo, que "no me gusta entrar en el barro, me gusta volar como las águilas. Pero resulta que aunque quiso volar como águila imperial, sus alas apelmazadas de barro y la cera de gigantescos negocios, terminaron por derretirse como las de Ikaro, y se precipitó en barrena. En diciembre 1998, la revista "XXI" publicó un número especial bajo el título "Guía de la corrupción" con una larga lista de nombres desde la A hasta la Z, en la que figuran ministros, militares, jueces, familiares de Menem, gobernadores. El primer escándalo de corrupción estalló al año y medio de iniciar su mandato, en el que se vieron involucrados: Amira Yoma su cuñada, Ibrahim al Ibrahim y Mario Caserta, acusados de integrar una banda internacional de lavado de dinero del narcotráfico. Y la lista de altos y medianos funcionarios incursos en corrupción sigue aumentándose de ahí en adelante. En la de 1996 figuran 108. La impunidad ha sido generalizada, sobre todo a raíz de la deslegitimación del poder judicial a partir de 1992, con los cambios introducidos en la Corte Suprema.

Quedan de la era menemista "cangrejos" que ensangrentaron a Argentina y que no se han esclarecido: los atentados anti judíos; la sospechosa muerte de Carlos Menem, jr.; el asesinato del reportero gráfico José Luiz Cabezas; el suicidio del empresario Alfredo Yabrán. Quedan sin aclarar el contrato IBM Banco Nación; la venta ilegal de armas a Croacia y Ecuador, violando el embargo decretado por la ONU, y grandes irregularidades en la Aduana. Los verdaderos enemigos de Menem no estuvieron, pues, en los cuarteles; ni en el poderoso aparato sindical ("la columna vertebral del movimiento justicialista", cuando Perón), ahora venido a menos, sino en el "golpismo de guante blanco" (de los grandes empresarios e intereses transnacionales) y sobre todo en el "golpismo de la mano negra", de grandes y oscuros manejos mafiosos.

Fernando de La Rúa y la Alianza tienen por delante una árdua tarea de crecimiento con justicia social, de manejo transparente del Estado en lucha eficaz contra la corrupción, y de seguir alimentando el espejismo de un país del Primer Mundo que lo tenía todo para haber llegado de primero en nuestro subcontinente de las venas rotas. "Estamos en el alba de una auténtica revolución pacífica", ha expresado Jacobo Timerman, el valiente periodista y sobreviviente de la última dictadura militar argentina, autor de "Recuerdos de un desaparecido".