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El
árbol de la Democracia es todo un proceso
vital, continuo pero evolutivo, que hunde
sus raíces en terrenos a veces yermos u
hostiles y a veces favorables; que tiene
que defenderse de enemigos internos y externos,
de plagas, pestes y leñadores de oficio;
que suele generar diversidad de ramaje y
de follaje; que debe ofrecer flores y frutos
útiles al colectivo; que suele mecerse al
vaivén de vientos ideológicos y brisas de
moda, pero nunca está libre de algún rayo
fulminante o furioso vendaval.
UN COMUN DENOMINADOR
Dos Cumbres de las Américas, la una celebrada
en Miami (diciembre 1994) y la más reciente
en Quebec (abril 2001) -con participación
de 33 presidentes y jefes de gobierno-,
muestran una situación única y novedosa
en nuestro continente. Tras muchos años
de regímenes dictatoriales en varios países
y peripecias democráticas en otros, nuestros
gobiernos son todos democráticamente elegidos,
concuerdan en una Carta Democrática de obligatorio
cumplimiento para todos, y tratan de conciliar
economía de mercado con modernidad y legitimidad
popular. Cada país viene buscando su propia
senda, según su propia coyuntura, es decir,
de acuerdo al momento histórico de sus procesos
sociales, los cuales son capaces de alterar
elementos estructurales de la nación. En
la Democracia -en cuanto forma de vida y
forma de gobierno- convergen muchos factores
constitutivos como son: los valores, los
comportamientos societarios, la cultura
cívica, el ordenamiento jurídico de los
poderes públicos, las formas de autoridad
y de ejercer la política, las prácticas
‘sui generis’ de cotidianidad democrática.
Todo ello hace que dentro del paisaje general
democrático de América Latina y el Caribe,
cada país tenga sus propios Avances y Retrocesos
en Democracia. Vaivenes y oscilaciones en
cómo lograr para los ciudadanos Libertad
más Justicia más Bienestar. |
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Análisis
& Opinión
Más de 550 artículos que combinan la actualidad política mundial y la reflexión académica y conocimientos del autor
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Más de 120 Editoriales publicados sobre la actualidad política del Mundo : análisis de opinión de situaciones complejas y de gran impacto sobre el mundo de hoy. |
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DOS VARIABLES
DE CONTROL
Entre muchas variables, asumimos -por
la incidencia causal significativa que
tienen en una mayor y mejor democracia
(o por el contrario en una menor y quizás
faltante democracia)-, las de
MODERNIDAD Y LEGITIMIDAD.
Es clave en nuestros oscilantes regímenes,
bien o mal llamados “democráticos” o “repúblicas
bananeras”, que pueda darse una combinación
óptima de eficiencia administrativa y
de elementos democráticos. Debe existir
una acción gubernamental eficaz y eficiente,
que impulse un desarrollo autosostenido
para beneficio común. Y debe haber un
orden político democrático, que garantice
la representación y la participación.
El Estado en nuestros países, 1 0) debe
recuperar (en la mejor línea de pensamiento
de Weber y Theda Skopol) el MONOPOLIO:
monopolio de las armas, monopolio de la
ley y la justicia, monopolio del tributo.
Y 2°) dicho monopolio debe ser LEGITIMO,
es decir consentido. El avance en ambas
realidades políticas es lo que asegura
GOBERNABILIDAD. Su retroceso genera ingobernabilidad,
en coyunturas difíciles pero manejables,
pero que pueden llegar a convertirse en
grave crisis, con riesgo de colapso si
nó del sistema, sí del régimen de turno.
GOBERNABILIDAD Y DEMOCRACIA
Si atendemos bien a casos concretos y
recientes en nuestro continente, podemos
afirmar que la gobernabilidad equivale
entonces a democracia política. El término
deriva de la capacidad con que un antiguo
lobo de mar y su tripulación o un moderno
comandante de nave aérea con su instrumental
y equipo humano, van conduciendo exitosamente
la nave y los pasajeros hasta su puerto
de arribo. Referido a la conducción del
Estado, significa la capacidad y la calidad
del desempeño gubernamental, habida cuenta
de los requerimientos y voluntad de los
gobernados. La gobernabilidad hace referencia
no sólo a la institucionalidad estatal,
sino a las relaciones entre el Estado
y la sociedad civil. Se refiere al manejo
de las instancias de gobierno, pero también
a las demandas sociales, a los mecanismos
de legitimación política y a la estabilidad
del sistema. Coppedge afirma en “Gobernabilidad
democrática en Latinoamérica”, que “la
democracia y la gobernabilidad son metas
enteramente antagónicas. Atendiendo una,
necesariamente se sacrifican algunos aspectos
de la otra. La democracia requiere que
los ciudadanos manden; la gobernabilidad
requiere que éstos sean mandados”. Entre
los tres “efectos perversos” que Bobbio
observa se dan en las actuales democracias
representativas de Occidente, la ingobernabilidad
es el primero. Ante mayores demandas de
la sociedad actual, se da una menor capacidad
de respuesta del sistema político. Es
verdad, pero no podemos aceptar que la
democracia genere en sí misma la ingobernabilidad,
sino simplemente que la democracia estimula
demandas por encima del nivel que puede
absorber el tamaño del excedente económico
y que, en consecuencia, la propia democracia
debe producir mecanismos de gobernabilidad
para manejar el problema. Y esto es más
cierto en nuestros países de desarrollo
limitado, con “democracia embotellada”
(Sartori), en la que la situación económica
desborda a los actores políticos, en la
que la demanda es fácil y la respuesta
difícil, en la que existe un ‘plus’ de
ingobernabilidad que es necesario enfrentar
en razón del subdesarrollo.
TESIS PARA AMERICA LATINA
Tienen todavía actualidad las 20 tesis
sociopolíticas que propusieron Calderón
y Cardoso en su estudio “Hacia un nuevo
orden estatal en América Latina”. Advierten
bien en su tesis 5 que “si se propicia
una democratización sin modernización
del Estado, el resultado es la ingobernabilidad.
Si se privilegia una modernización del
Estado sin inclusión política, el resultado
es la desnaturalización del régimen democrático.
Para Europa pudiera pensarse en una demisión
del Estado a favor de un mayor papel regulador
del Mercado. Pero en América Latina, “el
Estado no va a borrarse del mapa, para
ser sustituido por las fuerzas del mercado”,
precisa con razón Fernando Henrique Cardoso,
comentando la tesis 10. Como corolario
debemos decir con realismo que no es fácil
combinar crecimiento económico (modernización)
con equidad social y legitimidad. El mismo
presidente Cardoso resume atinadamente
que “la cuestión no es la oposición Estado
versus Mercado, sino más bien cómo conciliar
lo público y lo privado en las nuevas
relaciones”. Y como hay distintos países
y diversos caminos, “cada país de la región
debe seguir su propio camino!”.
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