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Sobre
socialismo se habla y se escribe ahora mucho.
Y es de buena nota presentarse como socialista
del siglo XXI. Se califica simplemente a
gobiernos recientes de izquierda moderada
y democrática (Uruguay, Panamá,
Argentina, Brasil) como ‘socialistas’,
sólo por el hecho de mezclar sus
políticas económicas (a veces
bastante neo-liberales) con un alto sentido
de justicia social y equidad en la distribución
de riquezas. En Venezuela hay todo un proceso
revolucionario en marcha que ha comenzado
a cobijarse bajo el rótulo de Socialismo
siglo XXI. Es que hay algo en el concepto
mismo de socialismo que lo recomienda como
una forma de vida más acorde con
la naturaleza igualitaria y social del hombre.
Por eso grupos políticos, movimientos
y regímenes quieren apropiarse de
su nombre. Pero advertimos que no se puede
hablar de socialismo sin calificativo. Hay
que distinguir bien entre los valores del
socialismo (ideal, utopía) y los
varios intentos de realización a
través de un sistema real socio económico
y político, en los que hay muchos,
diferentes y aun contrapuestos especímenes.
Socialismo como ideal y como sistema
En primer lugar, hay que tomar conciencia
de que generalmente, cuando se pondera al
socialismo, se está hablando de un
ideal utópico: de una posible sociedad
en la que existan perfecta igualdad y justicia
para todos los ciudadanos, sin que haya
privilegiados por su nacimiento, su dinero
o su clase social. Son los valores del socialismo,
en referencia a una sociedad tal y como
debería ser, y que todos anhelamos
sinceramente. |
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Estos
valores socialistas -como dijo Pio XI en
su tiempo- se aproximan mucho a los postulados
sociales del cristianismo y ninguna persona
sensata debería oponerse a ellos,
sino más bien desearlos.
Pero también hay
que enfocar el socialismo como sistema,
como intento concreto de encarnar históricamente
los valores socialistas.
1) En un primer momento,
el sistema socialista implica racionalización
y modernización del Estado.
2) En un segundo momento,
implica la propuesta de que el Estado
favorezca la propiedad colectiva o social,
es decir, que la propiedad privada sirva
al bien de todos y no solamente al de
unos pocos privilegiados.
3) En un tercer momento,
el socialismo como sistema exige un tipo
de organización socioeconómica
de un país, basada en la propiedad
estatal de los medios de producción,
por lo menos de los más importantes
.
No podemos entonces olvidar que, en cuanto
sistema, el socialismo tiene un rostro
múltiple. Son muy diferentes y
aun contradictorias las varias experiencias
de organización que se cobijan
bajo el mismo rótulo de "socialistas".
Varios tipos
de socialismo
Hay socialismos moderados
que solo buscan una "organización
racional" de la sociedad, haciendo
que la propiedad sea social, es decir,
que no pertenezca únicamente a
un grupo de individuos o familias sino
a toda la sociedad. Y hay socialismos
extremos cuya base es la "colectivización
total" de los medios de producción
(tierra, industria, banca, transporte,
comercio, educación, medios de
comunicación). Hay socialismos
democráticos que garantizan la
libertad de las personas y los grupos,
facilitan el debate público y permiten
la activa participación política
de los ciudadanos en el manejo de la cosa
pública. Y hay socialismos totalitarios
que aplastan derechos fundamentales del
hombre, que no permiten elecciones populares
ni discusión de los asuntos públicos,
que todo lo imponen dentro de un autoritarismo
absoluto.
Combinando dos coordenadas o factores
fundamentales, como son el factor económico
y el factor político, podemos distinguir
diferentes tipos de socialismo según
se combine en ellos la democracia política
(con pluralismo) o la no–democracia
(partido único) con la colectivización
parcial o total de los medios de producción
en manos del Estado. El socialismo como
sistema de organización política
y socioeconómica se presenta, así,
dividido en dos grandes corrientes, a
las que se puede añadir un grupo
tercermundista de ciertas experiencias
socializantes o comunitarias que han tenido
muy disímiles resultados.
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