El
Laborismo (socialismo) inglés no
tuvo necesidad de hacer dicho viraje,
pues su inspiración le viene no
del comunismo sino de un humanismo bíblico
y cristiano (el Fabianismo), que le permitió
en Gran Bretaña influir desde 1922
como el segundo mayor partido, desarrollar
desde 1940 un amplio programa de reforma
social, y llevar a cabo desde el gobierno
(1945-1979) una de las mayores 'revoluciones'
sociales efectivas del mundo. El laborismo
antes de Tony Blair era todo corazón.
Con él, ahora usa más la
cabeza.
Socialismo
sin aristas y amplia aceptación
Admite el pluralismo de ideologías
y fuerzas políticas. Rechaza el
Estado omnipotente y la dictadura del
proletariado. Renuncia a la colectivización
a la fuerza y acepta un sistema mixto
económico, en el cual también
hay lugar para la propiedad privada de
algunos medios de producción. No
hay un partido único sino que se
admiten otros partidos autónomos.
Admite que en unas elecciones populares
se pueda llegar a perder el poder, como
ocurrió en Suecia en 1976, después
de tener 44 años el gobierno, y
como ocurrió en España tras
el gobierno socialista moderado de Felipe
González. Este socialismo democrático
presenta sus ventajas sobre otros. Ha
logrado buen desarrollo económico,
con respeto de las libertades fundamentales.
Garantiza justicia social y a la vez libre
juego democrático. Promueve una
economía socializada (que sirve
al interés general y no a los intereses
de unos pocos), pero con rostro humano
(economía que no aplasta a los
individuos).
Sin embargo, no puede olvidarse que en
todo sistema socialista se corre el riesgo
de un agigantamiento exagerado del poder
central, que fácilmente se vuelve
un pulpo devorador de personas y de grupos
intermedios. Con razón el líder
socialista de India, Asoka Mehta, ha afirmado
que el socialismo es una atractiva meta,
pero la concentración de poder
es tan peligrosa como la concentración
de capital. Tampoco puede olvidarse el
peligro de elefantiasis de la burocracia
oficial, con malgasto de los dineros públicos,
ineficiencia administrativa y pervasiva
corrupción. En general, el Estado
es mal administrador. Los sectores socializados
y oficiales suelen recargarse de burocracia
y funcionan negligentemente. En esto,
la experiencia vivida en nuestros países
latinoamericanos ha sido desastrosa, bajo
todo tipo de regímenes.
En la década de los años
80, se habló con frases laudatorias,
de la ‘Europa de los siete socialistas’
. En Portugal, Mario Soares, quien sigue
figurando en la escena política.
Aunque en Lisboa se dice popularmente
que "Mario es un socialista creyente
pero no practicante". En Austria
(país de solo seis millones de
habitantes) -donde el socialismo democrático
está bien aclimatado- Kreisky y
Sinowatz. En Suecia, Olof Palme, en 1982
volvió al poder después
de seis años de gobierno del partido
conservador. Fue asesinado en 1986. El
escandinavo ha sido un socialismo con
un Estado muy liviano, en libertad ciudadana
y con rostro humano, que ha funcionado
bien con sus pequeñas pero constantes
reformas. En Grecia, Andreas Papandreu,
durante siete años hizo de PASOK
(movimiento socialista panhelénico)
el primer partido del país. En
Francia Francois Miterrand, desde mayo
1981, gobernó como presidente constitucional
el Estado francés. En 1995 es elegido
Jacques Chirac, actual presidente de centro–derecha,
con primer ministro socialista que él
designa.
Socialismo
libertario o de nueva izquierda
Hoy
se recomiendan las experiencias de la
llamada "tercera vía",
intermedia entre la experiencia social–demócrata
y la neo–liberal capitalista. Tendencia
a la que parecen apuntar nuevos gobernantes
de una izquierda diferente a la anterior
y, por lo mismo, viable en este siglo
XXI. Tales 'Lula' da Silva en Brasil,
Vásquez en Uruguay. Con el titulo
de "El gobierno en el futuro”
se acaba de reeditar una famosa conferencia
del pensador Noam Chomsky (Bogotá,
Anagrama 2005), en la cual analiza cuatro
orientaciones políticas actuales,
con sus pros y sus contras (el capitalismo,
el socialismo de Estado, el neoliberalismo,
el socialismo libertario). Y toma partido
por la cuarta, que recomienda como la
mejor utopía política para
este nuevo siglo.