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En
abril 1948, cuando la Conferencia Internacional
Interamericana creó en Bogotá la Organización
de Estados Americanos (con participación
del presidente de Venezuela Rómulo Betancourt),
se subrayó que la OEA debería ser el foro
americano donde se ventilarían las divergencias
y se trabajaría por un mejor continente,
una organización política que debería operar
mediante el consenso de sus miembros. Con
el difícil proceso de elección de nuevo
Secretario General de la Organización –tras
una interinidad de casi 7 meses por la renuncia
de Miguel Ángel Rodríguez, expresidente
de Costa Rica acusado de corrupción en su
país- ha quedado de manifiesto (como en
un espejo quebrado) que las Américas es
un continente muy fraccionado por las divergencias
reales de hoy y muy dividido por las formas
de concebir su mejor futuro.
Estados Unidos con enorme desconocimiento
de la realidad actual latinoamericana, cometió
dos equivocaciones. Proponer inicialmente
para el cargo la candidatura de Flores,
expresidente de El Salvador, sin la experiencia
ni habilidad política que por lo menos había
tenido César Gaviria por diez años. Y cuando
se vio la fuerza que concitaba la candidatura
del chileno Insulza, EUA aupó a última hora
la candidatura del mexicano Derbez, quedando
el juego trancado a 17 votos contra 17 en
cinco intentos de elección. Menos mal que
los instintos femeninos muy diplomáticos
de Condoleezza Rice y su viaje relámpago
por varias capitales de Suramérica atajó
la vergüenza de un Estados Unidos derrotado
y el que hubiera quedado al frente de la
OEA un Secretario General sin suficiente
apoyo mayoritario de los países miembros.
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Análisis
& Opinión
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Insulza
61 años, abogado y magister en
Ciencias Políticas por la Facultad
Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso)
y estudios en la universidad de Michigan,
amante del fútbol, con sentido
de humor, emotivo y bonachón; tiene
fama de ser avasallador, con capacidad
y peso para avanzar con rapidez y contundencia
en misiones difíciles. De ahí
que periodistas de El País (Madrid)
lo denominan un ‘panzer’,
en alusión a los famosos blindados
de la Werchmacht alemana. En su ubicación
política, de joven dirigente universitario
en la Democracia Cristiana, emigró
hacia la izquierda moderada en el Movimiento
de Acción Popular Unitaria (MAPU),
que colaboró en el gobierno de
Salvador Allende (1970-1973). Después
se integró al Partido Socialista.
Fue asesor de la cancillería chilena,
académico, se hizo popular como
panelista mordaz y brillante en un programa
de debate por TV. Estuvo en exilio todo
el tiempo de la dictadura de Pinochet
(1973-1990). Reconoce a México
como su segunda patria y allí conoció
a su actual esposa Georgina Núñez.
Su estadía en Europa contribuyó
a sus ideas sobre renovación del
Partido Socialista. Siendo ministro de
Relaciones Exteriores de Eduardo Frei
tuvo el difícil encargo de evitar
que Pinochet fuera extraditado a España
y en cambio regresara a Chile para ser
allí juzgado. Y esto, a pesar de
que la dictadura le había negado
el permiso de ingreso para asistir al
funeral de su padre, y el régimen
había torturado y matado a muchos
de sus amigos.
Retos
1. Debe superar una primera
reacción visceral de muchos de
quienes lanzaron y apostaron fuertemente
por su elección como polo canalizador
de una izquierda latinoamericana, socialista
y antagónica del hegemón
imperial del norte. Las destempladas y
poco oportunas declaraciones de Fidel
Castro dejan en posición diplomática
incómoda a su amigo Chávez
dentro del foro americano en su nueva
etapa. El miércoles 4 de mayo,
Castro calificó a Insulza de “bobito”
y “nuevo testaferro de Estados Unidos
en la región”, por haber
señalado que la OEA debe promover
la democracia en todos los países
del continente incluida Cuba.
2. No puede negarse –como
ha dicho Peter Hakim, presidente de Diálogo
Interamericano de Washington- que “la
OEA no es una organización vibrante.
Tiene poco dinero, sufre divisiones y
no cuenta con un historial de grandes
éxitos”. Hace años
tuvo pésimos conductores. Más
recientemente, la gran habilidad política
de César Gaviria, por dos períodos,
le devolvió protagonismo a la OEA.
Gaviria marcó un rumbo en promoción
y defensa de la democracia, con innegables
aciertos en el manejo de situaciones críticas
en Haití (1991), Venezuela (1992),
Perú (1992), Guatemala (1993),
Paraguay (1996), Ecuador (2000), de nuevo
y especialmente Perú (2000), y
dejó firmada la Carta Democrática
Interamericana (2001), como nuevo instrumento
que se estrenó en Venezuela, a
partir de 2002. Pero la aplicación
de dicha Carta ante movimientos internos
desestabilizadores de nuestras endebles
democracias y el complicado mapa político
de los 34 miembros de la OEA va a requerir
un tipo de conducción muy imaginativo
y a la vez firme. “Construir un
consenso sobre lo que la OEA debe hacer
para defender la democracia, demostrar
más autoridad y lograr más
respaldo que anteriores secretarios generales,
y conseguir que los países aporten
los recursos para que la organización
sea viable, porque depende demasiado de
Europa, Canadá y Estados Unidos”,
son desafíos grandes para Insulza,
en sentir de Hakim. Es tiempo de expectativas.
Hay problemas de fondo en nuestro hemisferio,
que se ha convertido en un muestrario
de urgencias, y la OEA debe ser más
relevante para su solución.
Pero
¡ojo! El nuevo conductor, además
de tener claro el rumbo, debe evitar dar
bandazos entre los extremos y tratar de
pasar incólume la nave entre las
nuevas Scilla y Caribdis de un continente
cada vez más polarizado –como
lo ha expresado bien nuestra internacionalista
Elsa Cardozo.
“Una OEA que evite disentir de Estados
Unidos es tan innecesaria como una que
tema coincidir con ese país. Una
que eluda la preservación de las
instituciones democráticas es tan
innecesaria como una que no atienda los
problemas sociales y económicos.
El mejor antídoto contra los unilateralismos
en el hemisferio es una OEA renovada y
fuerte”.
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