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Entendemos
por LÍDER "aquel que tiene por
tarea conducir a su pueblo de donde está
a donde debe estar" (H. Kissinger).
Es "el comadrón que vigila el
parto de un pueblo en camino; quien acelera,
congela o degrada los procesos sociales"
(F. Herrera Luque). AUTORITARISMO, en todos
los niveles donde suele darse, deriva del
principio de autoridad, de esa relación
entre mando apodíctico (afirmativo
sin más) y obediencia incondicional
(sin excusa). El autoritarismo es una manifestación
degenerativa de la autoridad, una pretensión
y una imposición de la obediencia
que prescinde en gran parte del consenso
de los subordinados y restringe la libertad.
En el fondo supone el concepto de desigualdad,
reduce al mínimo la participación
de los de abajo e implica, de ordinario,
una marcada utilización de los medios
coercitivos.
Enfoque
psicoanalítico
Cuando se recurre a las obras de Freud (Tótem
y tabú), prima el enfoque individualista
y exclusivamente psicoanalítico del
autoritarismo. Recordemos el núcleo
de su pensamiento. Freud descompone la psiquis
de la persona humana en ID, que es el agente
del deseo que no acepta que se le niegue
algo; el SUPEREGO, que es la autoridad que
disciplina al Id con severidad; y el EGO,
que trata de intermediar entre los otros
dos. Esta intermediación es particularmente
difícil y penosa porque el ego no
siempre está consciente de cómo
operan los otros dos integrantes y de las
amenazas que representan, y porque tiene
que operar en un mundo exterior, que es
frecuentemente hostil. Para Freud este conflicto
permanente define la vida de las personas
y es la fuente de sus ansiedades y angustias.
Para resolver el conflicto interno y las
amenazas del mundo exterior, Freud pensaba
que la gente encuentra un número
de soluciones, algunas intoxicantes, que
le permiten hacer más soportable
el superego o manejar las otras ansiedades.
El alcohol es una de ellas. El amor romántico
y apasionado cumple también con el
propósito porque el ser amado suplanta
al superego y, cuando es correspondido,
el amor crea un sentimiento de mágico
bienestar.
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Análisis
& Opinión
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| Enfoque
político
Pero hay también en Freud elementos
que permiten analizar el autoritarismo cuando
se trata de ideologías y de regímenes
políticos, es decir, del mundo de
la política. ¿Por qué
las masas tratan de adorar a sus conductores?
¿Por qué se dejan avasallar
(y en ocasiones con aceptación y
gusto) por personalidades autocráticas
de la política? ¿Se puede
hablar de la existencia de angustias y urgencias
fundamentalistas en una población,
que la lleva a añorar inicialmente,
a aceptar después y a respaldar finalmente
gobiernos fuertes y aun despóticos?
Fenómeno que ya lo preveía
Erich Fromm respecto del serio y culto pueblo
alemán, en su famoso estudio "El
miedo a la libertad" (1941), antes
de que Hitler se adueñara del poder
y de los alemanes. Asunto que dejan bien
ilustrado Theodor Adorno y sus colaboradores
en la monumental investigación, todavía
actual, "La personalidad autoritaria"
(1950).
Y es que hay base que le permitía
a Freud pensar que la relación que
entablan los pueblos con sus líderes
autocráticos es una relación
erótica. ¿Qué sucede
cuando las masas son hipnotizadas por el
conductor? El tirano se toma el lugar del
superego. Y calma las ansiedades y angustias.
El superego suele ser inconsistente, pero
el líder es claro y absoluto. Promulga
un código único, liquidando
así ansiedades para la psiquis. El
líder autocrático, tanto de
derecha (fascista) como de izquierda (comunista),
se toma grandes libertades contra las instituciones
y la tradición.
Moraleja
Cuando una sociedad relativamente
democrática es amenazada por la violencia
y el terrorismo, o por la inseguridad y
el anarquismo, surge una especie de urgencia
fundamentalista, la necesidad de unión
y de defenderse por cualquier medio. Y es
entonces cuando el pueblo busca el logro
de la unidad y el progreso de la nación
a través de la acción de un
"cirujano de hierro", de un "hegemón",
de un "buen tirano", de un "César
democrático", de un "Príncipe",
de un "Caudillo". Es entonces
cuando "el discurso y el mito del Gendarme
Necesario tiende el puente discursivo justificador
y legitimante entre dictadura y democracia"
(L.R. Dávila).
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