La
IIIª Cumbre de Québec (2001)
enfatizó el fortalecimiento de
la práctica democrática
en la región: los 33 presidentes
acogieron la llamada “cláusula
democrática” y la suscribieron
posteriormente en la Carta Democrática
de la OEA, de obligatorio cumplimiento
para todo país que quiera seguir
perteneciendo a la familia de las Américas.
La reciente IVª Cumbre enfatiza lo
social: crecimiento económico con
equidad para erradicar la pobreza, lo
que debe conducir a una mayor gobernabilidad
democrática.
COMPROMISO
DE TENDENCIAS
Por la agenda dominante en las Cumbres
de las Américas puede advertirse
el peso de los intereses de los Estados
Unidos en cada una de las coyunturas.
Querámoslo o nó es una realidad
hegemónica ineludible, mayor ahora
que cuando Simón Bolívar
prevenía contra ella en su época
y buscaba crearle un contrapeso en el
Congreso Anfictiónico de Panamá.
América Latina es una zona geopolítica
bastante olvidada de ordinario (o no suficientemente
apreciada) por las administraciones norteamericanas,
sobre todo por las republicanas. Pero
no puede olvidarse que este año
bisiesto es año electoral en EU
y que el electorado de habla hispana comienza
a contar ya algo para el presidente que
busca la reelección.
Bush, así como ha relanzado el
llamativo programa espacial de la NASA,
creyó también oportuno reunirse
con sus colegas del Sur para dar un vistazo
a los problemas de “nuestra región”.
Pero América Latina, en estos tres
años, ha cambiado y es bastante
distinta. Es ahora menos dócil
y confiable para EU –como lo evidenció
su escuálido apoyo a la guerra
de Iraq. La la relación es ahora
menos asimétrica. La intención
de Bush parecía ser presionar más
a nuestros países para el pronto
ingreso al ALCA, hacer sentir más
sola a Cuba por fuera de la OEA, golpearle
la cresta a los nuevos gallos de Argentina
y Brasil y quizás hacer desafinar
más a Chávez en el abigarrado
concierto de naciones tropicales. Pero
la realidad ha sido otra. Sin ceder en
sus propósitos (“el comercio
es el camino más seguro hacia la
prosperidad dcuradera”), la delegación
de EU ha tenido que aceptar que el énfasis
comercial (libre comercio) no soluciona
de por sí los graves problemas
de desarrollo y pobreza de estos países
si no va acompañado de un efectivo
proceso de equidad en la distribución
del ingreso y de oportunidades así
como de una explícita política
de desarrollo social. Lo expresó
bien, en sus palabras de inauguración
de la Cumbre, el presidente Lagos de Chile:
“Este no es el continente más
pobre, pero tal vez es el más injusto.
Con equidad seremos capaces de derrotar
la pobreza e introducir elementos de gobernabilidad
entre nosotros”. Así lo había
expresado Lula da Silva de Brasil: “Para
nosotros, lo económico y lo social
constituyen dos dimensiones inseparables
e igualmente prioritarias del desarrollo”.
Y así quedó consignado en
el documento final de la Cumbre: “La
justicia social y la reducción
de la pobreza contribuyen a la estabilidad
democrática de nuestros Estados
y de la región. Reiteramos que
entre las principales causas de la inestabilidad
en la región están la pobreza
y exclusión social, que necesitamos
enfrentar de forma urgente”. En
forma complementaria, otro tema reiteró
el compromiso ya adquirido por todos para
intensificar y fortalecer la cooperación
en la lucha contra el terrorismo (tema
privilegiado por la delegación
de Colombia) y un nuevo tema (privilegiado
por los países de Centroamérica)
que, asumido por Estados Unido, deberá
reducir los costos de los envíos
de remesas desde ese país y abaratar
los de recepción de estos fondos
en los países latinoamericanos.
Su cantidad anual se calcula en 32.000
millardos de dólares (cantidad
mayor que las inversiones desde EU), que
favorece especialmente a países
de alta inmigración en EU como
México, Centroamericanos y más
recientemente países Andinos.
CONCLUSION
En homenaje al politólogo italiano
Norberto Bobbio, recientemente fallecido
en Turín, eminente formador de
varias generaciones de cientistas políticos,
verificamos con satisfacción que
en la IVª Cumbre de Monterrey se
va cumpliendo su paradigma de una democracia
eficiente con una fórmula social
descontaminada de populismo y compatible
con un crecimiento económico, que
puede ser bandera de una nueva izquierda,
diferente y viable, para nuestros países
al sur de Rio Grande.