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Dada
la delicada problemática que vive Venezuela
(que tiende a agravarse) y la preocupación
general que existe al respecto en los otros
33 países miembros de la familia de las
Américas, ayer (27/10/2002) llegó de nuevo
César Gaviria, Secretario General de la
Organización de Estados Americanos. Vuelve
en funciones de facilitador de un diálogo
efectivo entre las partes en conflicto.
El mejor retrato de Mijail Gorbachov lo
hizo quien fuera por muchos años Ministro
de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética,
Andrei Gromiko. Dijo de él: "Es alguien
que tiene una mordedura de hierro tras una
amable sonrisa".
De Gaviria se puede decir lo mismo. Y conviene
en Venezuela no llamarse a engaño sobre
el personaje. Gaviria es un demócrata tenaz.
Doblado de avezado negociador, inteligente,
paciente, imaginativo, que sabe llegar a
donde quiere y no suelta la presa fácilmente.
Por lo demás, dada su alta jerarquía, representa
una Organización de innegable poder en nuestro
continente, con la que no se puede jugar.
La OEA es una institución madura, que ha
visto todos los procesos políticos gestados
en las Américas, desde los experimentos
de signo marxista, pasando por la alineación
en la llamada Guerra Fría, hasta los recientes
intentos de globalización con todos sus
buenos y malos efectos. Más que testigo,
la OEA es actor importante dentro de este
complejo escenario americano.
TRAYECTORIA DE LA OEA
Se podrían señalar, con algo de subjetividad,
algunos períodos a lo largo de los 54 años
de la OEA. El período inicial (1948 ss)
no fue muy creativo; se practicó una solidaridad
automática con los intereses predominantes
de Estados Unidos durante la Guerra Fría.
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Análisis
& Opinión
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En los años sesenta, se
promovió la Alianza para el Progreso,
que permitió a la OEA recobrar el perfil
de agente de integración y desarrollo,
en parte como respuesta a Castro.
En los años setenta, la OEA se vio muy
marginada en los asuntos hemisféricos
y entró en crisis durante los años 75
a 84. De ahí para adelante, la OEA se
reorienta y concentra su atención en la
consolidación de la democracia en América
Latina. Hay pronunciamientos expresos
a favor de la democracia representativa,
como el de Cartagena de Indias, la Resolución
1080 de Santiago de Chile y posteriormente
el Protocolo de Washington (1992).
El Consejo Permanente aplicó medidas apropiadas
frente a una repentina o irregular interrupción
del proceso político institucional democrático
o del ejercicio ilegítimo del poder por
parte de algún gobierno democráticamente
elegido. El procedimiento ha sido invocado
en 5 oportunidades para rechazar acciones
de tal tipo en países miembros como Haití
(1991), Guatemala (1993), Perú (1992 y
2000), y Paraguay (1996).
La OEA en estos últimos años viene tomando
muy en serio su papel de salvaguarda democrática
y regulador de las relaciones hemisféricas.
Se ha cuidado de intervenir en misiones
poco exitosas. Pero donde lo ha hecho,
su acción reducida ha sido efectiva. Recuérdese
cómo Gaviria actuó personalmente en 1997
para impedir que el general Lino Oviedo
derrocase al presidente de Paraguay Juan
Carlos Wasmosy. Y lo acontecido en Perú
es de factura más reciente. Al forzar
Fujimori una segunda reelección a través
de unos comicios sin garantía de transparencia,
la OEA emite una resolución de la que
nace un mandato político para el Perú.
Al principio, el gobierno peruano se negó
a aceptar la participación del organismo
interamericano. Pero por supervivencia
debió ceder ante los embates de la opinión
pública internacional. Gaviria funge como
mediador y coordina en Lima las mesas
de trabajo con tres actores: el gobierno,
la oposición y la sociedad civil. El resto
es historia. Fujimori ejerció su tercer
mandato apenas por unos meses. Un súbito
viaje lo llevó a Brunei y después a la
X Cumbre Iberoamericana en Panamá; terminó
en Japón, desde donde envió al Congreso
una carta de dimisión el 20 de noviembre
del 2000. Carlos Ayala Corao, expresidente
de la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos (CIDH) - en un autorizado análisis
de lo ocurrido en Perú- afirma: "El caso
del Perú sentó un precedente en los registros
de la OEA. Esa experiencia demostró que
no basta la legitimidad que concede el
voto, sino que en los sistemas democráticos
actuales, la legitimidad es necesaria
para el ejercicio de las funciones gubernamentales".
APLICANDO LA CARTA DEMOCRATICA
Todos los 33 presidentes y jefes de gobierno
que estuvieron en la Cumbre de Québec
(abril 2001) acogieron la llamada "cláusula
democrática" y la suscribieron posteriormente
en setiembre del 2001. Es una Carta de
navegación, un señalamiento de curso a
seguir, una trayectoria que debe aplicarse,
un manual de comportamiento interamericano.
Y es un mandato de obligatorio cumplimiento
para todo país que quiera seguir perteneciendo
a la familia de las Américas. Cada país
en su historia política tiene su propio
'copyright'', con los matices particulares
de su idiosincrasia. Venezuela tiene el
suyo, irrepetible y en cierto modo atípico.
Para ayudarle a buscar sus propias soluciones,
el Secretario General de la OEA llega
a Caracas con un trabajo ya iniciado sobre
tres temas, que fueron aceptados por el
gobierno y gran parte de la oposición
en los llamados "Principios para la Paz
y la Democracia en Venezuela". Son ellos:
* el fortalecimiento del sistema electoral,
* la investigación de los hechos del 11
de abril pasado,
* la necesidad de desarmar a la población
civil.
Y anunció que propondrá "una estructura
y una agenda para un debate que incluya
los temas críticos que siguen dividiendo
a la sociedad venezolana". Entre ellos,
tendrán el país político y el país nacional
que abordar cuestiones álgidas como:
* las restricciones intimidantes a la
libertad de expresión,
* la participación de autoridades militares
en el debate público,
* la inadecuada separación de poderes
y la falta de contrapesos institucionales
idóneos.
CONCLUSION
Venezuela con su proceso electoral del
98 y su nueva Constitución del 99, parecía
tener el 'hardware' de una democracia
criolla modelo, representativa y participativa.
Y ahora resulta -a los tres años de una
gestión bolivariana y revolucionaria-
que le falta el 'software'.
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