¿Desintegración regional?
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Los tsunamis no se dan solamente en Oriente. En nuestra subregión, el simple anuncio del 'fallecimiento' de la CAN (Comunidad Andina de Naciones) hecho por el presidente Chávez, viene produciendo un terremoto económico, social y político, cuyas ondas concéntricas llegan hasta el Cono Sur, Caribe, Norteamérica, Unión Europea y Extremo Oriente. 37 años de un esfuerzo gigantesco de integración económica de la Comunidad Andina de Naciones han sido saltados a la torera por la decisión sorpresiva de sacar a Venezuela de la comunidad que ahora preside. Con todos sus defectos y falencias de funcionamiento, pero con instituciones ya bien establecidas y beneficios netos, la CAN venía desempeñando un buen papel de estimular y coordinar un mayor desarrollo de un grupo de cinco naciones de crecimiento intermedio, sin que ello impidiera que algunas de ellas (por su peculiar economía) pudieran pensar en ampliar sus mercados, a escala mayor, dentro de grandes Alianzas como Mercosur, TLC (Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos), Comunidad Europea, China, India, Japón. ¿Qué ha pasado? ¿Cabe un responso de difuntos para la Comunidad Andina?

37 años de integración andina

La columna vertebral de este proceso es el Acuerdo de Cartagena (26 mayo 1969) que creó el Pacto Andino y que tuvo que irse adaptando a cambios inevitables. Primero en cuanto al número de sus miembros plenos. Inicialmente fueron cinco. Venezuela ingresó (13 diciembre 1973), pero Chile se retiró a raíz del golpe de Estado de Pinochet (5 octubre 1976). Entre 1975 y 1987 -años de problemas de deuda externa y de la balanza de pagos en casi todos los países de América Latina- al Pacto hubo que adicionarle varios protocolos por los repetidos incumplimientos en cumplir los plazos acordados de liberación comercial. Perú suspendió en 1992 sus compromisos con el programa de liberación, pero los reasumió 5 años después, tras un acuerdo con sus socios.

 

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El Protocolo Modificatorio de Quito (12 mayo1987) creó el Tribunal de Justicia del Acuerdo de Cartagena, el Parlamento Andino y los Consejos Consultivos Andinos tanto Empresarial como Laboral. El Protocolo Modificatorio de Trujillo (10 marzo 1996) crea la CAN actual y el Sistema Andino de Integración (SAI). La CAN cuidó bien el tronco institucional del Pacto y su corteza jurídica, para asegurarle estabilidad y continuidad. Y quizás esta fortaleza pueda ser ahora decisiva para superar el presente feroz embate, del cual pueda salir el Pacto renovado bajo algunos aspectos, batallando con nuevos ímpetus y con criterios mucho más realistas y pragmáticos. La CAN no puede morir sino debe crecer con la crisis.

Un tajo inmisericorde e inútil

De atrás era conocida por la opinión pública internacional la actitud prevenida y beligerante del presidente Chávez contra la globalización y la "Iniciativa para las Américas", propuesta del presidente Bush, similar a la de "Alianza para el Progreso" del presidente Kennedy 30 años atrás. Ello reforzaba su imagen (cada día más globalizada) de pequeño pero valiente y desafiante David frente al Goliat imperial del Norte. Pero pocos podían imaginar que su enemistad contra Estados Unidos lo llevara a castigar a tres naciones, hermanas suyas del mismo padre (Bolívar), por querer entrar a un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (buscando ampliar ellas sus mercados para los productos agrícolas y manufacturados que producen). El presidiente Chávez había suscrito, hace 9 meses en Perú, la configuración de la Comunidad Suramericana de Naciones, con países del Mercosur y la CAN, buscando también integración con la CE (Comunidad Europea). Y había apresurado los pasos para que quedara Venezuela miembro pleno del Mercosur, como ya lo es.

En una rueda de prensa conjunta del 15 febrero 2005 en Caracas, el presidente Uribe había dejado muy claro que en su soberanía, cada país podría escoger el esquema para ampliar integración que mejor se acomodara a las exigencias peculiares de su economía (Venezuela privilegiaría su mirada hacia el Sur y Colombia privilegiaría la suya hacia el Norte). Cuestión de privilegiar y no de rompimiento. El presidente Chávez dio total aquiescencia y no mostró incomodidad entonces. “Pero nosotros tenemos que firmar el TLC con Estados Unidos porque, ¿quién nos va a comprar 600 millones de dólares en flores?", exclamó recientemente Uribe siguiendo dicha lógica pragmática.

El gobierno colombiano no esconde que la crisis de este momento tiene marcados perfiles ideológicos y electorales. Uribe considera que si el tratado se firma pronto, se acabará la discusión ideológica de que “es instrumento neoliberal”; y se pasará a examinar en la práctica qué pasa con cada uno de los renglones productivos, en diálogo abierto y constructivo con Venezuela y Bolivia. El mandatario sostiene que hacer prevalecer ciertas ideologías en los mercados no es útil. "Es irresponsable pretender que se escoja entre Estados Unidos y Venezuela. Colombia necesita a los dos”, dijo con realismo el 25 de abril, el presidente de la Andi (Asociación Nacional de Industriales), Luis Carlos Villegas. El Mercosur tiene también sus problemas. Y dentro de su asimetría (con un gigante como Brasil encabezándolo), los otros socios medianos o pequeños (Uruguay, Paraguay, y seguirá Bolivia) se están resintiendo.

El presidente Tabaré Vásquez viene adelantando negociaciones directas con EUA y ha insinuado que preferiría salir del Mercosur si se le impide a Uruguay ampliar sus relaciones comerciales. Analistas internacionales acuciosos están observando que como contrapuesta al ALCA lo que el presidente Chávez pretende es presionar para la creación de su ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), en la que Venezuela, por su potencial energético, debería ser la cabeza de león. Y en tal dirección acaban de firmar Venezuela, Cuba y Bolivia el TPC (Tratado Comercial de los Pueblos). Pero la propuesta luce todavía muy utópica e irreal. Es difícil pensar que grandes polos de desarrollo (como el gigante Brasil, México, Argentina, Chile) le sigan el paso a Venezuela para una desintegración regional de lo que ya existe, en aras de una nueva todavía no bien definida ni segura. El reforzar la integración entre grandes regiones abiertas, es un proceso indetenible de mundialización, que no puede ser tachado (a no ser por una ideología fundamentalista) de "bigamia" o "poligamia".