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En
el mapa geo-político de América
Latina y el Caribe, el espectro ideológico
oscila de la derecha a la izquierda pasando
por el centro, y en la izquierda va desde
el rojo vivo radical hasta el rosado pasando
por un socialismo moderado y democrático.
Un
continente paradójico
Por un lado, no hay ya dictaduras atroces
militares como antes. Pero por otro lado,
hay gobiernos que ostentando estirpe democrática,
al apoyarse en el pueblo que los eligió,
toman medidas extremas que impactan el entorno
regional y afectan a sus mismos amigos y
vecinos tanto geográficos como ideológicos.
Lo ejemplifica Bolivia con la drástica
nacionalización del gas que acaba
de hacer. No fue el arrebato arbitrario
de algún gobierno de facto, sino
el primer paso de un gobierno civil autóctono
que cumple una promesa electoral a la mayoría
que lo eligió.
Un
espectro político variopinto
Dentro de la misma tendencia política
-no bien llamada de 'izquierda'- se observan
dos tonos que van desde el rojo vivo hasta
el rojo desteñido.
• El primero, está conformado
por una familia ya bien caracterizada: abuelo,
padre e hijo. Fidel Castro (80 años),
Hugo Chávez (52) y Evo Morales (46).
La trinidad marxista del continente :
1)
está inspirada y asesorada sabiamente
por el curtido veterano que viene rugiendo
desde hace 47 años contra el Imperio
y sigue agazapado en los acantilados de
su Isla; |
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Análisis
& Opinión
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Más de 120 Editoriales publicados sobre la actualidad política del Mundo : análisis de opinión de situaciones complejas y de gran impacto sobre el mundo de hoy. |
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2)
está alimentada por el verbo electrizante
de Chávez, su estamina incansable
y el flujo inagotable de los petrodólares
venezolanos;
3) y está rejuvenecida
con el aporte de dos grandes razas indígenas
que reclaman una justa deuda multisecular
a través de los gestos moderados
y sonrisa desconfiada de su representante
genuino.
• El segundo difumina el rojo intenso
hacia una mezcla no detonante, menos ideológica
y más pragmática, que viene
cosechando éxitos económicos,
sociales y políticos en varios
países (Chile, Brasil, Argentina,
Uruguay). Mezcla valores socialistas con
práctica democrática, aplicando
un modelo que atiende a un buen crecimiento
macro-económico y a una más
eficiente distribución igualitaria
de la riqueza, con reducción por
lo mismo de la pobreza. Y hacia este mismo
modelo apuntan hoy Colombia, Perú
y posiblemente México, desde un
referente ideológico azul o verde.
La
izquierda del futuro
Entre tanta literatura de diferente valor,
hay ya suficientes materiales como para
intentar un gigantesco mural de lo que
han sido, en nuestros países al
sur de Río Grande, las luces y
sombras, los altibajos, los éxitos
parciales y los grandes fracasos de las
izquierdas. Advertimos que no ha existido
ni existe en nuestro continente una izquierda
monolítica y organizada. Ha habido
de todo. Sin embargo, la Izquierda sí
tiene todavía una palabra que decir
y una acción sociopolítica
que intentar como alternativa válida
frente al capitalismo salvaje y a la globalización
neoliberal que está engullendo
todo.
Enrique Rubio, del Centro Uruguay Independiente,
que apoyó la candidatura presidencial
ganadora, de Tabaré Vásquez
y su Frente Amplio, tiene un clarividente
libro sobre La Izquierda del futuro, cuyas
conclusiones suscribo: En la actualidad
nada es fácil para la Izquierda-dice.
Pero la Izquierda es porfiada. Para que
sea viable en las nuevas coyunturas nacionales
debe:
1) reelaborar su memoria
(saldar algunas cuentas pendientes de
la Izquierda clásica);
2) gobernar con la globalización
(es decir, insertarse en ella pero de
acuerdo con sus propios objetivos),
3) dar cauce al empuje
transnacional y a la integración
regional;
4) reformar el Estado
con miras a una democratización
de la economía;
5) estimular el dinamismo
en la sociedad;
6) buscar las confluencias
de las fuerzas progresistas a escala internacional;
y
7) muy importante, promover
más democracia. Debe conducir un
proyecto histórico al servicio
de una utopía democrática–socialista.
Moraleja
La Izquierda, si quiere tener futuro,
debe ser DIFERENTE a lo que ha venido
siendo y VIABLE, que pueda pegar en nuestros
países: ni tan dogmática
ni tan ideologizada. Debe revitalizarse,
reconvertirse, purificarse y dejar sus
desdenes por la democracia, por el reformismo,
por la religión, por el desarrollo
económico sostenido. “Queremos
vino nuevo en odres nuevos”
(pancarta en la Alexander
Platz de Berlín oriental, noviembre
1989).
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