América Latina : Una tara difícil de erradicar (Editorial 85)

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“Tara” –según el Diccionario Esencial de la Real Academia Española- es un defecto físico o psíquico, por lo común importante y de carácter hereditario, que disminuye el valor de algo o de alguien. El Informe de Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe (PNUD 2010) emanado de la ONU, califica a la DESIGUALDAD como una tara propia y grave de nuestra región latinoamericana, antigua y persistente, compleja en sus factores, distinta de la pobreza y que sigue resistiendo el impacto de políticas públicas que varios de nuestros países vienen –en buena hora- implementando con relativo éxito.

 

 

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Defecto de larga data
, "La Conquista provocó un 'shock' que nunca se ha remontado". Así lo afirma Jorge Castañeda en excelente artículo (22/07/2010) donde consigna que el fenómeno había sido ya detectado desde los viajes de Alejandro von Humboldt por México y otras tierras. “ La desigualdad en América Latina no es producto ni del neo-liberalismo, ni del populismo, ni del desarrollismo, aunque todos estos ismos puedan haberla acentuado. Se remonta a muy lejanas épocas, y casi con toda seguridad se puede afirmar que tuvo un momento fundacional: la Conquista”. Sebastián Edwards en reciente libro (Left Behind: The False Promise of Populism in Latin America: La Izquierda escondida tras la falsa promesa de Populismo en América Latina 2010) analiza el hecho de la historia política y económica de Latinoamérica marcada por grandes esperanzas y aun mayores desengaños, a pesar de sus abundantes recursos y épocas de productividad y riqueza
Edwards trata de explicar por qué estas naciones han fallado en disfrutar de los beneficios de la globalización y atinadamente previene contra los peligros de regresar a un populismo económico en la región, con desastrosos efectos como los que vienen produciéndose en Venezuela con la excesiva regulación estatal, la manipulación del cambio de moneda, la corrupción omnipresente. Pero advierte también contra el error de incurrir en reformas neoliberales como las de la década de los años 90 que fueron perjudiciales. Edwards apunta al buen ejemplo de conducción que viene dando Brasil en el continente.
Reducir la desigualdad no es imposible, pero sí es una tarea muy compleja de políticas públicas que tienen que ser fuertes, audaces y continuadas.

Reduciendo la desigualdad
“Declining Inequality in Latin America: A Decade of Progress?” (La desigualdad declina en Latinoamérica. Una década de progreso?), complementa bien el Informe del PNUD, ya que sus autores Nora Lustig y Luis F. López-Calva participaron en la elaboración de dicho Informe. Existen buenas razones –según ellos- para pensar que por fin, y a pesar de todos los obstáculos, a lo largo del último decenio la desigualdad ha comenzado a menguar en algunos países de América Latina. Gracias a casi quince años de estabilidad de precios, de crecimiento sostenido (aunque en ocasiones modesto) y de políticas duraderas de combate a la pobreza, hay países donde la desigualdad ha empezado a declinar.

Sobre el tema tiene la expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, un juicioso y autorizado artículo titulado “Laberintos de cristal” (22-07-2010) donde afirma que ““la bandera de la igualdad ha sido para mí y para millones la principal causa para enrolarnos en las filas de la política activa. Llegamos a ella para cambiar el orden natural de las cosas; aquel orden donde la desigualdad ocupa -y sigue ocupando, lamentablemente- un lugar tan preponderante. Aquel orden donde el más grande arrasa con el más chico. Donde se perpetúan en el tiempo divisiones sociales, étnicas o geográficas. Donde vastos sectores de la comunidad, como las mujeres, son sometidos a arbitrarias diferenciaciones”. Reconoce que “la desigualdad acompaña muy especialmente a los latinoamericanos, donde las segregaciones de todo tipo son más fuertes que en otras latitudes. Son décadas y décadas de lucha contra esta verdadera vena abierta que posee nuestra tierra”. Y apunta a lo que la superación de esta realidad mórbida exige a nuestros países, gobiernos y sociedad civil: “La realidad nos demanda respuestas integrales y reclama el necesario papel del Estado como garante en el desarrollo de la justicia social y de la titularidad de los derechos, potenciando el desarrollo de la economía y de la democracia para la construcción de una sociedad más igualitaria. Se requiere de un nuevo papel del Estado, del mercado y las familias en el cuidado de las personas, incluyendo la corresponsabilidad social. Nuevas formas de organización cotidiana, y de los entes públicos y del sector privado, que deben ser orientados con el aporte de las políticas públicas”.

Conclusión

La desigualdad importa en sí misma. Importa para la democracia , porque la igualdad es la base para que los ciudadanos tengan posibilidades efectivas de elegir libremente entre distintas opciones de vida. Importa para la economía, porque la desigualdad afecta la calidad del crecimiento y hace más difícil la lucha contra la pobreza. Importa para la sociedad, porque una situación de igualdad genera cohesión social y mayores espacios para la gobernabilidad.

No cabe duda que el combate a la pobreza debe continuar entre las prioridades, pero deben fortalecerse los instrumentos que reduzcan la desigualdad y fortalezcan a la clase media. Es necesario incidir sobre las condiciones objetivas de los hogares, sobre aspectos subjetivos que determinan aspiraciones de movilidad y sobre la capacidad redistributiva del Estado.

El oportuno Informe PNUD sobre la desigualdad en América Latina y el Caribe reclama nuestra atención sobre la necesidad de un enfoque más integral de política pública y de un mayor fortalecimiento de los instrumentos redistributivos y regulatorios del Estado en los países de nuestra región.. Es un llamado a romper ese círculo vicioso histórico de alta desigualdad, con medidas concretas y efectivas. Es, en definitiva, una convocatoria a actuar, hoy , sobre el futuro.

06-01-2012