Defecto
de larga data
, "La Conquista provocó un
'shock' que nunca se ha remontado".
Así lo afirma Jorge Castañeda
en excelente artículo (22/07/2010)
donde consigna que el fenómeno
había sido ya detectado desde los
viajes de Alejandro von Humboldt por México
y otras tierras. “ La desigualdad
en América Latina no es producto
ni del neo-liberalismo, ni del populismo,
ni del desarrollismo, aunque todos estos
ismos puedan haberla acentuado. Se remonta
a muy lejanas épocas, y casi con
toda seguridad se puede afirmar que tuvo
un momento fundacional: la Conquista”.
Sebastián Edwards en reciente libro
(Left Behind: The False Promise of Populism
in Latin America: La Izquierda escondida
tras la falsa promesa de Populismo en
América Latina 2010) analiza el
hecho de la historia política y
económica de Latinoamérica
marcada por grandes esperanzas y aun mayores
desengaños, a pesar de sus abundantes
recursos y épocas de productividad
y riqueza
Edwards trata de explicar por qué
estas naciones han fallado en disfrutar
de los beneficios de la globalización
y atinadamente previene contra los peligros
de regresar a un populismo económico
en la región, con desastrosos efectos
como los que vienen produciéndose
en Venezuela con la excesiva regulación
estatal, la manipulación del cambio
de moneda, la corrupción omnipresente.
Pero advierte también contra el
error de incurrir en reformas neoliberales
como las de la década de los años
90 que fueron perjudiciales. Edwards apunta
al buen ejemplo de conducción que
viene dando Brasil en el continente.
Reducir la desigualdad no es imposible,
pero sí es una tarea muy compleja
de políticas públicas que
tienen que ser fuertes, audaces y continuadas.
Reduciendo la desigualdad
“Declining Inequality in Latin America:
A Decade of Progress?” (La desigualdad
declina en Latinoamérica. Una década
de progreso?), complementa bien el Informe
del PNUD, ya que sus autores Nora Lustig
y Luis F. López-Calva participaron
en la elaboración de dicho Informe.
Existen buenas razones –según
ellos- para pensar que por fin, y a pesar
de todos los obstáculos, a lo largo
del último decenio la desigualdad
ha comenzado a menguar en algunos países
de América Latina. Gracias a casi
quince años de estabilidad de precios,
de crecimiento sostenido (aunque en ocasiones
modesto) y de políticas duraderas
de combate a la pobreza, hay países
donde la desigualdad ha empezado a declinar.
Sobre el tema tiene la expresidenta de
Chile, Michelle Bachelet, un juicioso
y autorizado artículo titulado
“Laberintos de cristal” (22-07-2010)
donde afirma que ““la bandera
de la igualdad ha sido para mí
y para millones la principal causa para
enrolarnos en las filas de la política
activa. Llegamos a ella para cambiar el
orden natural de las cosas; aquel orden
donde la desigualdad ocupa -y sigue ocupando,
lamentablemente- un lugar tan preponderante.
Aquel orden donde el más grande
arrasa con el más chico. Donde
se perpetúan en el tiempo divisiones
sociales, étnicas o geográficas.
Donde vastos sectores de la comunidad,
como las mujeres, son sometidos a arbitrarias
diferenciaciones”. Reconoce que
“la desigualdad acompaña
muy especialmente a los latinoamericanos,
donde las segregaciones de todo tipo son
más fuertes que en otras latitudes.
Son décadas y décadas de
lucha contra esta verdadera vena abierta
que posee nuestra tierra”. Y apunta
a lo que la superación de esta
realidad mórbida exige a nuestros
países, gobiernos y sociedad civil:
“La realidad nos demanda respuestas
integrales y reclama el necesario papel
del Estado como garante en el desarrollo
de la justicia social y de la titularidad
de los derechos, potenciando el desarrollo
de la economía y de la democracia
para la construcción de una sociedad
más igualitaria. Se requiere de
un nuevo papel del Estado, del mercado
y las familias en el cuidado de las personas,
incluyendo la corresponsabilidad social.
Nuevas formas de organización cotidiana,
y de los entes públicos y del sector
privado, que deben ser orientados con
el aporte de las políticas públicas”.
Conclusión
La
desigualdad importa en sí misma.
Importa para la democracia , porque la
igualdad es la base para que los ciudadanos
tengan posibilidades efectivas de elegir
libremente entre distintas opciones de
vida. Importa para la economía,
porque la desigualdad afecta la calidad
del crecimiento y hace más difícil
la lucha contra la pobreza. Importa para
la sociedad, porque una situación
de igualdad genera cohesión social
y mayores espacios para la gobernabilidad.
No
cabe duda que el combate a la pobreza
debe continuar entre las prioridades,
pero deben fortalecerse los instrumentos
que reduzcan la desigualdad y fortalezcan
a la clase media. Es necesario incidir
sobre las condiciones objetivas de los
hogares, sobre aspectos subjetivos que
determinan aspiraciones de movilidad y
sobre la capacidad redistributiva del
Estado.
El
oportuno Informe PNUD sobre la desigualdad
en América Latina y el Caribe reclama
nuestra atención sobre la necesidad
de un enfoque más integral de política
pública y de un mayor fortalecimiento
de los instrumentos redistributivos y
regulatorios del Estado en los países
de nuestra región.. Es un llamado
a romper ese círculo vicioso histórico
de alta desigualdad, con medidas concretas
y efectivas. Es, en definitiva, una convocatoria
a actuar, hoy , sobre el futuro.
06-01-2012