La
palabra <mundialización>
(más apopiada y de mayor uso francés)
se utiliza equivalentemente para denotar
esta situación internacional de
libre movimiento de capitales y de productos,
con lo que todo ello implica de apertura
económica para cada país,
leyes generalizadas de comercio, menor
papel de los Estados-nación y menor
regulación de su economía
interna, campo abierto para las multinacionales
y mayor injerencia de organismos mundiales
tales como el Banco Mundial, el FMI, la
Organización Mundial del Comercio,
la OCDE… Para los voceros y partidarios
de este proceso, la mundialización
es inevitable y el país que no
entre al juego de esta ronda o rueda internacional
va a quedar fuera, como un país
paria y un seguro perdedor. Los países
que se resistan a ser salvados por este
nuevo mesianismo globalista, serán
condenados al infierno. Véase si
nó, lo que pasa con Cuba, y no
hace mucho lo que pasó con Nicaragua
en la era sandinista.
¿NUEVO
TOTALITARISMO ?
A
quienes seguimos con curiosidad por Internet
los debates sobre los grandes temas de
actualidad, nos llama la atención
la diferencia entre un pensamiento neo-liberal
agresivo (como el sostenido por Times
y The Economist de Londres) y otro
también liberal pero moderado y
de preocupación más social
y tercermundista (como el liderado por
Le Monde Diplomatique de París).
Ignacio Ramonet de Le Monde pregunta
descarnadamente si no estamos ya viviendo
sometidos a un nuevo totalitarismo, el
de los <regímenes globalitarios>.
Basado en los dogmas de la globalización
(mundialización) y del pensamiento
único, estos regímenes no
admiten ninguna otra política económica,
subordinan los derechos sociales del ciudadano
a la razón competitiva y dejan
a los mercados financieros la dirección
total de las actividades de nuestra sociedad
dependiente. ‘‘La mundialización
ha matado el mercado nacional, que constituye
uno de los pilares del poder del Estado-nación…Los
Estados no disponen ya de medios para
frenar los flujos formidables de los mercados,
ni para contrarrestar la acción
de los mercados contra sus intereses y
los de sus ciudadanos‘‘. Siguiendo
esta lógica de los regímenes
globalitarios, los responsables políticos
han permitido la transferencia de las
grandes decisiones (en materias de inversión,
de empleo, de salud, de educación,
de cultura, de protección ambiental)
de la esfera pública a la esfera
privada. ‘‘Por ello, en la
hora actual, entre las 200 primeras economías
del mundo, más de la mitad no son
de países sino de empresas. La
cifra de los negocios de la General Motors
es más alta que el producto nacional
bruto (PNB) de Dinamarca, el de la Ford
es más importante que el PNB de
Sudáfrica, y el de la Toyota supera
el de Noruega y muchos países de
Latinoamérica‘‘.
LIBRE
MERCADO E INJUSTICIA SOCIAL
Como
bien advirtió Aylwin, expresidente
de Chile hace 10 años, es un hecho
objetivo y no una mera apreciación
personal que los sistemas de economía
de mercado -que han terminado por imponerse
prácticamente en todo el mundo-
si bien se muestran eficientes para crear
riqueza, son injustos para distribuirla!
Sabemos bien que el mercado tiene sus
leyes propias, totalmente desvinculadas
de consideraciones de tipo social y político.
De hecho, el mercado es un campo de relaciones
de poder en el que los poderosos ganan
y los débiles pierden. ‘‘El
mercado es cruel porque excluye a los
que carecen de bienes materiales para
participar en él, porque castiga
a los que no están en condición
de competir y porque generalmente favorece
el triunfo de los más poderosos
y los más audaces. No cabe discutir
que para superar la pobreza es indispensable
el crecimiento económico, lo que
las economías de mercado logran
hacer. Pero el crecimiento, siendo necesario,
no es suficiente para eliminar la pobreza,
y si no se complementa con políticas
eficaces de desarrollo social, aumenta
las desigualdades‘‘.
El
mercado, dejado a su propia dinámica
y a sus propias leyes, no es ni puede
ser un justo y equitativo distribuidor
de riqueza. El mercado no tiende a la
justicia sino a la mera ganancia. Encarna
un antivalor moral. Las tan cacareadas
privatización, globalización,
internacionalización, cifras de
crecimiento macro-económico, por
sí solas siempre serán selectivas
y discriminatorias. Favorecerán
al que ya tiene y desfavorecerán
a los que no tienen. Favorecerán
más a los que tienen más
y favorecerán menos a los sectores
marginales y a las regiones y países
periféricos. Es decir, consagrarán
la injusticia social. La reciente etapa
de <mundialización> o <internacionalización>
no es, así, más que una
faceta de la vieja dependencia -tan bien
analizada en su oportunidad por quien
fuera Presidente de Brasil Cardozo Henríquez-
aunque finamente maquillada ahora. Las
mismas críticas que tras la guerra
mundial hicieran Prebisch y la CEPAL al
tradicional <crecimiento hacia afuera>
de las economías latinoamericanas,
pueden hacerse hoy día a la estrategia
de globalización y con la misma
validez. La grave crisis economica mundial,
originada desde los grandes centros financieros
de Estados Unidos, es hoy una dolorosa
lección que se debe aprender bien
y para siempre.
ALGO
MAS DE ESTADO
Sin
recaer, ni mucho menos, en una apología
de los pasados Estados paquidérmicos,
es decir, de los Estados omnipotentes
o factotums, ante la nueva realidad de
una hegemonía despótica
del Mercado, tenemos que abogar (como
ya lo está haciendo la misma CEPAL)
por algo más de Estado. El Estado
no puede seguir perdiendo soberanía
<por arriba>, ante la esfera internacional,
así como <por abajo>, ante
la sociedad mercantil interior. Nuestro
Estado-nación no puede seguir ‘a
la defensiva‘ en la actual negativa
coyuntura neo-liberal. Los ciudadanos
necesitamos de un Estado que intervenga
y regule, que distribuya justamente, que
equilibre las cargas, que impida que los
peces gordos se coman a los chicos, que
ponga barreras a lo internacional cuando
éste intenta desmantelar o apropiarse
de lo nacional. Y ésto tanto más
en un país como Venezuela que,
a pesar del petróleo, se ubica
entre los países del hemisferio
sur que siguen siendo altamente dependientes
de las potencias económicas, militares
y políticas del norte.
CONCLUSIÓN
‘‘Algunos
países industrializados se están
comportando con egoísmo en la definición
de nuevas reglas de juego para la economía
libre … Aún no podemos probar
que la globalización represente
un progreso para todos los países.
Ella ha generado más y profundos
desequilibrios en la calidad de vida de
los ciudadanos… Aunque la globalización
ha representado avances económicos
y tecnológicos, éstos siguen
siendo privilegios de los países
industrializados y de muy pequeños
segmentos de la población del resto
del mundo” (Ernesto Samper,
presidente de Colombia, ante la 52 Asamblea
General de la ONU).