Mundo global - Amnistía Internacional 50 años (Editorial 68)
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La organización puede definirse como personas que trabajan por personas y que cambian legislaciones. Así se presentan al ser preguntados sobre qué es Amnistía Internacional (AI). Son voluntarios, de toda condición de raza, religión, sexo, nivel cultural, económico o social, pero que trabajan juntos, con mística, en pro del cumplimiento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos emitida por las Naciones Unidas en 1948. Con ocasión de este aniversario, El País de Madrid (16 agosto 2011) ha publicado un variado material, del cual destaco el interesante reportaje elaborado por Lola Huete Machado que utilizo. Ofrece una especie de historia de Amnistía Internacional a través de 14 de sus protagonistas de 12 países. Puede verse además: www.amnistiainternacional.es

Fundación y evolución

El abogado británico Peter Benenson publicó el 28 de mayo de 1961 un artículo de prensa que tuvo gran repercusión, en defensa de dos estudiantes detenidos y condenados por brindar por la libertad en un restaurante de Lisboa. En él aludía a un proverbio chino de valor eterno: "Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad". Menos quejarse y más actuar, vino a decir. Tras su artículo, Benenson se puso en contacto con varios amigos, y estos agregaron a otros y a otros. Crearon red y decidieron ponerse a escribir juntos y masivamente a los “poderosos”. Todos eran mensajes personales. Sobre los condenados. Y cartas a los propios presos. Configuraron una suerte de correos empeñados por todo el mundo en hacer llegar cartas al “zar”. Con el paso del tiempo, los métodos de envío han cambiado, de la pluma al ratón de computador. Los retos son ahora otros, hay que gestionar y ordenar una inmensa información: (con el riesgo de que el margen de error crece), pero el zar sigue siendo el zar, el poderoso donde él se encuentre. Ya sea el Estado, el Partido, el Empresario, el Medio, la Secta.

 

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La libertad de expresión fue, así, la mecha que hace 50 años prendió por el mundo como en un cañaveral. Y es el espacio por el que sigue luchando Amnistía. Sus palabras fueron como levadura de este pan inmenso que ahora amasan tres millones de socios activistas en 150 países en 68 oficinas locales (Holanda, con 300.000 socios, España con 63.602). Desde entonces, en paredes, cuadernos y fachadas aparece como logo: una vela rodeada de alambre de espino. Se trata de llevar luz amarilla a la escena pública para condenar el lado oscuro de la acción política violadora de derechos humanos. "No puede ser voluntario respetar los derechos humanos, debe ser obligatorio, no son artículos de lujo según la época", dice Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional de España. “Pocas empresas con tal dimensión. Los objetivos han sido siempre altruistas, pero el foco se ha ido ampliando: primero eran solo presos, luego armas, después tortura, no hace mucho justicia internacional... y ahora, impulsar el pacto internacional de derechos económicos, sociales y culturales. Aceptamos la pobreza como inevitable, con la misma actitud que tratábamos la esclavitud en el siglo XIX", advierte Beltrán. "Exige dignidad" se titula su última campaña. "Tenemos que buscar a los Pinochet de la pobreza". "Hemos dejado de ser hace mucho una organización de presos para serlo de derechos humanos", comenta.

La importancia de las cartas

La reportera subraya lo mucho que significan las cartas para una persona aislada 23 de cada 24 horas. Confiesa el científico ruso Ígor Sutyagin, 11 años prisionero, al que visitó en Oxford: "Recibir postales, para mí, era una ventana a un mundo colorista. ¡Una imagen de España o del Caribe en ese mundo gris y negro! Es la ilusión de estar conectado con el gran mundo y un control invisible de los carceleros. Hey, pensarán, este tipo recibe montones de cartas, debe de ser importante, mejor ser precavido... Las cartas son felicidad para muchos... Los presos las reutilizan, las pintan, las cuelgan, las regalan y envían a sus seres queridos... Una postal sirve no solo a una persona, sino a muchas alrededor".
Seis libretas de apuntes ha llenado la reportera en medio año de citas, idas y venidas por varios países del mundo. Con detalles de vida cotidiana de cientos de activistas. Por ejemplo, qué ha sido de la vida de Shao Jiang, que fue uno de los miles de estudiantes que protestaron en Tiananmen en 1989 y ahora es profesor en Londres: "Yo tuve suerte. Muchos amigos murieron en la cárcel. Me encarcelaron hasta 40 veces. Salí por Hong Kong hacia Suecia en 1997 como refugiado junto a otros de la ONU, allí comenzó mi relación con AI, hice informes...". "¿Ahora China está mejor?". "Peor. Con grandísimas diferencias sociales, económicas, Internet, todo está controlado, pero la gente es ahora más consciente, defiende sus derechos desde dentro".

Larga lista de éxitos

Han sido muchos años y muy laboriosos, pero con muchos éxitos. Basta atender al número elevado de premios Nobel que fueron en su época casos que defendió y de los que se ocupó Amnistía: Andréi Sajarov, Adolfo Pérez Esquivel, Wole Soyinka; Aung San Suu Kyi; Rigoberta Menchú; Nelson Mandela, Orhan Pamuk, Liu Xiaobo... "Sin Amnistía, Pinochet nunca se habría sentado en el banquillo...No sé si hacemos mucho o poco, pero cuando empecé, hace dos décadas, nadie hablaba de derechos humanos, y ahora es parte de todo", nos dice Fitgerald, quejándose, sin embargo, de lo difícil que sigue siendo que estas historias aparezcan en los medios, cuando el interés del público es otro.

Si el currículo de Amnistía da para un libro; las historias personales dan para varios. Sobre Amnistía, de hecho, ya se ha escrito un buen libro, titulado “Como agua en la piedra”, de Jonathan Power, que se publicó en el 40º aniversario. En él se relatan éxitos y fracasos: los casos de prisioneros políticos como Obasanjo en Nigeria, o la labor de AI en países complicados como Guatemala, apoyando a los que se enfrentaban a los escuadrones de la muerte, o la República Centroafricana, donde sacaron a la luz la masacre de niños; la guerra sucia de Gran Bretaña en Irlanda del Norte, o uno de los puntos negros de AI en los setenta, el apoyo a la banda terrorista alemana Baader-Meinhof.


Azote de gobiernos

Amnistía en su larga historia ha sido incómoda para casi todos los gobiernos, pero especialmente ha apuntado sus dardos y casado peleas con los democráticos y los de centro derecha. Se ha cansado con los totalitarios y son muchos los casos en los que parece hace la vista gorda con los desmanes e intolerancias de izquierdas revolucionarias. Razón tiene el presidente de la seccional de España al recomendar, en entrevista en la sede de Madrid, “imparcialidad” y no prejuzgar ni precipitarse en hacer condenas, sabiendo que los medios las agigantan y propalan sin debida responsabilidad. Beltrán confiesa: "Imparcialidad, no importa el régimen, también investigamos en democracias; no cometer errores por la precipitación... ". Y dice que este trabajo no se acaba nunca, pero que ya hay tres asuntos "a término":
1) pena de muerte (150 países en contra; "habrá un mundo sin ejecuciones legales");
2) justicia internacional, que hace que los criminales no se vayan de paseo a otros países y
3) tortura. "Las actuaciones son importantes, sí, pero cambiar las políticas es lo fundamental, y eso es muy lento". "Por eso, ahora, los países emergentes (BRICS, Brasil, India, China)) son prioritarios para nosotros. Por el efecto dominó. Si por ejemplo Brasil mejorara sus condiciones carcelarias... ". "La división entre lo político y lo económico no existe. Muchos defensores trabajan con indígenas, con sindicalistas, con lo ecológico...Con Gobiernos se firman compromisos y luego la presión internacional funciona; no quieren vergüenza pública... Pero con empresas privadas es todo más complicado, están preparadas para responder a las críticas. El de los indígenas es uno de los temas más graves hoy, a nadie le importan, hay intereses económicos de por medio, muchas manos... y lo peor es que no están en la agenda...".

Conclusión

Hoy 3 millones de activistas de AI actúan de barómetro del estado de la justicia en nuestro planeta. Amnistía Internacional recibió en 1977 el Premio Nobel de la Paz: por preparar el terreno para la libertad, para la justicia y la paz en el mundo.
"Quizá Amnistía no ha cambiado el mundo todavía, pero tampoco lo ha dejado tal
como lo encontró" (J. Power).

 

28-08-2011