Yo personalmente estuve allí de
visita en 1972, tras un largo recorrido
en auto desde Alemania Federal hasta la
ciudad de Berlín, entonces aislada
y bloqueada de mil maneras, dividida entre
dos ciudades, que eran dos mundos enfrentados.
El occidental libre y el comunista totalitario.
Es todavía para mí imborrable
el contraste que a través de varias
vivencias percibí entonces entre
la nueva ciudad –manejada por Estados
Unidos, Inglaterra y Francia- con un ritmo
vertiginoso de progreso, modernas y bellas
iglesias, riqueza deslumbrante, libertades
amplias, que se había convertido
en la vitrina despilfarradora de lo mejor
que tenía Europa occidental para
mostrar. Y por el otro lado, la escasez,
la pobreza, la restricción de libertades,
la desconfianza, el régimen de
miedo y terror impuesto a la población
por un socialismo comunista.
Otros muros de infamia
Por estos días en que se conmemora
el fin del Muro de Berlín, es común
encontrar que se activan comparaciones
con otros muros (Laila Abu Shihab, El
Tiempo 11-08-2011). Sigue anacrónicamente
vigente entre las dos Coreas la separación
desde hace casi 60 años por el
paralelo 38, de dos naciones que son hermanas
de raza, lengua, religión e historia,
pero profundamente divididas y hostiles
en ideología, economía y
cultura debido a sus regímenes
totalmente opuestos, como lo fueron las
dos Alemanias durante la Guerra Fría.
Un caso más cercano a nosotros
y polémico está en la frontera
entre México y Estados Unidos.
Muro que se ha implementado a lo largo
de 3.300 kms y que busca frenar la entrada
masiva de inmigrantes ilegales, no sólo
mexicanos sino centroamericanos y suramericanos
a territorio estadounidense. Su construcción
se inició en 1994 bajo el programa
anti-inmigración ilegal conocido
como Operation Gatekeeper (Operación
Guardián). Otro muro que se sigue
construyendo es el de la barrera en Cisjordania
para separar a palestinos de israelíes,
declarada ilegal por la Corte Internacional
de Justicia de La Haya. Su construcción
empezó en el 2002 y todavía
no termina (actualmente mide unos 900
kilómetros). Sus defensores aducen
que impide que los milicianos palestinos
sigan atentando contra territorios israelíes
y se argumenta que en esta forma ha salvado
muchas vidas. La Valla de Melilla es una
barrera física de separación
entre Marruecos y la ciudad africana de
Melilla, en España. Su propósito
es detener la inmigración ilegal
y el contrabando comercial. Su costo fue
de 33 millones de euros. Consiste en 12
Km. de vallas paralelas de 6 metros de
altura. En el 2006 la valla fue sustituida
casi en su totalidad por una nueva. La
anterior producía graves cortes,
mientras que la actual carece de alambre
de púas u hojas cortantes. Desde
su instalación los intentos de
asalto casi se han eliminado. Existe el
muro de concreto que Arabia Saudí
comenzó a construir en el 2003
para impedir que tribus de Yemen la penetren.
Existe también la cerca de alambre
de púas, de 550 kms, que por iniciativa
de la India divide desde hace 10 años
la Cachemira paquistaní de la Cachemira
india (compuesta por musulmanes e hindúes).
Se invirtieron US$ 4.000 millones.
Conclusión
Hay barreras artificiales en otras
partes del mundo cuyo propósito
es detener la inmigración ilegal,
el contrabando y el paso de supuestos
terroristas. Todas, sin excepción,
vulneran de alguna manera el derecho internacional
según criterio del Consejo de Derechos
Humanos de las Naciones Unidas. Pero de
ninguna puede decirse con certeza que
exprese una tal antagónica división
como la que el muro de Berlín puso
de manifiesto hace 50 años. Este
fue un acontecimiento trágico del
siglo pasado. Nada nunca volvió
a ser igual en el mundo después
de su anhelada y feliz caída en
1989.