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“Geopolítica
del caos”, así tituló
Ignacio Ramonet, director del prestigioso
Monde Diplomatique un libro en 1998
que en su momento comentamos. Desde
ese alto mirador mundial que es
París, denunciaba una situación
caótica en ascenso, en los
países desarrollados europeos
que se ufanaban de su desarrollo
económico y sus adelantos
tecnológicos. Aunque muchas
cosas han cambiado y mejorado, su
perspectiva desde la izquierda se
mantiene fuertemente crítica
como lo recoge en reciente artículo:“Cambiar
el sistema?” (El País,
18 julio 2011). Nosotros, desde
Venezuela, país del Tercer
Mundo –que ni siquiera llega
a “emergente” a pesar
de sus grandes recursos petroleros-
podemos complementar dicha visión
europea con una situación
caótica que se mantiene y
que es típica del mundo sub-desarrollado. |
Caos
“Caos”
en la mitología griega era la situación
desorganizada o el vacío negro
del cual todas las cosas surgieron. Iniciando
el tiempo, Caos formó un enorme
huevo, del cual salieron el Cielo, la
Tierra, el Eros. Y en la mitología
bíblica, el Génesis se inicia
con la acción creadora de Dios:
el Espíritu que sobrevuela el Caos
y va dando forma, luz y vida a todo el
Universo y dentro de él, finalmente
al Hombre y la Mujer. Cuando decimos caos,
hablamos de confusión, desarreglo,
descomposición, desorden. Pero
una es la situación caótica
propia de los países del mundo
desarrollado y supuestamente racional
o moderno y otra la situación también
caótica -pero de signo contrario-
que es la de nuestro mundo latinoamericano
y caribeño, que se identifica con
el atraso, el subdesarrollo y nuestro
típico desorden.
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Análisis
& Opinión
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En países desarrollados
En los países del Primer Mundo,
que han vivido ya la modernidad y constituyen
sociedades organizadas con predominio
de la racionalidad, están ocurriendo
fenómenos llamativos de tipo caótico,
en los que la racionalidad se disloca.
Sigue siendo de actualidad el capítulo
Vº de Ramonet, “Ascenso de
lo irracional” (Montée de
l´irrationnel). En países
donde se adoró la diosa Razón
y se implantó una férrea
organización racional del Estado
y de la sociedad, el autor denuncia un
eclipse de la razón.
Cada día hay más gente ‘indignada’
en la Unión Europea, convencidos
-en especial los jóvenes- de que
la ciencia no puede aportar nada ni para
el planeta ni para ellos, y que el progreso
material piloteado solamente por el interés
lucrativo es el padre de todas las crisis.
Por toda Europa se extiende ahora la “doctrina
de la austeridad expansiva”, que
sus propagandistas presentan como un elixir
económico universal cuando en realidad
está causando un estrepitoso daño
social. Peor aún, esas políticas
de recortes agravan la crisis, asfixian
a las empresas de todo tamaño al
encarecer su financiación, y entierran
la perspectiva de una pronta recuperación
económica. Empujan a los Estados
hacia la espiral de la autodestrucción,
sus ingresos se reducen, el crecimiento
no arranca, el paro aumenta, las agencias
de calificación rebajan su nota
de confianza, los intereses de la deuda
soberana aumentan, la situación
general empeora y los países vuelven
a solicitar ayuda. Tanto Grecia, como
Irlanda y Portugal –los tres únicos
Estados “ayudados” hasta ahora
por la Unión Europea (mediante
el Fondo Europeo de Estabilización)
y el FMI– han sidos precipitados
a ese fatal tobogán, por los que
Paul Krugman llama los “fanáticos
del dolor”,.
“Todo
esto es absurdo y nefando, resume Ramonet.
El resultado es una sociedad europea empobrecida
en beneficio de la banca, de las grandes
empresas y de la especulación internacional.
Por ahora la legítima protesta
de los ciudadanos se focaliza contra sus
propios gobernantes, complacientes marionetas
de los mercados. ¿Qué pasará
cuando se decidan a concentrar su ira
contra el verdadero responsable, o sea
el sistema, es decir: la Unión
Europea?”.
¿Y qué decir de los Estados
Unidos de Norteamérica? Estuvo
a un paso de precipitar al país
y a todo el mundo financiero al no ponerse
de acuerdo en el Congreso (para fijar
el tope de la gigantesca deuda que recae
sobre el Estado) los dos conglomerados
partidistas que supuestamente representan
los intereses comunes del país
(demócratas y republicanos). Por
allí también cunden la indignación
y el desencanto.
En país subdesarrollado
El Caos que tenemos que enfrentar en nuestro
país y en general en nuestro trópico,
es de signo contrario al denunciado por
Ramonet en países europeos. Nuestro
caos es una situación de confusión,
de desarreglo, de descomposición,
de desorden, de premodernidad, de falta
de racionalidad. Mejor que nadie lo expresó
Ramón Escovar Salom, en palabras
que escuché hace años de
sus labios cuando la IVª República,
y no he podido olvidar. Lo grave del caso
es que la situación caótica
de entonces no se ha superado sino agravado
y ahondado en la actual Vª República,
a pesar del repetitivo discurso de “revolución
bolivariana” o “socialismo
siglo XXI”. La realidad es que “No
somos pobres sino que hemos devenido en
pobres. Somos un país atrasado.
Un país pre-moderno. Hemos perdido
decenas de años en desarrollo económico
y social”.
Conclusión
Hay necesidad urgente de un cambio
hacia la eficiencia, la productividad,
la disciplina social, el orden económico,
el buen desempeño de los poderes
del Estado y de los órganos ejecutivos
a todo nivel. Como si escucháramos
una proclama de Bolívar, convocando
con su verbo nervioso a poner fin a la
anarquía, al atraso y al caos,
debemos secundar su invitación
–venga de donde viniere- a reconstituir
una República en “Libertad,
Igualdad y Justicia social”.
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