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El
CONFLICTO es típicamente
un fenómeno humano, que suele
derivar en muchos tipos de violencia
y agresividades. Por su aspecto
ontológico, no puede disociarse
de la condición humana. Los
relatos bíblicos judeocristianos
aluden, ya en las primeras páginas
del Génesis, a esta realidad
de la sociedad humana desde su aparición.
Es la misma imagen que Dante Alighieri
consigna en el Hombre de Creta:
un ser humano, agrietado por naturaleza
y generador de conflictos, desórdenes
y agresiones. También en
otras culturas antiguas, como la
griega, se reconoce, al conflicto
y a la violencia, el carácter
profundamente humano que tienen.
El conflicto es sano, creador, generador
de la historia. Autores tan influyentes
en el pensamiento occidental como
Hegel, tratan de integrar el conflicto,
mediante la dialéctica, en
el proceso histórico de desarrollo
humano. Hoy, también
en el campo de la psicología,
se considera que los conflictos
no son malos en sí mismos,
sino una parte natural e inevitable
en las relaciones humanas y en la
dinámica de los grupos. Si
se los sabe manejar acertadamente,
pueden producir efectos muy benéficos.
El conflicto bien manejado puede
ser un elemento muy útil
tanto para el proceso de crecimiento
de las personas como de los grupos. |
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Análisis
& Opinión
Más de 550 artículos que combinan la actualidad política mundial y la reflexión académica y conocimientos del autor
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Una buena estrategia "YO
GANO-TÚ GANAS"
Desde niños se nos ha inculcado
que para poder ganar es necesario que
el adversario pierda; estrategia que podemos
llamar "Yo gano-tú pierdes";
quizás es la más usada por
la mayoría de la gente. Todavía
peor sería que cuando yo no puedo
ganar, procure que al menos mi adversario
tampoco gane; ambos perdemos: "Yo
pierdo-tú pierdes". No es
frecuente, pero puede ocurrir el caso
raro de una personalidad excesivamente
pasiva y servil que para evitarse problemas,
optara por una tercera estrategia: "Yo
pierdo-tú ganas". Pero hay
una cuarta estrategia, recomendada por
escritores e investigadores que trabajan
actualmente sobre el tema de la negociación
para resolver conflictos. Entre ellos
destacan Roger Fisher y William Ury, promotores
del famoso Proyecto de negociación
de Harvard (Harvard Negotiatíon
Projet), aplicable a todos los niveles
del conflicto, desde las disputas domésticas
hasta los conflictos de negocios o de
carácter político e internacional.
Ellos recomiendan un cuarto método,
como el único razonable y que puede
aportar una solución satisfactoria
para ambas partes en la mayor parte de
los casos: "YO GANO-TÚ GANAS".
O sea que ambos ganamos; esto puede lograrse
mediante la negociación y el compromiso.
El tener en cuenta las necesidades y motivaciones
internas de la gente suele producir excelentes
resultados. Ellos han llamado a su método
‘la negociación por los méritos’,
para distinguirla de ‘la negociación
por la posición’, que es
anticuada y poco efectiva. Este método
recomienda cuatro aspectos: 1. Separar
las personas de los problemas. 2. Centrar
la discusión sobre los intereses,
no sobre las posiciones. 3. Encontrar
opciones que conduzcan a una ganancia
mutua. 4. Insistir en el uso de criterios
objetivos.
Varios
estilos para la solución de conflictos
El buen estilo para resolver los conflictos
consiste en:
• Lograr una solución que
satisfaga sus expectativas. La gente,
de ordinario, negocia más para
obtener satisfacción que para lograr
bienes.
• Conservar una relación
apropiada con la otra persona. Esta relación
podría ubicarse en una amplia gama
que va desde una mínima importancia
para usted (un vendedor al que nunca volverá
a ver) hasta una relación de la
máxima importancia (por ejemplo,
con su profesor o su pareja). Según
la importancia que le dé usted
a las relaciones y a las metas que se
propone lograr con la negociación,
pueden darse cinco estilos de actuación:
1. La tortuga (replegarse}. Usted obra
como una tortuga cuando sacrifica ambas
cosas: sus metas y su relación.
A veces puede ser un recurso para eludir
completamente al contrincante.
2. El tiburón (obligar, forzar).
Obrar como un tiburón es tratar
de conseguir sus metas a cualquier precio,
sin tomar en cuenta los intereses de la
otra persona ni lo que sufra la misma
relación
3. El osito {suavizar, contemporizar}.
Usted obra como un osito cuando renuncia
a sus metas por mantener la relación
dentro de los mejores términos
posibles. Si cree que los intereses del
otro son mucho más fuertes e importantes
que los suyos y una buena relación
le importa mucho, puede ser el estilo
apropiado. Pero entonces, ceda de buen
talante y mezcle un poco de buen humor.
4. El zorro (llegar a compromiso). El
zorro cede en algunos aspectos de sus
objetivos y sacrifica parcialmente sus
relaciones para llegar a un compromiso.
Cuando la meta así como la relación
son moderadamente importantes, es prudente
acudir a esta táctica.
5. El buho {negociar). Si usted obra como
un buho inteligente, buscará negociar
con el fin de asegurar la máxima
satisfacción suya y del otro, tanto
en la obtención de sus metas y
deseos como en mantener una buena relación.
Es lo indicado cuando ambas cosas son
importantes. Es el método "YO
GANO-TÚ GANAS" para solucionar
conflictos.
El gran instrumento del diálogo
"En
tanto somos en cuanto dialogamos. Somos
seres relacionales con la naturaleza,
con los hombres, con los seres espirituales"
(Buber). El diálogo es un elemento
constitutivo del ser humano maduro.
El diálogo hace posible el encuentro
existencial entre el "yo" y
el "tú". Hace posible
el encuentro social entre el "yo"
y los "otros". Puede dar forma
al encuentro político entre el
"nosotros" y "ellos",
aparentemente entre enemigos y opositores.
El ejercicio de lo que se llama Democracia
política puede articularse plenamente
a través de varios diálogos:
poder constituyente y poder constituido,
gobernantes y gobernados, congreso y ejecutivo,
mayorías y minorías. El
cristianismo en su esencia es definido
por el Concilio Vaticano II en términos
de un gran diálogo entre Dios (que
es salvador por Jesucristo) y los hombres
Definimos el diálogo como: un coloquio
que se entabla en un clima de mutuo respeto
y de total sinceridad, sobre problemas
que atañen de algún modo
a los interlocutores, con miras a una
mutua apertura y al acercamiento enriquecedor
de las posiciones y de las personas. •
La temática. Problemas comunes
que interesan a ambas partes. •
Los interlocutores. Son personas o comunidades
de personas, no simples prejuicios, doctrinas
frías o ideologías duras.
• La intencionalidad. Lo que se
busca es acercar, lograr reciprocidad,
apertura, puntos de encuentro y posible
enriquecimiento mutuo. • El punto
de partida. Es lo que ya se posee en común,
que permita explorar posibles acuerdos
sobre lo que se discute y contrapone.
Condiciones y requisitos para el diálogo.
No hay reglas ni "recetas de cocina"
para lograr un diálogo constructivo
y eficaz. Pero las siguientes sugerencias
pueden ayudar a los miembros de un grupo
a discutir de manera más positiva
y transformar sus desacuerdos en fuerza
positiva para el crecimiento de todos.
No debe haber vencedores ni vencidos,
sino únicamente una solución
del problema, exitosa, creativa para todos.
Los miembros deben criticar las ideas,
no las personas; y criticarlas sin herir
a la persona que las defiende. Para que
haya diálogo verdadero y eficaz
debe haber clima de libertad (respeto
mutuo), total sinceridad, lucidez sobre
lo propio y lo ajeno, valentía
para enfrentar sinceramente al otro, asumiendo
el riesgo de tener que reconocer algo
del otro y de ceder algo en lo propio.
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