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Para anunciar la muerte oficial
de Osama Ben Laden, Time Magazine
recurrió al formato de su
portada sobre la muerte de Adolf
Hitler: un rostro tachado en rojo,
como en la edición del 7
de mayo de 1945. El mismo formato
había sido utilizado en la
edición del 21 de abril de
2003 para anunciar la muerte de
Sadam Husein y el 19 de junio de
2006, para la muerte de Abu Musa
al-Zarkaui. En su narración
del hecho, el presidente Barack
Obama incluso anunció la
muerte del enemigo público
nº 1, el 1º de mayo, al
igual que un predecesor suyo cuando
anunció la de Hitler, también
un 1º de mayo.
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Paso
de realidad a icono
Personajes
impactantes (para bien o mal) suelen convertirse
en la imaginación del colectivo
popular en leyendas que -bien alimentadas-
se constituyen en mitos e iconos para
la humanidad. El común de los mortales
necesitamos de símbolos que expresen
realidades profundas y anhelos de nuestro
existir. Unas veces tendrán signo
amable y constructivo, otras veces violento
y destructor. Piénsese en lo que
han significado y siguen significando
para muchos la leyenda encantadora y,
a la vez, trágica de Lady Di, la
de luchadores no-violentos por la justicia
y liberadores de pueblos como Mahatma
Gandhi y Nelson Mandela, o violentos como
el Che Guevara.
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Análisis
& Opinión
Más de 550 artículos que combinan la actualidad política mundial y la reflexión académica y conocimientos del autor
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Editoriales
Más de 120 Editoriales publicados sobre la actualidad política del Mundo : análisis de opinión de situaciones complejas y de gran impacto sobre el mundo de hoy. |
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El
terrorismo internacional
Desde
los años 60 son recurrentes, a
nivel internacional, las acciones espectaculares
de grupos y movimientos que aplican violencia
criminal (bombas, gases letales, secuestros
de aviones, asesinato de personajes) para
producir directamente temor en la gente
que observa, y a través de los
medios masivos, impactar gobiernos y opinión
internacional. En la segunda mitad del
siglo pasado, los principales terrorismos
de carácter internacional provinieron
de dos matrices ideológicas o doctrinarias:
1) la del totalitarismo comunista (cuando
la Guerra Fría), que proliferó
en países occidentales ricos, más
o menos democráticos, desde Japón
a Uruguay y Argentina, pasando por Alemania,
Italia, España y otros. 2) La del
radicalismo islámico, urticante
con todo lo que tiene que ver con el Estado
de Israel y que favoreció causas
proislámicas en Siria, Líbano,
Irak, Yemen del Sur, Argelia, Chechenia,
Daguestán, Timor. Algunos pocos
Estados (Irak, Libia, Cuba. Irán)
internacionalizaron el terror, en su momento,
sirviendo de base de operaciones para
ciertas acciones hostiles y prestándose
como santuarios para proteger a los terroristas
(caso Abu Nidal y otros). Todo dentro
de un cálculo interesado de costos
y beneficios.
Para Claire Sterling, autora de “La
red del terror”, se buscaba
esencialmente debilitar a Occidente, aplicando
la definición clásica de
la guerra formulada por Clausewitz: ella
es la continuación de la política,
por otros medios menos caros, menos peligrosos,
pero no menos siniestros. Las guerras
de Estado a Estado son demasiado devastadoras
y traen un desgaste a todo nivel El terrorismo
tiene sus ventajas en el mercado de la
guerra: hace la guerra sin los riesgos
que la guerra comporta. Exige menos inversiones
y debilita al enemigo sin declarar abiertamente
hostilidades.
La gran diversidad de las bandas terroristas
y su volatilidad ideológica, hacían
difícil pensar en un centro mundial,
eficaz, que marcara las directivas estratégicas
y tácticas a sus asociados, al
estilo de lo que hizo, en su tiempo, la
Tercera Internacional Socialista en otro
plano. Además, las fuertes presiones
políticas, económicas y
militares ejercidas por Estados Unidos
de América y sus aliados, acabaron
por desalentar el aventurismo terrorista
en que se habían embarcado Cuba,
Libia e Irán.
Tuvo que ocurrir el inesperado y destructivo
ataque aéreo a las Torres Gemelas
y al Pentágono en Washington del
11 septiembre de 2001 para que Estados
Unidos escarmentara en carne propia los
letales efectos del terrorismo internacional,
reaccionara impresionantemente y tratara
de convencer a todo el mundo que al terrorismo
hay que manejarlo como un problema global
e indivisible, en una lucha a muerte también
unificada e indivisible.
La
nueva fábula
El anuncio oficial de la muerte de Osama
Ben Laden está dando lugar a todo
tipo de comentarios, blogs y nuevas fábulas.
Según el intelectual de izquierda,
el francés Thierry Meysan, -en
polémico artículo difundido
por “Voltaire” (web de posiciones
no alineadas)-, los comentarios buscan
concentrarse en los detalles de la narración,
para desviar la atención del público
de las decisiones estratégicas
de Washington, que son las que deberían
contar. Hace suya la dudosa versión
de que Osama Ben Laden efectivamente había
muerto en diciembre del 2001, tras haber
estado sometido a diálisis e internado
en el hospital militar de Rawalpindi (Pakistán),
como lo había anunciado su familia.
El Departamento de Estado norteamericano
consideró que aquella noticia era
un engaño destinado a permitirle
al líder escapar a la justicia
estadounidense; y los varios casetes de
audio y video que circularon por esos
años eran simple farsa. En opinión
de Meyssan, el anuncio actual de la muerte
y su sepelio marítimo tras un ‘impecable’
operativo militar de Estados Unidos, se
había hecho indispensable desde
que los hombres de Ben Laden fueron incorporados
a las actuales operaciones de la OTAN
en Libia y a las de la CIA en Siria. Sólo
la desaparición de su ex jefe virtual
(Osama Ben-Laden) permite devolver a esos
individuos la etiqueta de «combatientes
de la libertad» que se les
atribuyó en la época soviética
y ahora la quiere recuperar EUA para sus
intereses y planes contra algunos tiranos
árabes del Medio Oriente.
¿Una
nueva versión de terroristas?
En
medio de tanta hojarasca, opiniones poco
creibles, superficiales y sensacionalistas,
que han estado circulando por los medios
hablados y escritos, destaca por su lucidez,
sensatez y enfoque original el artículo
“Al Qaeda 2.0” del
prestigioso analista y escritor venezolano,
residente en Estados Unidos, Moisés
Naim (El País, Madrid, 8 mayo 2011).
Algunos apartes de su autoría.
•
Al Qaeda original era una organización
operativa que, si bien funcionaba en
células independientes, mantenía
un importante grado de centralización
y las decisiones más importantes
las tomaban Bin Laden, con su segundo
al mando Ayman al Zawahiri y un pequeño
grupo de lugartenientes. En cambio,
la nueva Al Qaeda es más una
inspiración que una organización
que actúa siguiendo órdenes
emanadas de una sede central. Su influencia
y su futuro ya no residen tanto en su
capacidad como organización sino
en su capacidad de inspirar a nuevos
yihadistas (luchadores) para que se
organicen, entrenen, planeen y actúen
autónomamente contra blancos
que ellos mismos seleccionan. Esto no
significa que la vieja Al Qaeda haya
desaparecido. Osama bin Laden seguía
planeando ataques terroristas desde
su guarida en Abbottabad. Y seguramente
sabremos de Al Qaeda en los próximos
días y meses cuando tratará
de mostrarle al mundo que la muerte
de Bin Laden no implica su muerte como
institución.
•
El problema que confronta Al Qaeda 2.0
para reclutar militantes jóvenes
es que ahora enfrenta nuevos y sorprendentes
competidores: los movimientos antidictatoriales
en el mundo árabe. Antes, el mensaje
de Al Qaeda era más fácil:
luchamos contra represivos e impíos
dictadores en los países árabes,
quienes mantienen a sus pueblos en la
miseria mientras ellos se enriquecen gracias
a su contubernio con el odiado -y más
impío aún- imperio estadounidense.
Hoy, esos mismos jóvenes revoltosos
tienen la alternativa de salir a luchar
no para matar inocentes en otros países,
sino para cambiar las cosas en el suyo.
Y su recompensa la pueden vislumbrar acá
y ahora, no en un más allá
poblado con los mártires suicidas
de Al Qaeda. Las revueltas árabes
han dado a los jóvenes una mejor
razón para luchar que unirse al
terrorismo
•
Otro problema que confronta Al Qaeda
es que tiene que "reparar su marca"
en el mundo islámico. Una organización
que ha asesinado a más musulmanes
que a estadounidenses o europeos tiene
mucho que explicar y hoy en día
aliarse abiertamente con Al Qaeda es
muy mal negocio para cualquier gobierno
o nación.aliada.
•
Tanto Osama bin Laden como su Al Qaeda
eran del siglo pasado. Al Qaeda de ahora,
y quienquiera que sea el sucesor de Bin
Laden (Ayman al Zawahiri, o Saif –
al Adel, ambos egipcios) representan la
edición Siglo XXI, la versión
2.0 de Al Qaeda.. Esta nueva versión
tiene capacidades y limitaciones muy distintas,
y enfrenta retos estratégicos también
diferentes, a la organización que
Bin Laden fundó en 1988. Claro
que los espectaculares ataques de 2001
ocurrieron en este siglo y que Osama acaba
de morir, pero las ideas y las circunstancias
que lo moldearon a él y su organización
eran del siglo XX. En la década
transcurrida desde los ataques del 11-Setiembre
mucho ha cambiado en el mundo y dentro
de la misma Al Qaeda: su organización
y líderes operativos, el origen
de sus miembros y de sus fuentes de financiación,
sus principales teatros de operación,
así como sus tácticas, enemigos
y competidores
Moraleja
El
terrorismo, en todas sus formas y como
el caballo cadavérico del Apocalipsis,
con sus varios aperos, es un exterminador
cruel. Pero ello no le da derecho a existir
en una humanidad civilizada. Porque -según
aquel axioma que recoge la célebre
penalista española Concepción
Arenal-: “La crueldad, en ningún
caso, puede ser un derecho”. Tampoco
en el caso de supuestos exterminadores
de tiranos cuando intereses de ciertos
países imperialistas así
lo aconsejen.
15-05-2011
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