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Patriarcas
longevos
“El
Otoño del patriarca”
de García Márquez
es una maravillosa obra literaria
sobre un arquetipo de dictador
y de corrupto político,
con rasgos de dictadores latinoamericanos
y del Caribe. Es un poema sobre
la terrible soledad del poder.
Hay muchos casos de caudillos
aferrados al poder, gobernantes
vitalicios que no dan paso a
nuevas generaciones, hombres
providenciales que se creen
destinados a conducir de por
vida un pueblo. Stalin (Unión
Soviética), Mussolini
(Italia), Hitler (Alemania),
Salazar (Portugal), Franco (España),
Gadafi (Libia), Juan Vicente
Gómez (Venezuela), el
Dr. Francia y Stroessner (Paraguay),
los Somoza (Nicaragua), Fidel
Castro (Cuba), son algunos personajes
de esta galería del poder
longevo. Pero afortunadamente
hay también unos pocos
ejemplos de gobernantes que
estando en el culmen de su poder
y pudiendo seguir adelante hasta
que la muerte los separe, declinan
oportunamente el mando y se
retiran de escena a un lugar
bucólico, a escribir
sus memorias. Tales los casos
de Julius Nyerere, gran fundador
y presidente de la moderna República
de Tanzania -a quien la UNESCO
lo tiene dictando conferencias
por todo el mundo-. Y muy sobresaliente
el caso de Nelson Mandela, el
gran revolucionario contra el
‘apartheid’ de los
blancos, fundador y primer presidente
negro de la nueva República
de Sudáfrica, quien el
16 de junio de 1999 entregó
el poder constitucional a su
sucesor, Thabo Mbeki, tras unas
elecciones en las que el Partido
de ambos, el CNA (Consejo Nacional
Africano) obtuvo abrumadora
mayoría del 66% de los
votos.
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Análisis
& Opinión
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Tiranías
sin desarrollo no aguantan
El corresponsal de Time, Michael Schuman,
tras una visita personal a El Cairo y
Alejandría, que le permitió
descubrir muchas de las miserias y debilidades
con las que convive el sufrido pueblo
egipcio, redactó su informe Behind
Egypt's revolt: A dictatorship without
development : “Detrás
de la revuelta egipcia: una dictadura
sin desarrollo” (February 1, 2011).
Textualmente afirma: “Así
es como vive el pueblo en el Cairo. ¿Por
qué sorprenderse de que el egipcio
término medio esté tan furioso?
Si va a ser un dictador, por lo menos
recoja la basura de las calles. En otras
palabras, si va a privar a la población
de libertades civiles, más bien
produzca desarrollo económico –
empleos, mejores ingresos, nuevas oportunidades.
Quizás la última falla del
tambaleante régimen de Hosni Mubarak
es que permitió que su país
cayera muy por detrás del resto
del mundo emergente”. Y el comentarista
avanza su juicio “El problema de
Mubarak es que nunca logró aquellos
altos índices de crecimiento obtenidos
por la rápida expansión
de las economías de Asia, con una
rata de 7% a 10% por año. Poco
progreso hubo en los pasados 30 años.
Por ello, ciudadanos del Medio Oriente
están marchando contra sus gobiernos,
desde Túnez hasta Yemen. Ellos
han quedado por fuera de la historia de
crecimiento disfrutado por amplios sectores
del resto del planeta!”.
El
genio de Den Xiaoping, el gran reformador
económico de China, residió
en haber puntualizado el nexo que hay
entre dictaduras y desarrollo. A finales
de 1970, cuando comenzaron las reformas
orientadas hacia el mercado, Deng y los
otros dirigentes del Partido Comunista
estaban preocupados porque tendrían
que hacer frente a un levantamiento de
población atrapada en una desesperada
escasez después de 30 años
de equivocadas políticas económicas.
Deng dirigió el futuro del partido
hacia ofrecer empleos y un mejor nivel
de vida para el común y corriente
de los chinos. “En otras palabras,
Deng hizo un gran negocio con el pueblo
chino. Ustedes se someten a nuestra regla
y nosotros los hacemos ricos. La versión
de Mubarak fue algo así como ‘ustedes
se someten a mi regla y yo no les daré
nada a cambio’. Total, los chinos
aceptaron el ofrecimiento de Deng. Y como
vemos ahora, los egipcios no aprecian
el de Mubarak” (Fareed Zacaria,
Time).
Algún tipo de democracia pero no
autocracia islámica
No es probable que la democracia, tal
como la conocemos en Occidente, pueda
funcionar en el mundo árabe. Son
pueblos milenariamente acostumbrados a
dinastías, monarquías, sultanatos.
Pero asimismo, no hay asidero para afirmar
que Egipto pudiera llegar a convertirse
en lo contrario de una democracia, en
una teocracia islámica, siguiendo
el modelo de los ‘chiitas’
de Irán. Un modelo que no sirve
a país alguno. Y menos a una sociedad
árabe de mayoría ‘sunita’
como Egipto. Los egipcios actuales no
querían que Mubarak prolongara
su mandato, querían más
libertades, pero no aceptarían
caer bajo el dominio de ‘mullahs’
estilo iraní. Lo más probable
y recomendable es el prospecto de una
‘democracia no liberal’ en
la que Egipto llegue a ser un país
con elecciones razonablemente libres y
limpias, pero a la vez la mayoría
elegida pueda restringir algunos derechos
y libertades individuales, cierto recorte
de la sociedad civil y use el Estado constitucional
como su instrumento de poder.
Una tal ‘democracia’ puede
funcionar en Egipto, al estilo de Turquía
donde no se confunden política
y religión, donde unas fuerzas
armadas muy nacionales y no ideologizadas,
con suficiente apoyo popular, respaldan
la estabilidad y gobernabilidad del régimen,
cumplen un rol vital en la modernización
de la sociedad, respetan los tratados
internacionales y controlan los posibles
excesos de un fanatismo religioso islámico
que subyace en la población. El
camino de Egipto hacia la libertad acaba
de comenzar y todo está por verse.
Por su importancia intrínseca y
su condición de espejo en el mundo
árabe, lo que suceda en El Cairo
repercutirá en adelante en la región
más conflictiva del planeta.
20/02/2011
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