Video poder y noticias (Editorial 3)
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Logo Enrique Neira

 

 

     

Por etapas, una vez aparecido en nuestro planeta tierra el hombre, la humanidad ha venido haciéndose, recubriendo la esfera de la vida (biosfera) con una capa superenvolvente de pensamiento, cada vez más extensa y compleja, es la llamada noosfera. Todo comenzó con el hombre prensil, con un animal cuyas manos no sólo “agarraban” sino que eran también capaces de manipular instrumentos y de fabricar (homo faber). Vino el homo sapiens, que compara, reflexiona, analiza, piensa, inventa, y logra una expresión en la cultura escrita que se maximiza con la invención de la imprenta. De allí proviene el hombre de Gutenberg, el hombre que lee. Y con el gigantesco avance de los medios electrónicos de comunicación, el hombre–que–piensa comienza a transformarse en el hombre–que–ve (homo videns), el hombre–ocular, el hombre de McLuhan El poder de la imagen comienza a afectar fuertemente todo lo humano. Por consiguiente, también el mundo de la política. Podemos hablar de la video–polìtica, de la política video–plasmada, como reflejo de ese poder más generalizado, el video–poder.

¿Ver para creer?
Autores recientes, como Sartori [1], se han ocupado del asunto, impresionados por los efectos negativos que va generando dicho fenómeno en los países de punta como son los Estados Unidos de Norteamérica. Allí se advierte un “localismo” exagerado, en el que los acontecimientos van quedando “sin sentido del lugar”. Y lo que es peor, se va perdiendo la objetividad del mensaje. Si el periodismo escrito puede mentir, el periodismo en imágenes lo hace más fácil y frecuentemente. “En el periodismo de imágenes, la distorsión es más fácil que nunca: basta con las tijeras. La “descontextualización” que acompaña a la imagen que habla por sí sola es suficiente por sí misma como para falsearlo todo.

 

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Siempre se ha dicho: ver para creer. Quizás el nuevo dicho sea: “no creer en lo que se ve por la televisión”. La omisión que se hace de acontecimientos (de los que hablarán los historiadores) es gigantesca, porque el criterio que se toma para fijar la importancia de un suceso es su calidad telegénica, su capacidad de llamar la atención, de espectacularidad. Pero lo que es todavía más grave, es la pobreza de análisis y de comprensión a que está expuesta la video–política. La virtual desaparición del encuadramiento del “problema” hace imposible su explicación. Un acontecimiento sin problema, aislado de su problema, es nada. La televisión es mala para explicar, porque la imagen es por sí misma enemiga de la “abstracción”, mientras que explicar es desarrollar un discurso abstracto, basado en conceptos, no en imágenes. Diógenes buscando la solución de los problemas, con su linterna, escapa de la TV con todo y linterna. No hay nada que iluminar ni que explicar. Sólo queda el espectáculo visual.

Los problemas, lo que afecta el interés general, el bien público, el largo plazo, son precisamente “abstracciones”, esas abstracciones que la televisión no permite. Sólo queda la inflación, la dramatización de lo trivial, al efectuarse la castración de la comprensión. En la galaxia de McLuhan, el hombre se empobrece y reduce a ser un animal–ocular (homo videns) y muy difícilmente llegará a ser un animal–mental (homo sapiens).

Yeheskel Dross, en La capacidad de gobernar, afirma que los medios de comunicación prestan más atención a las imágenes creadas por los expertos en relaciones públicas que al desempeño real del poder. A veces, los fogonazos de treinta segundos cuentan más que los argumentos razonados o la conducta moral. Ello explicaría, en casi todas partes del mundo, los llamados fenómenos electoreros, que, a la larga, resultan ser sólo eso: algo que, según los griegos antiguos, pertenece al mundo de los sentidos y se opone al mundo de la razón. Son simples “flashes”.


Amansar las noticias

Para cualquier ciudadano culto, pero con mayor razón, para un eventual analista, la lectura diaria del mundo de las noticias impone un sagrado deber de domesticador. El magazine Time dedicó un interesante dossier al actual fenómeno de explosión masiva de información ("Las guerras de noticias. ¿Más cantidad de noticias son buenas noticias?") [2]. Por esa época ingresaba el bloque de Rupert Murdoch en la guerra de noticias todas las 24 horas en USA, con su nuevo Canal Fox News , que llegaba inicialmente a 17 millones de hogares. Más tarde vino el fenómeno planetario de cobertura día y noche de CNN. La revista analiza la sobrecarga de información que se está dando a través de tantos medios de comunicación (periodismo, radio, TV, correo electrónico, internet). Hay una enorme explosión de información a la que no responde algún tipo de ordenación; la información está altamente fragmentada y obedece más a intereses individuales que universales. Según el crítico del Washington Post, Howard Kurtz, "toda clase de advenedizos, rufianes y charlatanes han encontrado cómo entrar a la tienda de los medios. Hoy toda clase de rumores, de sugerencias y conspiraciones logran un puesto en la pantalla de radar de los medios".

La atención del público televidente y de revistas está moviéndose de las noticias sustantivas hacia la chismografía acerca de celebridades; se está pasando de la era de las noticias a la era del entretenimiento. James Fallows, editor del US News & World Report, tiene un interesante libro Amansando las Noticias: Cómo los Medios socavan la Democracia americana [3], en donde recoge las críticas que se hacen a los comunicadores por haberse vuelto demasiado elitistas, demasiado volcados hacia lo propio y no hacia lo que realmente tiene importancia para la gente ordinaria, demasiado cínicos y han perdido credibilidad. Según encuesta de Time/CNN [4], para los americanos (algo parecido pudiera aparecer en una encuesta a los venezolanos), el 75% piensa que los medios noticieros son sensacionalistas, el 63% que son muy negativos, el 73% que no les merecen credibilidad por su falta de precisión objetiva.

Para Tom Johnson, presidente de CNN, "la gente está experimentando una enorme sobrecarga de información. Debemos encontrar formas de simplificar cómo la audiencia pueda recibir esta información". Y para Andrew Heyward, presidente de CBS News, otro problema de esta explosión informática es "que hemos perdido el sentido de proporción: todo está hecho de modo que parezca igualmente importante, desde la caída del muro de Berlín hasta el último escándalo en Washington". Todo ello lleva a plantearnos actualmente "cómo arreglar el caos en algún tipo de orden inteligente" [5].

 

[1] G. Sartori (1992): Elementos de Teoría Política, Madrid Alianza, cap. 15, pp. 305-316. Recomendamos el buen artículo de Elys Mora (1998): “Los límites de la video política”, Revista Venezolana de Ciencia Política, Mérida, ULA Cepsal, n° 13, pp. 89-106.

[2] "The news wars. Is more news good news?" Time, october 21, 1996, p. 44-50.

[3] Fallows, James (1996): Breaking the News: How the Media Undermine American Democracy.

[4] Time, october 21, 1996, p. 49

[5] "Put the chaos in some kind of intelligent order" (Time, 21 october, p.50).