El pequeño Estado del Vaticano (Editorial 26)
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El pequeño Estado del Vaticano
 

Se celebraron los 80 años del Estado Vaticano. El Estado de la Ciudad del Vaticano nació con el tratado de Letrán firmado entre la Santa Sede e Italia el 11 de febrero de 1929, ratificado el 7 de junio del mismo año. Su personalidad como Ente soberano de derecho público internacional, diverso de la Santa Sede, es universalmente reconocida.

 

Ciudad del Vaticano y Santa Sede

El Estado de la Ciudad del Vaticano es una ciudad-estado que está enclavada en la ciudad de Roma en la Península Itálica. Es uno de los microestados europeos. Tiene una extensión de medio km² y una población de aproximadamente 900 habitantes, por lo que resulta el Estado soberano menos extenso y menos poblado del mundo, seguido de Mónaco, que cuadruplica su tamaño. Es tan pequeño que sólo la Basílica de San Pedro es un 7% de su superficie; la Basílica y la Plaza de San Pedro ocupan un 20% del territorio, esto lo convierte en el país más urbanizado del mundo.

 

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Dentro del Estado de la Ciudad del Vaticano está la llamada Santa Sede, máxima institución de gobierno de la Iglesia Católica. Aunque los dos nombres «Ciudad del Vaticano» y «Santa Sede» se utilizan a menudo como si fueran equivalentes, el primero se refiere al Estado independiente y a su territorio que da soporte material y soberano a la Santa Sede, la cual se refiere a la Institución que dirige la Iglesia y que tiene personalidad jurídica propia (como sujeto de Derecho internacional).

Historia y razón de ser

756, se inicia la historia de los Estados Pontificios en territorios de lo que será Italia.
1860, el ejército del rey de Italia Víctor Manuel II conquista los Estados Pontificios, dejando a la Santa Sede solamente en posesión de Roma y su región costera, durante el papado de Pío IX. 1870, Víctor Manuel toma Roma, en gran parte gracias a la Guerra franco-prusiana y la proclama nueva capital de su reino. La Santa Sede, con su cabeza el Papa, queda literalmente secuestrada dentro de sus muros.
1929, el Tratado de Letrán es firmado por Pietro Gasparri, en representación de la Santa Sede, y Benito Mussolini, primer ministro italiano, el 11 de febrero durante el pontificado de Pío XI. Con este pacto se dio por terminada la aguda disputa con Italia que existía desde 1870. 1939, estalla la Segunda Guerra Mundial; la Santa Sede se declara neutral.
El Acuerdo o Tratado de Letrán de 1929 estableció la personalidad del Vaticano como Ente soberano de derecho público internacional, con el fin de asegurar a la Santa Sede, en su condición de suprema institución de la Iglesia Católica, "la absoluta y visible independencia, y garantizarle una soberanía indiscutible también en el campo internacional", según se declara en el preámbulo del tratado. Como Jefe del Estado Vaticano y como cabeza de la Santa Sede, el Romano Pontífice reúne en sí una serie de atributos: los poderes temporales del régimen estatal (ejecutivo, legislativo, judicial) y los religiosos de magisterio y gobierno eclesial.

 

Misión religiosa y misión temporal

La misión integral de la Iglesia, es exclusivamente religiosa en principio, pero tiene como consecuencia una misión igualmente específica en relación con el mundo, o sea la ordenación del orden temporal o proceso de humanización del mundo. La labor propia de la Iglesia es sustancialmente su función religiosa. Pero de ella brotan exigencias para un mejor orden temporal. Bien lo definió el Concilio Vaticano II en su Constitución Gaudium et Spes, nº 42: "La misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta misma misión religiosa derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina". Es un conjunto gigantesco de tareas de tipo planetario en combinación con otras instituciones mundiales, a través de ambajadas diplomáticas, de organizaciones, convenios y actividades, que le exigen a la SEDE APOSTÓLICA un soporte territorial y soberano, cual es EL ESTADO DE LA CIUDAD DEL VATICANO, que aunque pequeño, le ha resultado un instrumento apropiado, moderno y útil, del que no hay ejemplo en otra alguna religión del mundo.