La broma de ciertas ideologías (Editorial 24)
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La broma de ciertas ideologías
 

La reunión XIV de la NOAL (Naciones No Alineadas) celebrada en La Habana (12-16 septiembre2006) fue un nuevo intento por recomponer cierta unidad de lo que fue durante la Guerra Fría (1958-1988) un cierto bloque de naciones en desarrollo que quisieron ponerse al margen del gigantesco pugilato entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Ni alinderamiento con el Imperio norteamericano ni alinderamiento con el Imperio soviético. Pero son ya muchos los años que han pasado y el mundo global ha cambiado demasiado.

 

Al derrumbarse el muro de Berlín (1989) y en cascada los otros de países comunistas, sólo quedaron visibles como emblemas de superioridad mundial: las Torres gemelas de Nueva York (en lo económico), el Pentágono en Washington (en lo militar) y el Capitolio (en lo político). Por ello,, fueron el objetivo apetecido de una furia de terrorismo planetario, que parece no tener patria.

La NOAL, hoy, es poco lo que puede hacer de modo efectivo y en consenso de sus 116 miembros para ubicarse como alternativa fiable de poder mundial. Son muy diferentes y aun contrapuestos los intereses nacionales y geopolíticos. Son muy hondos los abismos ideológicos que los separan. Y hay un pelotón de países de vanguardia, con ideologías extremistas e irreconciliables con los del resto.

 

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La ideología en política

No entramos en la discusión filosófica de si la ideología como "conocimiento" es válida o nó, debido a que no es ciencia positiva. Pero "en política", la ideología cuenta y mucho. No puede hablarse del 'ocaso de las ideologías' políticas; cada día reverdecen, se multiplican, amplían sus tentáculos de poder. La ideología política es un sistema de creencias o símbolos, que lleva, a la vez, una carga de verdad (elemento cognitivo) y una carga de pasión (elemento dinámico). Por ello, es algo muy útil e imprescindible para cualquier movimiento, revolución, partido, organización que pretenda influir en lo social y político. Si no hay ideología, no queda para sus miembros sino el simple pragmatismo, el activismo sin brújula, el vaivén a todos los vientos. Gran parte de la crisis de los partidos tradicionales (casos en Venezuela de AD, COPEI, quizás el MAS) se puede achacar a que arriaron sus banderas de origen ideológico y doctrinario.
Pero los elementos duros de la ideología política (el doctrinario y el emotivo) pueden volverse exagerados y no flexibles, cayendo en un absolutismo impotable en sus afirmaciones y acciones, incapacitándola para cualquier diálogo verdadero con otras ideologías políticas.

La broma de las ideologías totalitarias

El siglo pasado fue escenario de procesos destructores de sociedades enteras y de trágicas guerras internacionales, debido a ideologías extremistas y fuertemente estatizantes, ubicadas aparentemente en polos diferentes (unas de derecha, otras de izquierda) pero que terminaron siendo iguales en métodos y resultados destructivos. El Fascismo de Mussolini en Italia, el Nacional-Socialismo de Hitler en Alemania, el Comunismo de Stalin en la Unión Soviética y países comunistas, aplicaron sin compasión la fórmula: "Nada sin el Estado. Nada contra el Estado. Nada por fuera del Estado".

Milan Kundera, escritor checoslovaco, tiene una famosa novela (su primera), titulada LA BROMA, publicada en 1967, traducida a 12 lenguas y que le mereció en 1968 el premio de la Unión de Escritores Checoslovacos, pero después fue prohibida y retirada de las bibliotecas públicas. Aunque el autor la definió como "una novela de amor", su trama y sus personajes (siete cuyos nombres señalan las siete partes de la obra) se mueven dentro de un marco muy politizado.
Refleja la opresión de un mundo muy cerrado por el partido stalinista, en el que todo el mundo estaba obligado a pensar igual y además demostrarlo. El protagonista, Ludvick, un joven estudiante universitario, comete un simple error, pero de graves consecuencias. En un momento de despecho, escribe a su novia una postal con las palabras: "el optimismo es el opio del pueblo", con el ánimo de molestar a su novia que ha preferido ir a un campo de trabajo del Partido cuando el abrigaba planes de compartir con ella. Una simple broma. Pero ella, Marketa, toma sus frases en serio y lo denuncia a través de la Unión de Estudiantes al Partido. Su vida cambiará absurda y radicalmente: es expulsado de la universidad, mandado al cuartel con la unidad de "los negros" (los enemigos del régimen) a trabajar en las minas. Lleno de incredulidad y rencor deberá adaptarse poco a poco a la nueva vida.

Moraleja: Es muy arriesgado vivir en un país, bajo una ideología totalitaria, donde el porvenir ya tuvo lugar.