La
ideología en política
No
entramos en la discusión filosófica
de si la ideología como "conocimiento"
es válida o nó, debido a
que no es ciencia positiva. Pero "en
política", la ideología
cuenta y mucho. No puede hablarse del
'ocaso de las ideologías' políticas;
cada día reverdecen, se multiplican,
amplían sus tentáculos de
poder. La ideología política
es un sistema de creencias o símbolos,
que lleva, a la vez, una carga de verdad
(elemento cognitivo) y una carga de pasión
(elemento dinámico). Por ello,
es algo muy útil e imprescindible
para cualquier movimiento, revolución,
partido, organización que pretenda
influir en lo social y político.
Si no hay ideología, no queda para
sus miembros sino el simple pragmatismo,
el activismo sin brújula, el vaivén
a todos los vientos. Gran parte de la
crisis de los partidos tradicionales (casos
en Venezuela de AD, COPEI, quizás
el MAS) se puede achacar a que arriaron
sus banderas de origen ideológico
y doctrinario.
Pero los elementos duros de la ideología
política (el doctrinario y el emotivo)
pueden volverse exagerados y no flexibles,
cayendo en un absolutismo impotable en
sus afirmaciones y acciones, incapacitándola
para cualquier diálogo verdadero
con otras ideologías políticas.
La
broma de las ideologías totalitarias
El
siglo pasado fue escenario de procesos
destructores de sociedades enteras y de
trágicas guerras internacionales,
debido a ideologías extremistas
y fuertemente estatizantes, ubicadas aparentemente
en polos diferentes (unas de derecha,
otras de izquierda) pero que terminaron
siendo iguales en métodos y resultados
destructivos. El Fascismo de Mussolini
en Italia, el Nacional-Socialismo de Hitler
en Alemania, el Comunismo de Stalin en
la Unión Soviética y países
comunistas, aplicaron sin compasión
la fórmula: "Nada sin
el Estado. Nada contra el Estado. Nada
por fuera del Estado".
Milan
Kundera, escritor checoslovaco, tiene
una famosa novela (su primera), titulada
LA BROMA, publicada en 1967, traducida
a 12 lenguas y que le mereció en
1968 el premio de la Unión de Escritores
Checoslovacos, pero después fue
prohibida y retirada de las bibliotecas
públicas. Aunque el autor la definió
como "una novela de amor", su
trama y sus personajes (siete cuyos nombres
señalan las siete partes de la
obra) se mueven dentro de un marco muy
politizado.
Refleja la opresión de un mundo
muy cerrado por el partido stalinista,
en el que todo el mundo estaba obligado
a pensar igual y además demostrarlo.
El protagonista, Ludvick, un joven estudiante
universitario, comete un simple error,
pero de graves consecuencias. En un momento
de despecho, escribe a su novia una postal
con las palabras: "el optimismo
es el opio del pueblo", con
el ánimo de molestar a su novia
que ha preferido ir a un campo de trabajo
del Partido cuando el abrigaba planes
de compartir con ella. Una simple broma.
Pero ella, Marketa, toma sus frases en
serio y lo denuncia a través de
la Unión de Estudiantes al Partido.
Su vida cambiará absurda y radicalmente:
es expulsado de la universidad, mandado
al cuartel con la unidad de "los
negros" (los enemigos del régimen)
a trabajar en las minas. Lleno de incredulidad
y rencor deberá adaptarse poco
a poco a la nueva vida.
Moraleja:
Es muy arriesgado vivir en un país,
bajo una ideología totalitaria,
donde el porvenir ya tuvo lugar.