¿Qué es ser de izquierda? (Editorial 2)
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¿Qué es ser de izquierda?  
A la diestra y a la siniestra

La política no es geométrica ni topográfica. Pero “derecha–izquierda”, como otras dimensiones espaciales (arriba-abajo), ayudan a la percepción e interpretación de nuestros entornos físicos, sociales y aun ideológicos. Sobre todo desde la Revolución francesa (1789), cuando en la Asamblea del Pueblo, en régimen parlamentario, los más prudentes y conservadores resolvieron colocarse a la derecha, y los más impacientes y revoltosos a la izquierda, los términos se transformaron en símbolos de opciones y opiniones. En una percepción ideológica, ubicamos a la derecha lo religioso y estable (lo sacro es esencialmente estable); a la izquierda lo secular y lo cambiante. A la derecha colocamos la dominación; a la izquierda lo que conlleva reto y oposición. De modo que podríamos definir IZQUIERDA la tendencia al cambio social en la dirección de mayor igualdad (política, económica o social); y DERECHA la que apoya un orden social tradicional (más o menos jerárquico) y no quiere cambio hacia mayor igualdad.

     
Los colores de la izquierda

Así ha titulado la Revista Nueva Sociedad (editada ahora en Buenos Aires) el tema central de su número 217 de setiembre-octubre 2008. Los primeros cinco artículos de especialistas discuten los contornos generales de los gobiernos llamados de izquierda y qué relación pueden tener con la idea de socialdemocracia o democracia social, de boga en Europa. Otros cinco estudios dedicados a casos de América Latina (Brasil y Chile, Uruguay, Argentina, República Dominicana, Perú) hacen bascular el concepto de izquierda hacia dos grupos muy diferentes y contrastantes.

 

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Un grupo moderado y pluralista de gobiernos de izquierda que están buscando conciliar socialismo y democracia, bienestar económico y libertad política. Otro grupo diferente, radicalizado, que se autodenomina de izquierda "revolucionaria", con claros atisbos de derecha por su nacionalismo populista militar y su fascismo autoritario. Diez años después de su polémico libro "Manual del perfecto idiota latinoamericano", sus ácidos y mordaces autores Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Alvaro Vargas Llosa han vuelto a su tema con "El regreso del idiota". Ellos contraponen la que llaman izquierda VEGETARIANA e izquierda CARNÍVORA.La primera, personificada en Lagos y Bachelet, Lula da Silva, Tabaré Vásquez sigue creyendo en el liberalismo y el mercado pero nó en su capitalismo salvaje e ilímite globalización a la que tratan de domeñar con un progresismo social de intervención estatal cuanto sea necesario. La otra izquierda, la "carnívora", está ejemplificada en personajes como Castro, Chávez, Morales, que adelantan proyectos de un llamado "socialismo siglo XXI", pero que en realidad no hacen sino retomar las ideas y la praxis del socialismo antidemocrático del siglo pasado, ya juzgado por la historia y por los mismos pueblos que lo sufrieron.

Entre tanta literatura de variopinto valor, hay suficientes materiales como para intentar un gigantesco mural de lo que han sido, en nuestros países al sur de Río Grande, las luces y sombras, los altibajos, los éxitos parciales y los grandes fracasos de las izquierdas (nunca ha existido una izquierda monolítica). Encontramos formas de revolución de corte populista y/o nacionalista; proyectos revolucionarios propuestos por intelectuales universitarios desde sus cubículos o estimulados por una clase media inquieta; hay revoluciones intentadas a punta de fusiles, con ametralladoras y bombas terroristas o iniciadas por vía parlamentaria. De todo se ve en la izquierda. Lo que sí es claro hoy es que no se puede llamar de izquierda una revolución armada y autoritaria ni en América Latina ni en otra parte del mundo.Pero sí es de Izquierda toda acción sociopolítica que intente una alternativa válida frente al capitalismo salvaje y a la globalización neoliberal que nos venía engullendo.

La izquierda del futuro

Para que sea viable en nuestra América, la Izquierda debe: 1) reelaborar su memoria (saldar algunas cuentas pendientes de la Izquierda clásica); 2) gobernar la globalización (es decir, insertarse en ella pero de acuerdo con sus propios objetivos), 3) dar cauce al empuje transnacional y a la integración regional; 4) reformar el Estado con miras a una democratización de la economía; 5) estimular el dinamismo en la sociedad; 6) buscar las confluencias de las fuerzas progresistas a escala internacional; y 7) muy importante, promover más democracia. Debe conducir un proyecto histórico al servicio de una utopía social claramente democrática.

Equivale a decir algo en lo que yo he sido machacón. La Izquierda debe ser DIFERENTE a lo que ha sido y VIABLE, más pragmática, no tan dogmática ni tan ideologizada. Debe revitalizarse, reconvertirse, purificarse y dejar sus desdenes por la democracia, por el reformismo, por la religión, por el desarrollo económico sostenido. “Queremos vino nuevo en odres nuevos” (pancarta en la Alexander Platz de Berlín oriental, noviembre 1989).