El
intelectual y su papel
Desde
la Antigüedad, los hombres con ideas
no han podido menos que influir en la
conducción de los ciudadanos. A
Platón -en su famosa "República"-
le parecía mejor que la élite
gobernante fueran los pensadores, debidamente
formados, y no los guerreros, a pesar
de sus habilidades en estrategia y armas.
Debemos distinguir entre Sabio, Escritor
e Intelectual. El sabio (filósofo,
ideólogo) tiene poder sobre los
espíritus mediante la idea. El
Escritor (poeta, novelista, periodista)
tiene poder sobre lo real mediante la
palabra. El intelectual tiene poder sobre
los hombres, mediante las palabras y las
ideas. Intelectual no es el que crea,
ni el que descubre, ni el que inventa,
ni el que reflexiona, sino algo más
modesto: el que opina en un contexto social.
Y opina hablando o por escrito (ensayo,
periódico, página web, internet).
El intelectual se dirige a la opinión
pública, con sus ideas, para despertarla,
dirigirla, fustigarla, estimularla en
un sentido u otro. No basta que sea una
voz sabia, que clama en el desierto sin
oyentes. Es de su momento. El proyecto
para ejercer influencia es lo que distingue
al intelectual del sabio. El intelectual
aspira influir sobre la sociedad y sobre
su tiempo, mediante su voz (hablada o
escrita) que alerta, que critica, en un
oficio lo más independiente posible.
Pero tiene el peligro de caer en la trampa
de la función social y el riesgo
de ceder a la tentación de convertirse
en 'vedette'.
Se
considera hoy que el primer intelectual
moderno fue el francés Emile Zola,
con su célebre "Yo acuso"
(1898), que abrió tremendo debate
público sobre los valores de referencia
entonces, obligando a revisar el sonado
caso del capitán Dreyfus. Hacemos
nuestras algunas expresiones del intelectual
larense, López Meléndez,
ya nombrado: "El papel del intelectual
es combatir la abulia, la estupidez y
el enmascaramiento [..] La voz del intelectual
fustiga hacia todos los lados, sin detenerse
en consideraciones secundarias. La voz
del intelectual es la fijación
de un camino o la que provee una orientación
[..] Es la hora del intelectual alerta.
El intelectual alerta es quien debe procurar
el despertar del país".
Tipos
de intelectuales
Espigando casos históricos, encontramos
en todas partes y épocas, que así
como ha habido intelectuales áulicos
que han sido panegiristas y legitimadores
de regímenes (algunos muy autoritarios),
los ha habido también fuertemente
críticos y desestabilizadores.
Ha habido intelectuales lúcidos
y comprometidos, así como
intelectuales decepcionados y desencantados.
AÚLICOS
Un interesante libro de Mark Tilla ("Pensadores
temerarios", Debate 2004) ofrece
seis breves ensayos sobre intelectuales
que tendieron perturbadores puentes de
conciliación entre pensamiento
filosófico y régimen tiránico.
El primero de todos Martín Heidegger,
el gran filósofo alemán
de expresivo estilo, renombrado Rector
de la Universidad de Friburgo desde abril
1933. Al mes de posesionado, se afilia
al partido nazi y en su discurso de posesión
del cargo, en lenguaje técnico
ya suscribía la necesidad de someter
las universidades a los objetivos nazis.
Libros recientes como el de Safranski
("Un maestro de Alemania: Martin
Heidegger y su tiempo, 1997), el
de Steiner ("Heidegger"
1999, donde cambia el prólogo que
había hecho a la primera edición
de 1978) y sobre todo el del chileno Víctor
Farías ("Heidegger y el
nazismo", 1985) no dejan lugar
a dudas sobre los innumerables servicios
que dicho sobresaliente intelectual prestó
al abominable nacional-socialismo de Hitler.
En nuestra historia política venezolana,
el historiador Luis Britto García,
comentando "Los cuatro reyes
de la baraja" de Francisco Herrera
Luque, afirma que “los tronos de
los reyes de la baraja se fundan sobre
el oro y la sangre, pero se legitiman
por la corona ideológica que les
confieren los intelectuales. La dominación
de Páez se cimenta sobre la historia
de Venezuela escrita en clave épica
por José María Baralt y
Ramón Díaz. La del Ilustre
Americano, en el incienso que le tributa
la camarilla de plumíferos llamada
adoración perpetua. Laureano Vallenilla
Lanz, Gil Fortoul y Arcaya tejen para
el Benemérito laureles de cesarismo
democrático. El golpe de Estado
del 18 de octubre es llamado Revolución
por Rómulo Gallegos, Andrés
Eloy Blanco, Mariano Picón Salas”.
Críticos y comprometidos
El
intelectual no es el sabio que vive en
una torre de marfil o en su acantilado,
desde donde ve pasar en la lejanía
la nave de gobernantes, a veces locos,
necios o incompetentes. El intelectual
está atento a lo que lo rodea y
se preocupa cuando las cosas van mal para
el colectivo. El ejercicio intelectual
es oficio independiente, pero útil
a la comunidad. Busca ser práctico
y eficaz para sus contemporáneos,
asumiendo un compromiso consigo y con
su entorno.
El oficio del intelectual es riesgoso.
Así lo ilustran los casos de Sócrates
-obligado a tomar cicuta- y en épocas
menos remotas, los de críticos
lúcidos y valientes, a quienes
regímenes autoritarios callan -a
la fuerza- en prisión, clínica
psiquiátrica, campo de concentración,
destierro, horno crematorio o camposanto.
No es común encontrar casos como
el de Juan Montalvo, nacido en Ambato
(Ecuador 1832), aunque provinciano, hombre
leído, estudioso y viajado, fundador
de periódicos y escritor de libros.
Se enfrenta, por años, al todopoderoso
dictador García Moreno (quien fuera
presidente) y logra sobrevivirle. Cuando
éste cae asesinado en Quito (5
agosto 1875), Montalvo escribe: "Mi
pluma lo mató". Y sigue escribiendo
por 14 años más.
En Francia (1996) aparece la excelente
obra "Diccionario de los intelectuales
franceses", coincidente con
la fecha en la que los restos de André
Malraux, gran intelectual galo, fueron
trasladados al panteón nacional.
En ella, los autores Julliard y Winock
hacen desfilar a autores comprometidos:
unos furiosamente con una causa política
que hoy se considera equivocada; otros
con una causa política acertada.
Entre los primeros, Jean-Paul Sartre,
quien puso por años su innegable
genio y su recursivo vedettismo al servicio
del totalitarismo comunista. Entre los
segundos, también brillantes e
influyentes, figuras como Bernard-Henri
Levy, Camus, Malraux, Raymond Aron, quienes
rompieron lanzas contra los regímenes
totalitarios, ya fueran de extrema derecha
(fascismo) o de extrema izquierda (comunismo).
Lúcidos y conciencia moral del
país
El vientre de todas las naciones siempre
nutre -con semillas del Mal- personajes
siniestros pero bien dotados, que retrotraen
a su pueblo a épocas oscurantistas
(que se pensaban superadas) o ensayan
montar -por su cuenta y a como de lugar-
algún nuevo experimento de planeta
Marte (dios del conflicto y la guerra).
Pero del mismo vientre patrio surgen -cuando
menos se espera- conductores natos, con
una gran visión y carácter,
que como intelectuales avizoran el horizonte
y dan el combustible de ideas para mejores
tiempos, tarea ciclópea propia
de conductores y políticos. Aunque
se da también el caso de juntarse
las dos vocaciones u oficios en un mismo
personaje, como conjunción favorable
de astros.
Tal el fenómeno reciente del dramaturgo
Vaclav Havel, en la hasta hace poco Checoeslovaquia
(hoy República Checa y Eslovenia).
Por años, este gran intelectual
representó para la inmensa mayoría
de dicho país la moral de todo
un pueblo. Fue confinado y puesto en prisión
en 1968 -así como Alexander Dübcek
quien inició desde el poder la
llamada "Primavera de Praga"-
en un intento de darle un "rostro
humano" al Comunismo entonces vigente.
Desviacionismo de la ortodoxia comunista
que fue ferozmente aplastado por los tanques
rusos, hecho que dio lugar a protestas
en todo el mundo libre y a análisis
como el muy valioso de Teodoro Petkoff
(que justificó la aparición
del MAS -Movimiento al Socialismo- en
Venezuela). En los últimos días
de diciembre 1989, Havel (en sus 53 años)
es sacado del ostracismo y llevado al
cargo de Presidente de la nueva Checoslovaquia,
oficio que desempeñó con
altura, acierto y dinamismo, hasta que
se lo permitió el cáncer
que lo afectaba. De él ha escrito
Milan Kundera: "La vida de Vaclav
Havel se parece realmente a una obra de
arte". En España hombres como
Ortega y Gasset (un ejemplo no más)
son todavía estrellas rutilantes.
Entre nosotros, un intelectual como Arturo
Uslar Pietri -escritor, novelista, educador
y comunicador- ejerció con brillantez,
genio y perseverancia hasta su muerte-
el papel hoy añorado de "conciencia
moral de Venezuela".
Moraleja
Mientras contemos con esta clase de
hombres y mujeres -que los hay- no tenemos
por qué ser pesimistas incorregibles
ni perder las esperanzas. El Señor
de las Naciones sigue suscitando personas
comprometidas a quienes encargar -como
a Jeremías- acelerar la historia,
"arrancando y derribando, edificando
y plantando" (Jeremias 1, 4-10).
09-12-09