Y
toda sociedad humana constituye una galaxia,
un abigarrado y complejo universo de 'personas'
(caracteres), que magistralmente hace
desfilar el ruso Fedor Dostoievski a través
de los múltiples personajes de
sus obras. A su modo y en un intento de
síntesis, el Dante Alighieri los
distribuye simbólicamente en tres
grandes espacios o categorías:
Infierno, Purgatorio, Paraíso.
Esta abigarrada condición humana
ha llevado (en todas las épocas
y latitudes) a que los grupos humanos
encubran, disimulen su propia identidad
-aunque sea temporalmente- y adopten otra
diferente que puede ser prestada al mundo
de lo animal o grotesco, de lo tórrido
o mórbido, de lo diabólico
o lo angelical.
Es
el recurso, tan popular y fiestero (para
chicos y grandes), de la careta, el disfraz,
la suplantación de personaje. Que
cuando es en grupo, da lugar a las fiestas
de disfraz (o al menos de antifaz), a
la parade, a los carnavales, al desfile
vistoso y bullanguero en Río de
Janeiro al ritmo de samba. "Máscara"
es, pues, la careta con que una persona
puede taparse para no ser reconocida.
Y "mascarada" es la comparsa
de personas cubiertas de máscaras
o disfrazadas.
La gran mascarada del Socialismo
Así tituló uno de sus últimos
libros el gran intelectual, escritor y
polemista francés, Jean-François
Revel (La gran parade, Paris
Plon 2000; traducido al español
La gran mascarada. Ensayo sobre la
supervivencia de la utopía socialista,
Madrid Taurus 2000). Socialista en su
primera juventud, ateo y anticlerical,
enemigo de los dogmatismos, Revel fue
un crítico ácido de los
"ismos" del siglo XX. Murió
en París, a los 82 años,
en abril pasado. Reconoce, al inicio de
nuestro nuevo siglo, que hay el intento
de hacer sobrevivir la trágica
experiencia de lo que fue el "socialismo
real". Algo que también
Ramón Piñango expresa en
reciente y valiente artículo ("¿Quién
le teme al socialismo?", El Nacional
11 enero 2007, A-8): "el socialismo,
al igual que la religión y el desarrollo
económico, ha sido utilizado muchas
veces para enmascarar proyectos totalitarios".
En la faja o aleta de dicho libro, en
la edición española, se
dice: "¿Por qué se
perdonan más fácilmente
los crímenes del comunismo que
los del nazismo? ¿Es que los hechos
no han dado suficiente respuesta? ¿Quién
puede estar interesado en ocultar la verdad?
¿Por qué?". ¿Quiénes
son esos nuevos ideólogos, interesados
en mantener y vender la mentira, en hacer
creer en la otra identidad del socialismo
¨real¨, atribuyendo sus crímenes
y errores a los camaradas dirigentes de
turno, en vez de hundir el escalpelo en
las profundas capas estructurales de la
propia ideología?. "La izquierda
acepta reconocer, al menos parcialmente,
la verdadera historia del comunismo, pero
amputándole su sentido" -escribe
J.F. Revel-, es decir, enmascarándolo.
Sencillamente se está camuflando
la realidad del socialismo comunista y
presentándolo, de nuevo, como el
gran remedio para los males del capitalismo,
del neoliberalismo, de la globalización
(especialmente en Latinoamérica),
con la máscara filantrópica
y atractiva de los grandes valores de
Justicia, Igualdad y Libertad -de la utopía
socialista- que todos anhelamos.
Moraleja
El
libro de J.F. Revel adquiere una solidez
de difícil refutación en
nuestra actual coyuntura y en el centro
del escenario azufrado, donde es de rigor
la nueva máscara latinoamericana
de otro "Eje del Mal".
08-12-09