Globalización ¿Davos o Porto Alegre? (Editorial 14)
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Globalización ¿Davos o Porto Alegre?  

El mundo está globalizado y esto no tiene reversa. Es un hecho rutinario en nuestras vidas diarias, que percibimos a través del comercio, los viajes, las finanzas, la comunicación y la cultura. Cada día estamos más y mejor intercomunicados a través de la televisión, los celulares, la internet.

Y esto en general lo agradecemos, porque consideramos que eleva nuestra calidad de vida. Pero a la globalización, sobre todo económica, se le siguen achacando los grandes males de la injusta distribución de bienes en el mundo. Y por ello, hay protestas antiglobalizantes –que también están ya globalizadas- que se ponen cita para vociferar frente a las sedes donde se reúnen los magnates y directores financieros del mundo. Así ocurre en Davos (Suiza) cada enero.

Y frente al Foro Económico del Mundo se ha llevado a cabo simultáneamente desde 2001 en Porto Alegre (Brasil), el Foro Social del Mundo. Un próximo año ya no será en Porto Alegre sino en otra ciudad tercermundista, tal vez Caracas.

 

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La doble cara de la globalización

Es equivocada la posición, además de poco razonable y moderna, la de quienes juzgan a la globalización como una catástrofe o el eje del mal para nuestro siglo. No sólo le debemos mucho en comunicaciones y cultura, sino que hace cada día a la humanidad grandes aportes económicos y tecnológicos. No podemos escupir hacia arriba contra el aire que respiramos. Pero es verdad que no podemos quedarnos callados cuando nos contaminan el aire o el agua. Porque es también necio e ingenuo pensar que la globalización pueda ser la panacea, es decir, el remedio universal para los males del mundo. Ella está creando realidades permanentes y posibilidades transitorias. Muchas de sus consecuencias todavía no las vemos. Y los males que genera por todo el mundo se deben no tanto a la misma globalización y mundialización cuanto al mecanismo nefasto que el libre mercado ha introducido con su variable de injusta distribución. El mercado, dejado a su propia dinámica y a sus propias leyes, no es ni puede ser un justo y equitativo distribuidor de riqueza. La injusta distribución es la que está haciendo que la globalización no represente un progreso para todos los países y para todos los sectores de un mismo país. Los avances de la globalización siguen siendo privilegios de los países industrializados y de pequeños segmentos también privilegiados de un país como el nuestro. Pero la disyuntiva no puede ser: “o Davos o Porto Alegre”, y mucho menos: “o colesterol o hambre”. Es desacertada y simplista la crítica que acaba de hacer el columnista Carlos Alberto Montaner al presidente Lula da Silva porque éste, con su programa de gobierno “cero hambre”, estaría solamente haciendo demagogia al ofrecer a sus pobres (por cierto más robustos y fuertes que los de otros países) instalarles en sus arterias montañas de colesterol.

Davos

El Foro Económico Mundial, en Davos, en su edición de 2005 (25-30 enero), además de ahondar en sus acostumbrados temas económicos, fue receptivo a las voces que desde el otro mundo, el del subdesarrollo, se levantaron unánimes. Las dos estrellas del evento, China y Brasil, reclamaron a los magnates más participación efectiva en la guerra mundial contra el hambre. “El hambre es un problema de los que están comiendo”, fue una de las frases de Lula. “Su lucha ha sido escuchada”, respondió a Lula ese mismo día el fundador del Foro, Klaus Schab. Tanto el Secretario general de la ONU, Kofi Annan, como el director del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, James Morris, pidieron al sector privado que ayude a paliar el problema del hambre en muchas regiones del mundo. En un significativo gesto, el magnate de la informática Bill Gates ofreció mil millones de dólares al Programa de la ONU para el Desarrollo. Y estrellas y divas presentes en el auditorio recogieron en una sóla jornada un millón de dólares como inicio de la campaña. Davos recogió, pues, el mensaje de que la lucha contra la pobreza servirá para eliminar el extremismo del terrorismo y alentar un crecimiento económico a largo plazo. La conciencia de la lucha contra la pobreza extrema va calando entre quienes detentan la riqueza. Pero ahora hay que diseñarla y financiarla efectivamente.
En el Foro se barajaron varias iniciativas. Los países ricos se comprometieron de nuevo a dar en ayuda al desarrollo un 0.7% de su PIB (Producto Interno Bruto). Algo a lo que se habían comprometido ya en 1970, luégo en 1992 y de nuevo en 2002, sin que los resultados sean espectaculares. Solamente 5 países desarrollados cumplen con dicho compromiso.

Porto Alegre

La mayoría de las supermodelos brasileñas de fama internacional proceden del Estado de Porto Alegre. El galardonado como mejor futbolista del mundo en el 2004, Ronaldinho, nació y se crió aquí. Pero la capital del Estado es famosa sobre todo por algo tan técnico como el llamado “presupuesto participativo”. Su Ayuntamiento, gobernado desde 1989 por el PT (Partido de los Trabajadores, fundado por Lula da Silva) tuvo la feliz idea de que el pueblo soberano decidiera dónde y cómo se invertía el dinero del presupuesto. Qué calles había que asfaltar y dónde se abría un centro de salud. Así se ha venido haciendo con éxito desde hace 16 años, aunque la participación real no ha superado el 10% de los vecinos proactivos. Pero el modelo se ha venido aplicando en otras 140 ciudades brasileñas.

Porto Alegre es la ciudad ‘estrella’ del Partido de los Trabajadores, fundado hace 25 años por quien fuera el séptimo hijo de un granjero pobre, limpiabotas en Pernambuco y obrero metalúrgico en Sao Paulo, hoy presidente de Brasil. Pero éste es un gigantesco país con 50 millones de seres humanos que padecen hambre. Porto Alegre es también el espejo donde las izquierdas del mundo se han venido mirando. Porque desde 1989 cuando el PT de Lula ganó la alcaldía, la ciudad y el entorno han cambiado mucho en buen sentido. De 29 escuelas entonces ahora hay 92. Sólo existían 12 centros de salud y ahora suman 104. Los autobuses eran estercoleros públicos con ruedas. Ahora, la empresa que los gestiona ha recibido el premio al mejor transporte público en el país. El ‘presupuesto participativo’ ha sido eficiente para el crecimiento y mejor distribución de bienes y productos. Ello no ha impedido que en las elecciones pasadas de hace 2 meses, el PT haya perdido la Municipalidad frente a una coalición del PPS (Partido Popular Socialista de José Fogaça, centro izquierdista) y derechas. La coalición hizo una inteligente campaña (“vamos a mantener lo que está bien y a cambiar lo que está mal”); presentó propuestas claras en temas de salud; y arremetió contra dos puntos flacos del PT (la corrupción administrativa y la arrogancia intolerable de los dirigentes que se perpetúan en el poder).

Lula da Silva

Es Davos y es Porto Alegre, a la vez. Ahí está su secreto. Y ahí está el modelo para una nueva izquierda realista, viable y promisoria para nuestros países de América Latina. Lula fue cordial y masivamente acogido en Porto Alegre en el Foro Mundial Social con su lema: “otro mundo es posible”. Y presidió un acto en el estadio de Gigantiho, plenado por camisetas rojas con el lema “Lula 100%”, sin que tuvieran eco las voces de “traidor, traidor” proferidas por 60 disidentes del PT, que Genoio catalogó como gente de la ultra izquierda, demasiado cuadriculada, que no tiene paciencia. Al día siguiente el presidente Lula llevó su mismo mensaje al Foro Mundial de Davos, con gran acogida mundial. “Cuando vine aquí hace dos años había una mezcla de temor e incertidumbre por lo que iba a hacer un sindicalista al frente de un país como Brasil. Hoy vuelvo para decirles que Brasil está haciendo lo suyo: estabilidad y crecimiento”.

06-12-09