La
doble cara de la globalización
Es
equivocada la posición, además
de poco razonable y moderna, la de quienes
juzgan a la globalización como
una catástrofe o el eje del mal
para nuestro siglo. No sólo le
debemos mucho en comunicaciones y cultura,
sino que hace cada día a la humanidad
grandes aportes económicos y tecnológicos.
No podemos escupir hacia arriba contra
el aire que respiramos. Pero es verdad
que no podemos quedarnos callados cuando
nos contaminan el aire o el agua. Porque
es también necio e ingenuo pensar
que la globalización pueda ser
la panacea, es decir, el remedio universal
para los males del mundo. Ella está
creando realidades permanentes y posibilidades
transitorias. Muchas de sus consecuencias
todavía no las vemos. Y los males
que genera por todo el mundo se deben
no tanto a la misma globalización
y mundialización cuanto al mecanismo
nefasto que el libre mercado ha introducido
con su variable de injusta distribución.
El mercado, dejado a su propia dinámica
y a sus propias leyes, no es ni puede
ser un justo y equitativo distribuidor
de riqueza. La injusta distribución
es la que está haciendo que la
globalización no represente un
progreso para todos los países
y para todos los sectores de un mismo
país. Los avances de la globalización
siguen siendo privilegios de los países
industrializados y de pequeños
segmentos también privilegiados
de un país como el nuestro. Pero
la disyuntiva no puede ser: “o
Davos o Porto Alegre”, y mucho
menos: “o colesterol o hambre”.
Es desacertada y simplista la crítica
que acaba de hacer el columnista Carlos
Alberto Montaner al presidente Lula da
Silva porque éste, con su programa
de gobierno “cero hambre”,
estaría solamente haciendo demagogia
al ofrecer a sus pobres (por cierto más
robustos y fuertes que los de otros países)
instalarles en sus arterias montañas
de colesterol.
Davos
El
Foro Económico Mundial, en Davos,
en su edición de 2005 (25-30 enero),
además de ahondar en sus acostumbrados
temas económicos, fue receptivo
a las voces que desde el otro mundo, el
del subdesarrollo, se levantaron unánimes.
Las dos estrellas del evento, China y
Brasil, reclamaron a los magnates más
participación efectiva en la guerra
mundial contra el hambre. “El hambre
es un problema de los que están
comiendo”, fue una de las frases
de Lula. “Su lucha ha sido escuchada”,
respondió a Lula ese mismo día
el fundador del Foro, Klaus Schab. Tanto
el Secretario general de la ONU, Kofi
Annan, como el director del Programa Mundial
de Alimentos de la ONU, James Morris,
pidieron al sector privado que ayude a
paliar el problema del hambre en muchas
regiones del mundo. En un significativo
gesto, el magnate de la informática
Bill Gates ofreció mil millones
de dólares al Programa de la ONU
para el Desarrollo. Y estrellas y divas
presentes en el auditorio recogieron en
una sóla jornada un millón
de dólares como inicio de la campaña.
Davos recogió, pues, el mensaje
de que la lucha contra la pobreza servirá
para eliminar el extremismo del terrorismo
y alentar un crecimiento económico
a largo plazo. La conciencia de la lucha
contra la pobreza extrema va calando entre
quienes detentan la riqueza. Pero ahora
hay que diseñarla y financiarla
efectivamente.
En el Foro se barajaron varias iniciativas.
Los países ricos se comprometieron
de nuevo a dar en ayuda al desarrollo
un 0.7% de su PIB (Producto Interno Bruto).
Algo a lo que se habían comprometido
ya en 1970, luégo en 1992 y de
nuevo en 2002, sin que los resultados
sean espectaculares. Solamente 5 países
desarrollados cumplen con dicho compromiso.
Porto
Alegre
La
mayoría de las supermodelos brasileñas
de fama internacional proceden del Estado
de Porto Alegre. El galardonado como mejor
futbolista del mundo en el 2004, Ronaldinho,
nació y se crió aquí.
Pero la capital del Estado es famosa sobre
todo por algo tan técnico como
el llamado “presupuesto participativo”.
Su Ayuntamiento, gobernado desde 1989
por el PT (Partido de los Trabajadores,
fundado por Lula da Silva) tuvo la feliz
idea de que el pueblo soberano decidiera
dónde y cómo se invertía
el dinero del presupuesto. Qué
calles había que asfaltar y dónde
se abría un centro de salud. Así
se ha venido haciendo con éxito
desde hace 16 años, aunque la participación
real no ha superado el 10% de los vecinos
proactivos. Pero el modelo se ha venido
aplicando en otras 140 ciudades brasileñas.
Porto
Alegre es la ciudad ‘estrella’
del Partido de los Trabajadores, fundado
hace 25 años por quien fuera el
séptimo hijo de un granjero pobre,
limpiabotas en Pernambuco y obrero metalúrgico
en Sao Paulo, hoy presidente de Brasil.
Pero éste es un gigantesco país
con 50 millones de seres humanos que padecen
hambre. Porto Alegre es también
el espejo donde las izquierdas del mundo
se han venido mirando. Porque desde 1989
cuando el PT de Lula ganó la alcaldía,
la ciudad y el entorno han cambiado mucho
en buen sentido. De 29 escuelas entonces
ahora hay 92. Sólo existían
12 centros de salud y ahora suman 104.
Los autobuses eran estercoleros públicos
con ruedas. Ahora, la empresa que los
gestiona ha recibido el premio al mejor
transporte público en el país.
El ‘presupuesto participativo’
ha sido eficiente para el crecimiento
y mejor distribución de bienes
y productos. Ello no ha impedido que en
las elecciones pasadas de hace 2 meses,
el PT haya perdido la Municipalidad frente
a una coalición del PPS (Partido
Popular Socialista de José Fogaça,
centro izquierdista) y derechas. La coalición
hizo una inteligente campaña (“vamos
a mantener lo que está bien y a
cambiar lo que está mal”);
presentó propuestas claras en temas
de salud; y arremetió contra dos
puntos flacos del PT (la corrupción
administrativa y la arrogancia intolerable
de los dirigentes que se perpetúan
en el poder).
Lula
da Silva
Es
Davos y es Porto Alegre, a la vez.
Ahí está su secreto. Y ahí
está el modelo para una nueva izquierda
realista, viable y promisoria para nuestros
países de América Latina.
Lula fue cordial y masivamente acogido
en Porto Alegre en el Foro Mundial Social
con su lema: “otro mundo es
posible”. Y presidió
un acto en el estadio de Gigantiho, plenado
por camisetas rojas con el lema “Lula
100%”, sin que tuvieran eco
las voces de “traidor, traidor”
proferidas por 60 disidentes del PT, que
Genoio catalogó como gente de la
ultra izquierda, demasiado cuadriculada,
que no tiene paciencia. Al día
siguiente el presidente Lula llevó
su mismo mensaje al Foro Mundial de Davos,
con gran acogida mundial. “Cuando
vine aquí hace dos años
había una mezcla de temor e incertidumbre
por lo que iba a hacer un sindicalista
al frente de un país como Brasil.
Hoy vuelvo para decirles que Brasil está
haciendo lo suyo: estabilidad y crecimiento”.
06-12-09