¿A
QUIÉN APROVECHA EL CRIMEN? es el
título llamativo que el equipo de
"Maniére de voir" en asocio
con Le Monde Diplomatique de París
ha puesto a su reciente libro monográfico
No. 130 (août-septembre 2013) contentivo
de 22 artículos distribuidos en tres
capítulos: i) tráfico de todas
clases, ii) los buenos, los brutos y los
truanes, iii) los paraísos asfaltados
de malas intenciones. El espinoso tema preocupa
hoy, con razón, tanto a países
grandes como a pequeños, a países
ricos como a los que apenas tienen con qué
subsistir. El coordinador de dicha publicación
es Maurice Lemoine, quien en apropiada Introducción
("En bandes organisées")
apunta a la actualidad y extensión
del fenómeno, señala los pocos
países que intentan aparentemente
hacer algo contra el crimen que corrompe
-con pocos resultados- frente a bandas muy
ricas y sofisticadas que logran el apoyo
de "idiotas útiles", mientras
existen regímenes que los acogen
como verdaderos "paraísos"
con sus inversiones y actividades. Mi intención
-con la debida y explícita referencia
a la fuente que estoy utilizando- es facilitar
el acceso y difusión de tan excelente
material a mis habituales lectores de habla
española residentes en varios países
a quienes no les llega directamente la edición
en francés.
Tráfico de todo tipo
El blanqueo de dineros provenientes de dudosos
orígenes abarca todas las formas
imaginables de diferente género y
clase, y cada día recurre a nuevos
trucos más sofisticados y desapercibidos.
Principalmente se trata del tráfico
de drogas y estupefacientes, de mercados
de personas (mujeres, menores de edad, lisiados,
desplazados), de mercados de objetos de
arte, de medicinas, de armas, de cigarrillos,
de animales, de metales, de víctimas
de la violencia, de especulaciones financieras.
En el libro se alude a la mafia de habla
albana, a los oligarcas rusos, a las tríadas
chinas, a los padrinos calabreses o sicilianos,
a los piratas del mar. Y se ventilan casos
de grandes fortunas teñidas con color
de sangre (a manos de las guerrillas colombianas)
o por una industria de explotación
de inmigrantes (mafia calabresa). Se pregunta
expresamente en varios artículos:
¿de dónde proviene el dinero
de los talibanes?, ¿por qué
la desilusión respecto de los jueces
italianos? ¿Más que culpables
no son víctimas los campesinos cultivadores
de coca? Un artículo de retrospectiva
se refiere a los bellos días de la
corrupción a la francesa; y otro
con cierta ironía pondera las muchas
vidas del secreto bancario suizo. A lo largo
del libro hay acertados y novedosos perfiles
de capos -unos conocidos otros no tanto-
como Pablo Escobar, Al Capone, Vícktor
Bout, Bernard Madoff, Miche Sindona.
Buenos, idiotas útiles y
criminales
Organizaciones fuera de la Ley existían
ya en la Antiguedad, en la Edad Media, durante
el Antiguo Régimen y en decenios
pasados. Pero desde finales del siglo XX
-debido a varios factores de pérdida
de soberanía en algunos Estados y
en otros el que se volvieron deletéreos
y permeables por la globalización
liberal- se ha permitido a los capitales
circular sin freno de un extremo a otro
del planeta. Lo que ha llevado a una explosión
del mercado de las finanzas, con su secuela
no sólo de avivatos de varias especies
sino de grandes truanes de todo tipo y género.
Jacques de Saint Victor (citado por Lemoine)
en su ensayo Un poder invisible (Gallimard,
Paris 2012), ofrece un sucinto recorrido
sobre las mafias y la sociedad democrática,
siglos XIX-XXI. que puede ser interesante
e ilustrativo sobre el tema.
Es aterradora la amplitud de los beneficios
obtenidos por las actividades ilícitas.
Lo demuestra la Oficina de las Naciones
Unidas contra la Droga y el Crimen (ONUDC)
en su estimación de Viena 2012. Sin
incluir a la evasión fiscal, la cifra
alcanza la suma de 2.100 billones de dólares
en 2009. Es decir, el equivalente a todo
el PIB (Producto Interno Bruto) de Italia.
Y tratándose de la droga, no se averigua
sobre las motivaciones de la toxicomanía
ni sobre las voces (cada vez más
numerosas) que en vista del fracaso de una
guerra prohibitiva que no termina, se inclinan
por pedir una política de despenalización.
Como muchos otros comercios, éste
<negocio> tiene sus señores
que son sus dueños y administradores,
quienes se aprovechan de él y lo
sostienen sin importarles las víctimas.
Y más allá, hay lógicas
económicas que empujan hacia el crimen.
Si no fuera por la miseria insondable que
los aqueja, podría pensarse que los
campesinos de ciertas regiones de Asia y
de América Latina (piénsese
en Bolivia) no se obstinarían en
seguir plantando en su territorio cultivos
ilícitos.
A este respecto, el coordinador del libro
no puede menos de condenar los dobles discursos
de potencias occidentales que nos dan mal
ejemplo. EUA, durante la guerra de Vietnam
-para mantener los apoyos anticomunistas
y como arma estratégica- favoreció
la producción del opio en los campos
del Triángulo de oro y su comercialización
a través de aviones de Air America
fletados por la Agencia Central de Inteligencia
(CIA). Y advierte con perspicacia: "Si
los llamados Estados <occidentales>
denuncian altivamente la corrupción
y el lavado de dinero para estrecharle el
píloro a un gobierno que les disgusta,
siguen portándose muy discretos cuando
se trata de un poder amigo o de un país
que les asegura su aprovisionamiento energético".
Todo ello ha llevado a que pululen grupos
negociantes que no se consideran ya que
actúan al margen de un sistema que
parecía honesto, sino que son ahora
su centro hipócritamente amoral.
Paraísos de malas intenciones
En un ensayo-folleto (que también
cita Lemoine) los autores M. Koutozis y
Pascale Pérez (Crimen, tráfico
y redes. Geopolítica de la economía
paralela, original francés, Ellipse,
Paris mayo 2012) denuncian la industria
sombría que se encubre tras el buen
nombre de bancos de fama mundial, eludiendo
la mirada pública sobre los nombres
de quienes se lucran con el crimen. Dicen
textualmente: "Desde el Banco de Panamá
hasta el Banco de Crédito y Comercio
Internacional (BBCI), desde el Banco de
Mónaco hasta el JP Morgan Chase,
desde el Banco de New York hasta el Citibank,
desde los Lehman Brothers hasta el Credit
Lyonnais, desde el Royal Bank of Scotland
hasta la Merryl Lynch (y la lista es mucho
más larga), no hay una sola institución
financiera que no haya estado implicada
en <historias> de blanqueo de dinero
proveniente de tráficos ilícitos,
de cajas negras, de servicios secretos,
de operaciones fraudulentas o de 'pots-de-vin'
engañosos".
Corrupción, cáncer de la democracia
y del socialismo
Esta hidra de muchas cabezas que parece
nos está engullendo a quienes vivimos
como conciudadanos en el rico Estado petrolero
de Venezuela, merece todos nuestros esfuerzos
reunidos (individuales y colectivos, privados
y oficiales) para superarla. La corrupción
-aquí y en todas partes- es un fenómeno
opuesto al interés público
y al bienestar común. Viola el ordenamiento
jurídico y atenta contra los valores
fundamentales de la sociedad. Acentúa
las desigualdades sociales, cuando se habla
tanto de equidad e igualdad.. La corrupción
se traduce en desperdicio de capitales que
no se invierten en actividades productivas
que incidan en el buen desarrollo para todos.
Pues los recursos estatales no se asignan
para responder a las necesidades reales
de la comunidad, sino para atender intereses
particulares, grupales o de su partido político.
La corrupción reduce la eficiencia
de la Administración pública,
que se ve afectada por un notable desestímulo
al trabajo honesto, y obstaculiza la prestación
de los servicios públicos, a la vez
que eleva sus costos. Los actos corruptos
aumentan el gasto público y reducen
los ingresos del Estado nacional y de los
Estados regionales, con efectos colaterales
como la inflación y otras distorsiones
económicas. Con ello, la corrupción
(quiérase o nó) deslegitima
en la población las instituciones
públicas que se precian de democráticas
y socialistas. Y alienta, así, contra
ellas la lucha de los grupos y parte de
la sociedad que anhelan su derrocamiento.
El costo social de la corrupción
para cualquier régimen político
es muy alto. Los expertos norteamericanos
William Andrev Johnston y Jack Blum -el
uno Director del Departamento de Ciencia
Política de la Universidad de Colgate
en Nev York y el otro ex-investigador de
la Comisión del Senado de los Estados
Unidos- señalan algunos de los costos
sociales y políticos (casi intangibles
pero no menos importantes que los económicos)
que conlleva la corrupción. La gente
espera que su gobierno trabaje por el bien
de la comunidad y no solo para <los suyos>.
Cuando trabaja en beneficio de unos pocos
privilegiados, se reduce su credibilidad
y alienta su desprestigio. Es inútil
tener una Policía o una Guardia nacional
que reprima la corrupción cuando
la sociedad no cree en las leyes ni en sus
jueces y hace lo que le parece. Si el único
objetivo que se le fija a una sociedad es
acumular riqueza, o disfrutar despreocupadamente
de la riqueza acumulada por un Estado rico
petrolero, cualquier programa contra la
corrupción esta condenado a fracasar.
Ya lo advertía 20 años atrás,
en Venezuela, Arturo Uslar Pietri. Y hoy
los indicios son más acusadores cuando
ha entrado en juego también la afiliación
a un fuerte color político. Estas
sus palabras: «Nadie duda de que existe
la corrupción, pero no tenemos el
valor de sancionarla. Y no tenemos el valor
porque todos tenemos parte en esa tolerancia.
A la hora en que se va a sancionar a alguien,
se mueven todos los amigos, todos los compadres,
somos una sociedad de compadres. Todo el
mundo se mueve para ver cómo se salva
al amigo que está en aprieto, sin
darse cuenta que está creando una
situación de impunidad generalizada
en el país, en que solamente algún
pobre diablo que no tiene doliente sufre
la pena de la ley, pero fuera de eso más
nadie».
El actual gobierno del presidente Maduro
acaba de lanzar una grandilocuente campaña
contra la corrupción que resulta
tardía y poco convincente, pues en
lugar de enfocarla hacia la denuncia, investigación
y judicialización de los grandes
actores que desde hace 14 años siguen
bien "instalados" en los puestos-clave
y entorno cívico-militar que maneja
todo el poder hegemónico y gigantescos
recursos del Estado venezolano, la está
emprendiendo por simple estrategia política
contra influyentes líderes de la
Oposición democrática que
no han tenido que ver con el despilfarro
y compra de conciencias.
Cambio de piel
La situación es tremendamente compleja
y no hay soluciones fáciles ni inmediatas.
No hay en el horizonte modelos sociales,
sino sujetos sociales que podemos 'conspirar'
juntos hacia caminos de solución.
Muchas veces nuestra contribución
se limita a ayudar a plantear bien los problemas.
Pero hay que saberlos plantear; tratar de
explicarlos; hacer
juicios sobre las distintas alternativas
posibles. Y finalmente hay que tomar decisiones.
Pero una cosa está clara y va haciendo
camino en la opinión nacional. Cualquier
alternativa seria de solución tiene
que pasar por lo que podría llamarse
rearme moral o revolución de la honestidad.
Hay que superar la valoración fácil
del dinero, de la insolidariedad, de la
sociedad cuantitativa. Venezuela tiene derecho
a otra alternativa para que la calidad de
la gente y de las cosas sea más respetable.
Así lo expresan personas que han
venido siguiendo con atención la
evolución
de nuestra sociedad y tienen autoridad moral
para decirlo. Arturo Uslar Pietri, quien
fue conciencia moral del país por
muchos años, definió como
un Cambio de piel la que a su autorizado
juicio es la mayor necesidad que tiene el
país (El Nacional Caracas, 4 junio
1995, p. A4):
"Ha
habido circunstancias históricas
que han hecho que determinados países
se vean obligados a emprender grandes transformaciones
en su conducta, en sus objetivos, y hasta
en su mentalidad colectiva [..] Es casi
como el efecto de un cambio de clima, cambio
de conducta y de mentalidad, que llega a
conformar una personalidad colectiva, nueva
y distinta [..] La primera obligación
del Estado consistiría en revelarle
al país la verdadera magnitud de
la crisis, con todas sus implicaciones,
para invitarlo a participar concientemente
en un plan certero y válido de recuperación
nacional. Es una magna crisis que implica
un magno desafío para la sociedad
entera, que no puede ser afrontado sino
como una magna empresa nacional comprendida,
aceptada y realizada por la nación
entera [..]. No es temeraria la afirmación
de que el exceso de dinero le ha hecho daño
a Venezuela [..] nuestro país no
tiene la fuerza orgánica para crear
una disciplina de la riqueza y sostener
la conducta razonable dentro de la abundancia
[..] Es la psicología de un país
petrolero resuelto a expresarse y a resolverse
en términos de dinero y de abundancia
[..] Nos hemos dejado arrastrar por las
cantidades [..] Es el culto a lo cuantitativo
y el desprecio por lo cualitativo [..] La
distribución del dinero en Venezuela
es además paternalista [..] La sociedad
del dinero es cuantitativa. Y Venezuela
tiene derecho a otra alternativa para que
la calidad de la gente y de las cosas sea
más respetable".
Conclusión
"Vivimos una paradoja actualmente.
Nunca en la historia de las organizaciones
internacionales se habían tenido
tantas normas legales contra el crimen organizado
como ahora, y sin embargo la economía
criminal nunca había sido tan próspera"(Christophe
Champin).
Sin embargo bien advierte Saint Simon, al
final de su recorrido que "el fenómeno
mafioso no es consustancial a la democracia
y tampoco al capitalismo. Pero es el que
mejor está sacando provecho de las
insuficiencias de la democracia y del capitalismo".
18-08-13
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